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El AUDITORIO NACIONAL es más que un centro de espectáculos, es un recinto plural e incluyente, abierto a las más diversas manifestaciones artísticas y culturales, y con una amplia agenda de actividades. En esta BITÁCORA podrás conocer los sucesos que han escrito la historia de este espacio que ya es emblema de la sociedad mexicana. Si deseas adentrarte en los acontecimientos que le han dado distinción al AUDITORIO NACIONAL, da clic en las pestañas inferiores.

jueves, junio 06, 2002

Luis Miguel: Una rosa es una rosa

Foto: Colección Auditorio Nacional

Tour Mis romances / 6 al 10, 14 al 17, 20 de marzo, 2002 /
112,974 asistentes / 12 funciones (2 privadas) / 2 hrs. de duración

Jaime Reyes Rodríguez
Tras el velo de rosas que cubre el escenario los músicos toman sus instrumentos. Un par de pantallas a los costados también tienen el motivo de la flor del romance; el juego de luces da textura y variantes casi imperceptibles a la atmósfera.
La cantidad de equipo necesaria para hacer de esta magia una realidad es considerable: siete tráileres que estuvieron estacionados a un costado del Auditorio por más de cuatro horas, 23 mil kilos de luces convencionales, 135 robóticas, 86 cams y ocho seguidores, así como dos consolas y nueve mil kilos de equipo de audio, tres pantallas y cuatro cámaras. Se escuchan los últimos repiques de las baquetas: el concierto ha empezado; el florido velo desaparece.
Antes de que salga El Sol, nueve músicos y dos coristas despiertan las gargantas de miles de mujeres para un solo hombre, pero esto todavía es, comparado con lo que se vendrá, el silencio. Muchos de los hombres presentes tratan de mantener la calma, pero al ver que nunca sus mujeres gritarán con la locura de hoy ni les dirán los piropos que ahora vociferan, dejan caer la cara y ponen tensas las cejas: el cuerpo se hunde en la butaca y los brazos protegen el corazón roto. Uno que otro sí canta y baila.
Cuando se escucha el primer “Amor, amor, amor”, una tormenta de gritos inunda el foro: Luis Miguel hace una sonriente aparición y las ninfas, ahora mudas de suspiros, se dejan quemar por su melodiosa voz y un primer combo de canciones: “Tú me acostumbraste”, “Mujer”, “Toda una vida” y “Sol, arena y mar”. Así, continúa la monumental gira de celebración de 20 años de éxito en la carrera artística de nuestro romántico astro. El Auditorio lo ha recibido en todo el esplendor y desarrollo de su carrera, como aquella gloriosa ocasión de las 21 representaciones consecutivas que lo hicieron, precisamente, el Rey del Auditorio hace dos años.
Son pocas las palabras que dedica a sus seguidores, acaso un saludo cariñoso y el agradecimiento por su asistencia. Ofrece, eso sí, interpretar las canciones que “nosotros hicimos famosas” y que, por lo tanto, son importantes para él: “Volver”, “Uno, “El día que me quieras” y “¿Qué sabes tú?” son parte de los 19 boleros que integraron el espectáculo, cuyo tiempo fue el justo para dejar al público satisfecho.
Hay un instante en que El Sol dirige sus codiciados rayos al público de las primeras filas, en donde se encuentra una pequeña y magra mujercita de cabellera china que brinca con especial encanto. En ese momento de gracia divina, se paraliza, gira todo su iluminado cuerpo hacia la audiencia y comienza a gritar: “¡Me vio, me vio mevio, mevio, mevioooooooo...!" La multitud corea “Cuando vuelva a tu lado”, sin quitar las manos del pecho, donde se dice está el corazón.
Una señora joven y sus vecinas le gritan tres veces “papacito” mientras interpreta “Sin ti”, hasta que la más valiente se decide y llega al escenario para entregarle al Rey una y sólo una rosa. Fue la primera de la noche. Muchas más lo intentarán. Ninguna de ellas menor de veinte años. En los palcos sucede lo mismo: éste no es un concierto de jovencitas. Se percibe en el tono y timbre de los gritos: intenso pero no desaforado, ni tan enloquecido. Algo así como un grito maduro.
La voz de Luis Miguel también ha crecido como la edad de su público: es más grave, suficiente para llegar a los tonos que el Mariachi 2000 de Cutberto Pérez exige. Luis Miguel interpreta “Y”, “La Bikina” y “Mi ciudad”. El cantante va por el segundo cambio de ropa: una camisa blanca desabotonada hasta medio pecho, suficiente para que las gargantas se despechen.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Para cerrar, El Sol invita a su público a bailar y a cantar, animados por los éxitos de su juventud que también es la del público: “Ahora te puedes marchar”, “La chica del bikini azul”, “Isabel” y “Cuando calienta el sol”. Una lluvia de papel rojo y plateado cae sobre los agraciados ocupantes de las localidades frontales. El ídolo se desplaza de un lado al otro del gran escenario y arroja rosas rojas, no sin antes llenarlas de besos. Nunca, ni en el lanzamiento del ramo por la novia, se han visto tantos empujones y arrebatos.

El último beso de La Doña
En el primer concierto de la temporada chilanga de El Sol, un mujerón se acercó al escenario a felicitarlo; él, le besó la mejilla en señal de agradecimiento y respeto. “Fue un beso tranquilo, bonito, de amor y admiración. A mí me pareció muy bien. Ojalá y se repita”, es lo que dijo María Félix a la prensa, luego del encuentro con el divo.
Fue el Auditorio Nacional el último lugar público que pisó la leyenda del cine nacional, y Luismi el más afortunado en recibir su último beso. María Félix, una de las mujeres más bellas de México, aunque no la más dócil, dejó este mundo en la madrugada de su cumpleaños, el 8 de abril, a los 88 años de edad. (J.R.R.)

Programa
Amor, amor / Tú me acostumbraste / Perfidia / Toda una vida / Suave / Popurrí / O tú o ninguna / Popurrí con temas de Armando Manzanero / Popurrí de tangos / La última noche / Qué sabes tú / Historia de un amor / Popurrí de temas brasileños / La mentira / Hasta que me olvides / Sin ti / Popurrí de música mexicana / Échame a mí la culpa / Popurrí de música de mariachi / Popurrí de música para bailar / Popurrí de oldies.