domingo, 6 de octubre de 2002

Lucero y Plácido Domingo: Un evento caritativo

Foto: Colección Auditorio Nacional

Noche de gala / 6 de octubre, 2002 / Función única / 8 098 Asistentes / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: En vivo S.A. de C.V. 

Patricio Ruffo Healy

Al despuntar la noche el Auditorio congrega a damas y caballeros ataviados con su mejor ropa casual dominguera; otros lucen atuendos de gala: abrigos de pieles, vestidos largos y rutilantes joyas. Todos, a disfrutar de este banquete de buena música popular que significa la presencia del gran tenor Plácido Domingo y Lucero, Novia de América, consumada intérprete de música vernácula y popular animadora en programas de beneficencia pública. 

Cuando el espectáculo va a comenzar, los asistentes se ponen de pie en una gran ovación, no para Plácido ni para Lucero, sino para los invitados de honor de la noche: Vicente Fox y Marta Sahagún de Fox, quienes caminan hasta sus lugares de primera fila, agradeciendo con ademanes los aplausos y las porras que la gente les brinda, pues este gran concierto es a beneficio de la fundación Vamos México que preside la primera dama. 
Como muestra de lo que vendrá, el director de orquesta inicia con el coro, un popurrí de música popular mexicana y española, que calienta la atmósfera y prepara el ingreso de las dos estrellas de la noche. Ambos salen al escenario entre estruendosos aplausos; Lucero, guapa como siempre, con un sobrio vestido en blanco y negro; Plácido, con elegante traje oscuro y camisa blanca. Tomados de la mano entonan las primeras estrofas: yo tengo unos ojos negros,/ quién me los quiere comprar... A través de ingeniosos arreglos, la orquesta nos lleva de verso en verso, alternando las voces de los astros que intentan poco la simultaneidad, sabiendo lo difícil que es empatar dos estilos tan diferentes. Pero salen airosos. El tenor expresa el placer que siente de cantar con ella, a quien admira como ser humano y artista. “No voy a poder salir por la puerta”, exclama Lucero, “lo dice una gran estrella como él. Es un gran caballero, y no son cebollazos”. Sorpresivamente, entona la balada pop “Ya no”, bien respaldada por los metales y las percusiones de una sinfónica convertida en Big Band, un tanto apartada del estilo mexicanista del concierto. 
Plácido logra enseguida darle otro tono a la noche con “Así”. Su milagrosa voz despierta el entusiasmo de los asistentes y deja a tono el ambiente para que vuelva una Lucero transformada en felina, con escotado vestido negro y la gracia de quien ha venido pisando tablas desde la infancia. La voz femenina se ve enriquecida con los pregones del gran tenor y el desempeño del trío Los Soberanos, que con filigranas guitarrísticas y polifónicos coros los acompaña en “Amor a Dios”. A ellos se suma la sinfónica para conducirnos por un viaje popular: “Te seguiré”, “Flor de azalea”, “Ya no me quieras tanto”, “Piel canela”. Los estupendos arreglos aprovechan todas las secciones de la orquesta; a veces las cuerdas sobresalen, otras las maderas y los metales. La sección de percusiones –incluye un baterista- imprime cadencioso ritmo a ese silabario de boleros y danzones como cierre a la primera mitad del concierto. 
Tras un breve intermedio, un entusiasta aplauso anuncia el ingreso del Mariachi Gamma Mil que se coloca a todo lo largo del foro. Cuando llega Plácido Domingo en traje negro de charro con charreteras de plata, la ovación es eufórica. Se ve feliz y dispuesto a ingresar al mundo musical enchilado y profundo del mariachi. Se dice que se necesita ser mexicano para interpretar versos como: Mujer abre tu ventana,/ para que escuches mi voz,/ te está cantando el que te ama,/ con el permiso de Dios... y Plácido lo es, en una parte esencial de su ser, como lo demuestra su sentida interpretación de virtuoso. 
En tanto Lucero, en elegante vestido negro de charra adornado con charreteras doradas, comprueba por qué han sido tan exitosas sus incursiones en la música ranchera, ofreciendo con sobriedad y cariño “El sinaloense” y “Mamá por Dios”. Logra que el público entero bata palmas y se ponga candente para recibir al gran tenor, quien más picoso aún, incursiona como si fuera guanajuatense en la sinceridad de José Alfredo Jiménez: Por el día en que llegaste a mi vida,/ paloma querida/ me puse a llorar... Le siguen “Qué voy a hacer”, “Un mundo raro”, “Ella”. Con el público contagiado de sentimiento, se va el mariachi y Lucero comenta: “De veras que estoy emocionada. Se sienten maripositas en el estómago”. Y así, con esos nervios que la impulsan a superarse al máximo, canta al lado del celebérrimo tenor varios boleros más. El respetable escucha fascinado, incluso Vicente Fox, cuyo rostro embebido en la música muestran las pantallas gigantes. 
Llega el momento en que los invitados de honor pasen al podio. Doña Marta toma la palabra y explica brevemente que los fondos están destinados para ayudar “a los más pobres de los pobres”. El mandatario y la primera dama abandonan el escenario entre porras y aplausos. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Los cantantes reanudan la noche mexicana con “Cuando se quiere de veras”, alternándose las estrofas. “De qué manera te olvido” es infalible: lleva al público a la apoteosis. Después, Lucero canta “Triste recuerdo”, una de las favoritas del respetable. Los asistentes saben que el concierto está próximo a terminar y Plácido no les ha cumplido una de las peticiones más recurridas durante la noche, “Granada” de Agustín Lara. El tenor lo sabe y hace sonar su portentosa voz con la composición de El Flaco de oro. Con la audiencia de pie, en estruendoso aplauso, le dice Lucero: “Ese es tu público”. No podía faltar, en dueto, una medular del repertorio ranchero: “No volveré” y los más de ocho mil asistentes se unen al himno, celebrando este peculiar encuentro de voces. 

Programa 
Yo vendo unos ojos negros / A la orilla de un río / Ya no / Así / Y volveré / Mía / Los dos / Flor de azalea / Noche plateada / Sabor a mí / Serenata tapatía / El sinaloense / Paloma querida / Mundo raro / Ella / Serenata huasteca / La negra noche / Si nos dejan / Volver, volver / Viva México / Quiéreme mucho / De qué manera te olvido / Tristes recuerdos / Granada / No volveré.
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