viernes, 20 de septiembre de 2002

Ricardo Montaner: Más romántico que lo normal

Foto: Colección Auditorio Nacional

Suma / 20 de septiembre, 2002 / Función única / 9 116 asistentes 
1:45 hrs. de duración / Promotor: Zarabanda Producciones S.A. de C.V. 

Patricia Ruvalcaba

“Esto es para románticos”, dice, muy segura de sí misma, Reyna Pozos, de 40 años, secretaria, fan de Ricardo Montaner y madre de Eunice, de 22 años, también fan de Ricardo Montaner. La noche es de aguacero y la ciudad se encuentra desquiciada. El coso de Reforma se llena lentamente de mujeres con los hombros salpicados de agua y maquillaje reblandecido, así como con parejas en fase de palomos. Como fondo musical, Montaner en anestésica versión para ascensor. Los tempraneros, impacientes, lanzan débiles tandas de silbidos que se apagan sin pena ni gloria. Reyna diagnostica: “Esto va a empezar hasta las nueve (el concierto estaba programado a las 20:30 horas); van a esperar a los rezagados”. Se encoge de hombros y se dedica a definir con sorprendente claridad a su ídolo: “Es un cantautor más romántico que lo normal. Y en las letras es muy idealista”. En las siguientes dos horas, ambas sentencias quedarán demostradas. 

“No sé ustedes, pero yo tenía más de ocho años esperando esta noche”, afirma Montaner, en alusión a la última vez que dio un concierto masivo en México. El grito que lo saluda, ¿cuántos años lleva guardado en esas miles de gargantas de mujer? Quién sabe, pero cuando el cantautor aparece, en vaqueros grises y una camisa ligera, queda claro que había un grito especial aguardándolo, un grito ansioso y colmado de emoción. Siendo su primera vez en el Auditorio Nacional, las expectativas del encuentro son de enormes proporciones tanto para el venezolano como para las dueñas de esas gargantas. El espectáculo, titulado Suma, como su disco reciente en promoción, promete un oportuno recorrido por la trayectoria del cantante. Desde “Castillo azul” hasta “Tan enamorados”, pasando por los éxitos “En el último lugar del mundo”, “A dónde va el amor”, “Será”, “Yo sin ti” y “Me va a extrañar”, cada canción es coreada, ovacionada e incluso llorada y moqueada. ¿Por qué? En el escenario, 13 músicos eficientes, una corista y bailarina de bastante buen ver, una pantalla en forma de medio círculo sobre la que se proyectan luces y texturas cambiantes, y un Montaner tan dulce como cálido conjugan el milagro. 

Y éste se da: la multitud arropada, emocionada, consolada por la música, canta todo el concierto excepto los materiales nuevos, piropea al cantante, burla la seguridad para obsequiarle rosas y cartas. Una mujer logra subir al escenario y, sentada a los pies del autor de “Sólo con un beso”, llora mirándolo arrobada. Otra consigue besarlo y, al festejar la hazaña, es atacada por miles de puñales invisibles al grito de “¡maldita!”. Una más le declara, temblando: “Aunque mi marido me mate, ¡te amo!”. 
Continúan los destellos de delirio: las parejas se aprietan más y más y se funden en besos siameses, mientras que Reyna ha tratado varias veces de llegar a él, sin lograrlo. La incógnita vuelve: ¿por qué esta adoración? Haciendo a un lado los números bailables, como “La conga” y una descarga de percusiones afro, que si bien animan a la concurrencia no son la especialidad de Montaner, se puede decir que él es una de las estrellas más radiantes de la balada porque sabe decirle a muchas personas, léase mujeres, lo que ellas desean escuchar. El amor montaneresco permanece en un registro idílico, nubla la mente y se desarrolla en una atmósfera principesca, tierna y pasional. O bien, si el amor se acabó, persiste intensamente en el recuerdo la mujer que fue amada, envuelta en nostalgia glamorosa. ¿Y lo de en medio, lo que le sucede a la gente entre los días felices del enamoramiento y las noches desdichadas de la melancolía? Las pequeñas mezquindades mutuas que envenenan cotidianamente la alacena, los azulejos del baño y las sábanas, no existen en las limpias colinas musicales de Montaner, quien, además, tiene una capacidad asombrosa para reproducir, con la vibración de su voz, la forma en que se desbocan las lágrimas de amor y las melancólicas. Curiosamente, todo eso que no está en el repertorio salta a la vista por un momento, en este concierto. Un hombre solicita a Montaner que, en su nombre, le pida a una ex novia (quien también se halla en el foro) no sólo perdón (quién sabe por qué) y reconciliación, sino matrimonio. El cantante accede. Cuando la pareja está frente a frente, la joven se niega a besar al hombre, a pesar de que el Auditorio en pleno clama por ese beso; es evidente que hay una historia de agravios allí encapsulada, y que no habrá casorio. Pasado el incidente, todo mundo vuelve a lo suyo. Las tiernas baladas de Montaner colman otra vez los corazones y él recibe amor, amor y más amor. Como el de Reyna, quien en los últimos segundos, con las manos juntas sobre su acongojado pecho, se despide de él, como si fuera para siempre.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional

Programa
Corazón fracturado / Castillo azul / En el último lugar del mundo / A dónde va el amor / Yo sin ti / Será / Yo puedo hacer / Sólo con un beso / Muchacha / La conga / Déjame llorar / La vida / La clave del amor / Resumiendo / Bésame / Me va a extrañar / El poder de tu amor / Tan enamorados / La cima del cielo.
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