miércoles, 3 de julio de 2002

The Cranberries: En la confluencia del pop y el rock

Foto: Colección Auditorio Nacional

Wake Up and Smell the Coffee World Tour / 3 y 4 de julio, 2002 / 2 funciones / 
10 000 asistentes / 2:00 hrs. de duración / Promotor: OCESA presenta.

Francisco Martínez Negrete
Si Bob Dylan fue el parteaguas, el primero en atreverse a electrificar al folk, pronto encontró un eco en Irlanda, en la voz e inmenso talento de Van Morrison. Y ya que de Irlanda hablamos, podríamos pensar en un espíritu irlandés, que en la música de ese país se muestra tan genial, aguerrido y poderoso como melódico y delicado, y que ha dejado su sello peculiar en la obra de músicos tan variados como el mismo Morrison, U2, Clannad, Sinéad O’Connor, Enya o Dolores O’Riordan. De todos ellos quizá son Dolores y su banda, The Cranberries, quienes más contacto han tenido con México y quienes se pueden jactar de contar en este país con la mayor turba de fans incondicionales. La clave puede estar en su música, situada en la confluencia del pop y el rock; en la sencilla honestidad de sus letras y, last but not least, en el seguro embrujo de la voz de Dolores, esa voz clara y sonora, como de campana al romper el alba, que puede sumir a su audiencia en la narcótica dulzura de su murmullo o despertarla, dejando la piel chinita con el enorme poder de su belleza. El caso es que en ésta su tercera ocasión en el país, a una hora de empezar el concierto, la turba veinteañera se había congregado amenazando con tornar la escalinata del Coloso de Reforma en una desbordante romería. 

Venegas la telonera del toquín, según las buenas lenguas a expresa petición de Dolores quien conoce y aprecia su música. Con un lacónico “Hola, soy Julieta Venegas”, la chica de la mirada triste denominada por la revista Time “la Frida Kahlo del Rock Mexicano” —largo pelo negro, cejas pobladas, rostro angelical, top violeta, pants acampanados a la cadera— toma el escenario. La acompaña su banda que sin más preámbulos arremete con “Hoy no quiero” y “Enero y abril” para cosechar los primeros aplausos de la noche. Ciñéndose el acordeón, Julieta ofrece “La Jaula de oro” como un homenaje a los Tigres del Norte para “todos los chicanos que extrañan México” y la sala se llena de ése su pop con sabor a redoba (no en balde es regia la niña) y Suzzane Vega. Una versión más darkie de “Siempre en mi mente” y “Amores perros”, dedicada “a los amores bien perros”, concluyen su presentación dejando a la raza prendida y con ganas de que toque más, pero el platillo fuerte se avecina… 
O eso creíamos porque se abre el telón, pasan los minutos y nada: un afinador prueba las guitarras, luego, nada. El silencio engulle los primeros silbidos y la tensión aumenta hasta casi poder partirse en el aire. Al fin, tras media hora de retraso, las luces se apagan y menuda como un soplo y con el pelo marrón… ligero vestido negro pegadito a la rodilla, botines al tobillo, gargantilla de fantasía y antifaz veneciano ensombreciendo el rostro, aparece la diva de la noche acompañada por sus inseparables para abrir con la rola que da nombre al último disco y a la gira, si bien, como ha dicho a la prensa, “los conciertos no serán para promocionar el disco sino para satisfacer a sus fans”. Por su enigmático atuendo, Dolores anticipa una noche de sorpresas. Con “Analyse”, sobre los peligros de comerse el coco y no actuar con los sentimientos, el antifaz vuela al público y la ovación se incrementa para estallar cuando ella toma su ya característica Gibson roja y el grupo arrecia los pesados acordes de “Zombie”, “nuestra rola antiterrorista”, y a nuestro gusto, una de las más chidolidas de la banda, que de inmediato la reconoce y tararea. 
Impávidos, Noel y Michael Hogan, en la lira y el bajo, y Feargal Lawler en los tambores semejan las columnas de un templo del cual Dolores es singular sacerdotiza. Por la figura y la sonoridad de su voz recuerda a Edith Piaf, pero a una Piaf eléctrica que con un toque bizarro se desliza como un elfo por el escenario. “Time Is Ticking” del nuevo disco, “You And Me” dedicada “… a mi primero bambino”, “Animal Instinct”, “Ode To My Family”, “Dreaming My Dreams”, “Sunday”, obligadas estaciones cramberreanas, envuelven a la audiencia en ese ciaroscuro que va de la prendezón a la ternura, de la épica a la égloga, del estallido al arrumaco. “Desperate Andy” da pie a un largo pasaje instrumental que ella aprovecha para esfumarse. 
Entre los primeros acordes de “Preety” regresa convertida —pants acampanados de lentejuela azul, enorme boa morada envolviendo su figura— en viviente homenaje a Janis Joplin para meterse en el ritmo entrecortado de la rola modulando la voz hasta el falseto céltico que arranca escalofríos. Incisiva, toca las emociones de su público como si éste fuera un arpa. Con “Daffodil Lament” lo sume en estupor para sacarlo —templando de nuevo la Gibson, con todo y boa— a punta de metralla con el pop explosivo y machacón de “I Can’t Be With You”. Dolores se pone un enorme sombrero de tío Sam de peluche (¿se equivocó de país?) y un fan le alarga una bandera mexicana con la que ella cubre los hombros de su guitarrista mientras en la sala comienza a flotar algo parecido al delirio. “How”, “Star” del nuevo álbum, “Free To Decide”, sobre el infierno de la droga, continúan la andanada que con “Salvation” alcanza el nivel de la apoteosis. La banda se va. La gente no lo cree, no lo quiere, y el grito de “Dolores” se vuelve un largo, insistente cramberrido
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Cuando las luces vuelven, al centro hay un teclado y Dolores —top granate, larga falda de negros olanes y un extraño tocado de entreverados hilos ornando la cabeza— es —¡que viva el surrealismo!—una mujer-árbol-pájara recién salida de algún lienzo de Remedios Varo o de Leonora Carrington. Su onírica aparición despierta la sorpresa que la diva atempera con las notas de “Linger” y la pura miel de su voz. Tras el último contraste de “Shattered” y “Promises”, ahora sí, la banda se despide con ese primer hit que los revelara al mundo entero: “Dreams”. Ustedes son un sueño para mí… entona Dolores dejando en el personal, horas después del concierto, la aguda sensación de haber formado parte de la diáfana belleza de su sueño.

Programa
Julieta Venegas (telonera): Hoy no quiero / Enero y abril / Jaula de oro / Siempre en mi mente / Sería feliz / Amores perros / De mis pasos 
Cranberries: Wake up and smell the coffee / Analyse / Zombie / Time is Ticking / You and Me / Animal Instinct / Ode to my Family / Dreaming My Dreams / Just my imagination / Sunday / Desperate Andy / Pretty / Daffodil lament / I can´t be with you / When you´re gone / How / Star / Free to decide / I really hope / Salvation / Ridiculous thoughts / This is the day / Linger / The concept / Shettered / Promises / Dreams.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.