domingo, 23 de junio de 2002

Juan Diego... Santo: Los talentos del beato

Foto: Colección Auditorio Nacional

Espectáculo multimedia / 22 y 23 de junio, 2002 / 4 funciones / 
10 274 asistentes / 1: 30 hrs. de duración / Promotor: Padre Xavier Escalada 


Karla Otero
Con motivo de la canonización de Juan Diego, evento sin precedentes para los guadalupanos, la asociación civil Enciclopedia Guadalupana que preside el padre Xavier Escalada trajo al Auditorio la puesta en escena de un momento glorioso para los mexicanos: las apariciones de la Virgen María en el Cerro del Tepeyac.
La verdadera historia del beato ha sido siempre objeto de grandes controversias. Con el ánimo de hacer una recreación fidedigna, María Fabiola Díaz de León recolectó datos de diversas fuentes cercanas a los siglos XV y XVI, época que corresponde a la vida de quien también fuera llamado Cuauhtlatoac, “el que habla como águila”. Es esta investigación la que anima el magno espectáculo que presenciamos. 
Con ella en mente, Teresa Ulloa, directora de escena, más que en una mera adaptación teatral de los eventos, se concentró en la empresa de mostrar a los mexicanos la grandeza excepcional y los talentos del beato a través de una propuesta multimedia nunca antes vista en nuestro país. 
La mañana del evento la explanada del Auditorio parece una fiesta en honor a la Virgen: concheros, danzantes y miembros de diversos grupos indígenas se han dado puntual cita para honrar a su protectora. Un alto porcentaje de la audiencia son monjas, personas de la tercera edad y curiosos que se reúnen para presenciar la aparición de Vanessa Bauche convertida en Guadalupe, tanto en carne y hueso como en su versión virtual: un enorme holograma logrado gracias a los avances tecnológicos de nuestros días. 
El espectáculo comienza con poca asistencia, debido quizá a la escasa promoción del evento. Un gran cerro con plantas naturales, obra del arquitecto Alfonso Murray, aparece ante nuestros ojos; a un lado, una pequeña choza hace las veces del hogar de Juan Diego, representado por Manuel Poncelis. La primera escena recrea algo poco conocido: la vida conyugal del beato, cuando menos imaginaba su destino de santo. Del otro lado del cerro se sitúa la casa de Fray Juan de Zumárraga, frente a cuya puerta veremos al indio esperar pacientemente y sortear los obstáculos que le ponen los criados de éste, Damiana y Casiano, hasta ser recibido y poder dar las buenas nuevas al Obispo, representado espléndidamente por Jaime Rojas. 
El resto de la obra transcurre bellamente musicalizado por el grupo Tribu y la voz sublime de la soprano japonesa Yuko Matsubara. También podemos ver al protagonista interactuando con su tío Juan Bernardino. La relación entre ambos es muy “sabrosa”, como la describe el propio Poncelis. Se ponen adivinanzas y bromean mientras trabajan en la alfarería. El clímax de la historia llega, por supuesto, con las apariciones de la Virgen. Éstas, soberbiamente logradas, hacen de esta pieza un auto sacramental contemporáneo. Representaciones dramáticas, alegóricas y referentes a los misterios de la religión, o como los describiera el gran poeta hispano Pedro Calderón de la Barca: “Sermones puestos en verso, en idea representable, cuestiones de la Sacra Teología que no alcanzan mis razones a explicar ni comprender y al regocijo dispone en aplauso de este día”. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
La puesta en escena de Juan Diego... Santo es precisamente eso: una representación de hechos reales y, sin embargo, incomprensibles para la mente humana. Pero para nosotros, los guadalupanos, no hay necesidad de entender, basta con presenciar la aparición repentina de la imagen de la Morenita ya sea como holograma, encarnada en Vanessa Bauche o en un enorme lienzo, para que se escuche a la multitud alabar su belleza, con suaves suspiros y dulces murmullos. “¡Qué hermosa!” dice una de las asistentes, conmovida, rosario y pañuelo en mano. La palabras de la Virgen al indígena nos ponen a todos la piel de gallina: la ternura del diálogo entre los dos personajes es estremecedora. Aunque, sin duda, el momento que más aplausos arrancó a la concurrencia fue cuando Juan Diego despliega su tilma en la que se ve plasmada la imagen Guadalupana y todos caen a su pies dando inicio a la adoración de su figura, que ha permanecido intacta hasta nuestros días. Una vez que la historia de los encuentros del beato con la Virgen termina, mientras desciende una enorme manta con su efigie, un crisol de grupos indígenas que representan los cuatro puntos cardinales de México toma el escenario. Cada uno lleva a cabo las danzas representativas de su etnia en honor a su protectora, la virgen de Guadalupe, Reina de México quien es, además, símbolo inequívoco del sincretismo mexicano. 

Cronología del primer Santo indígena
1168 Los nahuas establecen la tribu Tlayacac en Cuautitlán, México. 
1467 Tlayacac es conquistada por el jefe azteca Axayácatl. 
1474 Nace Cuauhtlatoatzin “el que habla como águila”, nombre que recibe de la partera que lo trajo al mundo. Pertenece a la clase más numerosa y baja del Imperio Azteca sin llegar a ser escalvo. 
1523 Contrae matrimonio con una nativa. No tuvieron descendencia. 
1525 Se convierte al cristianismo. Es bautizado por el misionero Fray Toribio de Benavente con el nombre de Juan Diego y su esposa es llamada María Lucía. 
1529 Muere María Lucía y el beato se va a vivir con su tío Juan Bernardino a Tolpetlac, a 14 kilómetros de la iglesia de Taltelolco, Tenochtitlán. 
1531 A la edad de 57 años, durante una de las caminatas de 14 kilómetros que el indio realizaba diariamente desde su vivienda hasta Tenochtitlán, ocurren las apariciones de la Virgen en el lugar ahora conocido como Capilla del cerrito. Tras los milagrosos eventos, Juan Diego deja todas sus pertenencias a su tío y se va a vivir a un cuarto junto a la capilla en donde se aloja la tilma con la Santa imagen. Pasa el resto de su vida dedicado a difundir la historia de las apariciones entre su pueblo. 
1548 Muere el 30 de mayo a la edad de 74 años. 
1990 Es beatificado en la basílica de Guadalupe de la ciudad de México el 6 de mayo de 1990 por Juan Pablo II durante su segundo viaje apostólico a México. 
2002 El 30 de julio, el mismo Papa viaja a nuestro país para canonizar a Juan Diego en una ceremonia en la basílica de Guadalupe en donde se conserva la tilma con la imagen de la Reina de México, nuestra Virgen de Guadalupe. 

Teresa Ulloa, dirección escénica 
Nace en México D.F., estudia Literatura dramática y teatro en la UNAM, así como arte y periodismo, además de cursos de actuación con José Luis Ibáñez y Ludwik Margules. Como actriz ha participado en varias obras de teatro y programas de televisión. Desde 1994 produce y dirige espectáculos para empresas privadas así como obras de teatro. 

Maria Fabiola Díaz de León, producción y guión
Nacida en la ciudad de México estudia Humanidades en el claustro de Sor Juana y posteriormente en la Escuela de Escritores de la SOGEM. Emprende la carrera de periodista en la revista Tiempo y en 1990 se estrena como productora en el bar El Hábito. Desde entonces ha producido innumerables obras y escrito varios cuentos, novelas, poemas y guiones. (K.O.

Elenco
Juan Diego: Manuel Poncelis
Virgen de Guadalupe: Vanessa Bauche
Maria Lucía: Ángeles Cruz
Juan Bernardino: Eligio Melendez
Damiana: Francis Laboriel
Fray Juan de Zummarraga: Jaime Rojas
Juan González: Bernardo Michel
Casiano: Alberto Domínguez

MÚSICA
Grupo Tribu
Dirección: Agustín Pimentel
Órgano: Víctor Urbán
Soprano: Yuko Matsubara

PRODUCCIÓN
Dirección de escena: Teresa Ulloa
Producción general: Fabiola Díaz de León
Dirección técnica: Erubey Acosta
Administración: Roberto Pérez Teufer Fournier
Coordinador: Xavier Escalada S.J.
Vestuario y Arte: Alberto Ulloa
Estructura: Ing. Manuel Castañeda Kuri
Pintura escénica: Jesús Buenrostro
Paisaje: Alfonso Murray y paisajistas
Telón volcanes: Barón de Gross y José María Velasco
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