domingo, 16 de junio de 2002

Órgano Monumental del Auditorio Nacional: De organilleros y organistas

Foto: Colección Auditorio Nacional

Festival Nacional 2002 / 9 y 16 de junio, 2002 / 2 funciones / 
8 069 asistentes / 1:40 hrs. de duración / Promotor: FUAAN  Financiera S.N.C.


Juan Arturo Bárcenas
Poco antes de entrar al Auditorio Nacional para asistir al primer concierto del Festival Nacional de Órgano 2002, nos encontramos con un detalle que parecía casi premonitorio: al pie de la escalinata principal, un cilindrero (es decir, un tañedor de órgano portátil...) se afanaba dando vueltas a la manivela de su organillo, produciendo algunas melodías populares mexicanas. Y entre todo ese repertorio callejero nacional, de los mellados tubos del organillo salió aquella simpática cancioncita que hizo furor en los sesenta, Dominique, cantada por una monja francesa conocida como Sor Sonrisa. Y, precisamente, el público, al entrar al Auditorio Nacional lo hacía con grandes sonrisas, gozosos con la anticipación de escuchar el Órgano Monumental en un recital formal y con un repertorio específicamente organístico. En el vestíbulo, mucha gente se entretenía mirando los carteles de cine mexicano ahí expuestos, lo que nos hizo recordar que en los ya muy lejanos inicios de la historia fílmica, los primeros intentos de musicalizar los filmes mudos contemplaban la presencia de un organista quien, muy cerca de la pantalla, improvisaba melodías, ritmos y ambientes sonoros para acompañar la acción de la película del momento. Ya dentro del Auditorio, la rica iluminación preparada para hacer resaltar los espectaculares tubos del órgano parecía ofrecer al público una fantástica visión de dos gigantescos silbatos de afilador a la luz de la luna. 

El primero de los tres organistas del día fue Clemente Quezada, de Jalisco, quien inició con la más famosa obra del repertorio, la soberbia Toccata y fuga BWV 565 de Juan Sebastián Bach. Pausada y noble su ejecución, con una muy clara separación de las voces, para placer y enseñanza de los asistentes. Muy interesante notar que la persona que le ayudaba a voltear las páginas de las partituras también lo asistía periódicamente en el cambio de los registros del órgano; esto habría de verse con los otros organistas de ese día y con los del concierto del siguiente domingo. En el Final de César Franck, el maestro Quezada dio una buena exhibición de cómo se tocan los pedales del órgano. Lo sucedió el organista Roger Lynn, de origen estadunidense pero avecindado en Yucatán desde hace muchos años. Una buena parte de su recital estuvo centrada en las lentas y tristes cadencias de música asociada con los spirituals y el gospel, expresiones fundamentales de la música religiosa (y al mismo tiempo popular) de las comunidades negras de los Estados Unidos. Todo ello muy a tono con el aspecto de pastor cuáquero del organista. Por otro lado, el maestro Lynn interpretó un par de obras más modernas, de Dupré y Duruflé, que permitieron al público ponerse en contacto con manifestaciones más austeras de la sonoridad del majestuoso Órgano Monumental del Auditorio Nacional. El último organista del día fue Tito Hernández, cuya presentación fue una prueba contundente de que las apariencias engañan. De aspecto delgado y frágil, el maestro tabasqueño tocó sus dos piezas del programa con una energía y una concentración admirables, destacando su sólido manejo de las ricas masas sonoras del Final de la Segunda sinfonía para órgano de Widor. ¡Qué interesante escuchar a tres organistas en el mismo programa, y poder comparar su presencia escénica, relación física y musical con el órgano, poder de convocatoria y respuesta ante el público! 
Para el segundo concierto del festival, realizado el domingo siguiente, el público fue recibido con una imagen de gran impacto: la majestuosa consola del Órgano Monumental del Auditorio Nacional, acompañada de algunas marimbas, y como fondo, las coloridas sandías de Tamayo estampadas en el telón principal del escenario. ¿Cuánta gente entre el numeroso público se habrá dado cuenta de que junto a las marimbas chiapanecas había una marimba de concierto, instrumento muy similar pero con algunas características técnicas y sonoras diferentes? 
El primer organista del día, el poblano José Reyes, inició el programa con uno de los muchos conciertos originales de Vivaldi que Bach transcribió para el órgano (y otros para el clavecín). En manos de Reyes, fue posible apreciar que la mezcla de temperamentos, lo latino de Vivaldi y lo sajón de Bach, resulta en una combinación musical muy sabrosa. La parte central del programa fue cubierta por la admirable Marimba Nandayapa, encabezada como de costumbre por el siempre sonriente y afable Don Zeferino Nandayapa, máximo marimbista de estas y muchas otras latitudes. 
Entre lo más divertido del concierto estuvieron los momentos en que prácticamente toda la familia se aglomera sobre una sola, enorme marimba, para repartirse democráticamente el teclado y lograr una textura de sonido sumamente rica y compleja. En la fantasía guatemalteca titulada Ave lira, de L. Betancourt, fue asombroso distinguir entre los sones folklóricos algunos episodios que sonaban como lo más nuevo del swing maya-quiché. ¡Y vaya que los Nandayapa lo tocaron con swing! Para la obra Contrabajissimo, del indispensable tanguista y bandoneonista Ástor Piazzolla, el público pudo escuchar la combinación del sonido de la marimba chiapaneca con la marimba de concierto. 
Apareció entonces en el escenario el maestro Víctor Urbán, organista titular del Órgano Monumental del Auditorio Nacional, para protagonizar, con Don Zeferino y sus parientes, la tercera parte del programa. Después de una espectacular versión para órgano y marimba de Marte, el mensajero de la guerra, de la suite Los planetas de Gustav Holst, vino un pequeño respiro, con la contemplativa Meditación del estadounidense Paul Creston, una de las pocas obras originalmente escritas para órgano y marimba de concierto. 
Y como conclusión del festival, la misma obra con que se había iniciado una semana antes: la Toccata y fuga de Bach, interpretada con la combinación de marimba y órgano. Aquí, aún más que en la versión del primer domingo, el público pudo apreciar con toda claridad cómo se mueven las voces de la fuga, gracias al trabajo claro y preciso de los Nandayapa en la marimba, complementado con energía e intensidad por la ejecución de Víctor Urbán en el gran órgano. Sin duda, a Bach le hubiera parecido enormemente divertido escuchar su música para órgano en las manos, pies y baquetas de músicos tan expertos. Escuchar a una familia entera de marimbistas entablando una cordial lucha de sonidos con el imponente órgano del Auditorio Nacional fue, sin duda, una experiencia singular y, además, muy instructiva. El público pareció disfrutarlo en grande. Tanto así, que la volvieron a tocar. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Durante los dos conciertos, algunos conocedores pudieron detectar la discreta presencia de Daniel Guzmán, quien encabeza al grupo de organeros que continuamente dan mantenimiento y conservación a las varias miles de flautas del órgano y a todos los mecanismos que lo hacen funcionar. Y, como pudimos notar, su desempeño fue estupendo. Ojalá que los resultados de este primer festival sirvan como plataforma de lanzamiento para un mayor conocimiento y apreciación de este magnífico instrumento.  

Programa

Domingo 9 de junio 

Clemente Quezada: Tocata y fuga en re menor de Johann Sebastián Bach / Fuga en sol menor de Johann Sebastián Bach / Final en si bemol de César Franck 
Roger Lynn: Tocata de la suite menor para órgano de Maurice Duruflé / I wonder as I wander con arreglo de Robert Hebble / Gospel prelude no. 10 Zion Haste de William Bolcom / Final de las siete piezas para órgano Op. 27 de Marcel Dupré 
Tito Hernández: Final de la Sinfonía no. 2 de Charles Marie Widor / Estudio Sinfónico de M. Enrico Bossi 

Domingo 16 
José Reyes: Concierto en La menor de Vivaldi – Bach / Cuarta sinfonía de Charles-Marie Widor 
Marimba Nandayapa: Sones chipanecos sobre un arreglo de Ricardo Sánchez Solís / Ave Lira (fantasía guatemalteca) de Luis Betancourt / Contrabajíssimo de Astor Piazzola 
Víctor Urbán acompañado de la Marimba Nandayapa Marte (Los Planetas) de Gustav Host / Meditación de Paul Creston / Tocata y Fuga en Re menor de Bach
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