lunes, 28 de octubre de 2002

Singapore Dance Theatre: Del Cervantino Al Auditorio

Foto: Colección Auditorio Nacional

28 de octubre, 2002 / Función única / 3 499 asistentes / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: Emma Mosqueira 


Karla Otero
Con el ánimo de alcanzar un mayor público que compartiera la calidad de los espectáculos traídos de Guanajuato, el Auditorio Nacional y el Festival Internacional Cervantino se unieron para presentar al público capitalino un ejemplo de lo mejor de la danza de oriente, encarnado en el Singapore Dance Theatre. Esta compañía es la mejor de su país y, aunque no ha pasado mucho tiempo desde su fundación –para la danza 14 años son poco- ya es toda una institución comprometida con la promoción de este arte en Asia, sobre todo entre los jóvenes. Además de obras clásicas, difunde el trabajo de coreógrafos contemporáneos de ese continente, Europa y América, con sorprendentes resultados. En esta ocasión, la agrupación nos ofreció tres brillantes obras de sus mejores creadores: Goh Choo San, de Singapur; Thierry Mandalain, de Francia, y Boi G. Sakti, de Indonesia. 

Las luces se apagan puntualmente y el foro se inunda de un hermoso color azul en cuya tranquilidad vuelan cuerpos que visten entallados trajes magentas con amarillos vivos y blanco, como si fuesen las escamas de un pez mágico o los hermosos plumajes de un ave mitológica. Como si escribieran un hai ku en el aire, dan muestra de la belleza de la simplicidad, en una mezcla de danza contemporánea y misticismo de las tradiciones de Indonesia. Se trata de Birds of Paradise: los bailarines son como aves encerradas en el gran escenario convertido en jaula. Al ritmo del arpa, los cuerpos parecen transformarse; la línea que divide los opuestos, masculino y femenino, se borra de pronto y sólo queda el cuerpo y su sombra como instrumento de expresión. El argumento de la puesta no es lineal, al respecto, Goh Choo San comenta: “no creo en las sinopsis para mis ballets, es demasiado fácil para el público”. Este primer acto, aunque de gran belleza, no hace más que preparar al espectador para lo que vendrá. 
Transcurrido el primer intermedio, los bailarines reaparecen para interpretar Sextet y con ello dejar claro que el uso de elementos simples, como lo es un juego de barras para entrenamiento y unas cuantas luces que simulan un salón de ensayos, logran impactantes resultados cuando el trabajo está cimentado en creatividad y conocimiento estético. Las combinaciones lumínicas de tonos sutiles sobre un fondo liso, contrastan con la fuerza de los cuerpos en extremo flexibles y sólidos. El vestuario es igualmente minimalista: mayas ajustadas y leotardos cuya discreción deja aflorar la belleza de las figuras semidesnudas. La música es el telón de fondo perfecto: un piano y algunas percusiones. Esta obra, del francés Thierry Malandain, muestra su reflexión personal acerca de los problemas a los que se enfrentan quienes deciden dedicar su vida a la danza. Con veloces movimientos que van de lo violento a lo sutil y lo casi imperceptible, los bailarines muestran ambos lados de su profesión, el sacrificio y la recompensa tras un duro entrenamiento. 
Por último se interpreta The Lost Space, que por mucho es la puesta más impactante de la noche. Esta obra es un acercamiento crítico de la situación actual de los países asiáticos (y acaso también de Latinoamérica, que hermanada con Asia en la cuenca del Pacífico, comparte grandes similitudes). El coreógrafo Boi G. Sakti plasma en su trabajo la angustia que experimenta el hombre que abandona las comunidades rurales para migrar hacia las grandes ciudades en busca de una vida mejor. El resultado es sorprendente. La danza refleja la falta de espacio vital que padecemos día con día quienes habitamos en ellas y nos transmite ese sentimiento de desolación que no pocas veces experimentamos. En contraste, el vestuario está alejado de lo urbano: atuendos tribales y rostros maquillados en correspondencia con lo salvaje de los movimientos. De un lado a otro, recorren el escenario lamentándose, luego se recuestan, se unen y se separan mostrando el contraste entre la fuerza y la fragilidad que habita en el hombre. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Después de un par de intermedios y tres impresionantes coreografías, casi dos horas ha transcurrido. El público se levanta para aplaudir a una compañía que los admiradores de la danza contemporánea recordarán por mucho tiempo.

Programa
Birds of paradise 
Coreografía: Goh Choo San 
Escenografía: Janek Schergen 
Música: Alberto Ginastera 


Sextet 

Coreografía: Thierry Malandain 
Escenografía: Francoise Dubuc 
Música: Steve Reich 

The Lost Space 
Coreografía: Boi G. Sakti 
Asistente: Fitrik 
Música: Syahrial.
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