sábado, 8 de junio de 2002

Alejandra Guzmán: “¿Quién viene cachondo?”

Foto: Colección Auditorio Nacional

Soy / 8 de junio, 2002 / Función única / 7 126 asistentes / 
1:30 hrs. de duración / Promotor: RAC Producciones

Rodrigo Farías Bárcenas
Si algo destaca en ella es su afán por interactuar con el público. Lo motiva, provoca, seduce, negocia con él; nunca termina un show sin conceder la otra, pero esta vez hay un precio a cambio: “Si quieren más ...!griiiten!” Y cada quien paga, sin escatimar.
Alejandra corresponde de inmediato, canta “Volveré a amar”, luego el tema del mundial y termina con un popurrí de rocanrol: “La plaga”, “Popotitos”, “Pólvora” son temas grabados en la memoria de cuatro generaciones de mexicanos, desde aquélla de los 60 que encabezó Enrique Guzmán.
Cuando la cantante se despide uno sabe que no habrá más y que su grito de batalla está inspirado en él -su padre- y en lo que representa como uno de los forjadores del rock en español.
Dos horas antes Alejandra Guzmán había empezado justo como terminó, con toda su energía de por medio. Una, dos canciones seguidas sin decir nada hasta que da la bienvenida con las primeras instrucciones: “¡Muevan todo lo que puedan mover!”, exclama, y empieza a ondear sensualmente la cintura mientras suelta una de sus mejores cartas, “Eternamente bella”, para acabar de envolver al público con su presencia.
Su desempeño escénico deja ver una expresión corporal cuidada con esmero en el gimnasio y las clases de ballet. Se notan algunas influencias: la disciplina atlética de Madonna, la gracia pícara de Cindy Lauper o la ambivalencia de Pat Benatar, con un pie en la balada y otro en el hard rock. Las partes habladas y los temas de algunas canciones se entrelazan con mensajes de afirmación personal que pretenden responder a un medio hostil.
“Nomás vieran cómo hablan mal de mí, pero todo me vale mientras la foto salga bien”, se burla, refiriéndose a ciertas notas de espectáculos; alza su brazo derecho y lo echa para atrás, mentando madres. Ay de quien se ponga el saco cuando escuche “Mala hierba”.
En ningún momento se interrumpe la interacción con el público. La Guzmán tiene una forma de dirigirse a él que recuerda a Alex Lora, por su tendencia al relajo y por exaltar a sus seguidores para estimularlos con choros que hablan de lo difícil que es hacerla. “Gracias a la vida por lo que nos ha dado, vale la pena luchar y seguir adelante”, dice en tono suave, como de plática, antes de gritar a todo pulmón: “¡Siempre han sido mi banda y siempre lo serán!” Los aludidos, que la cantante describe como “locos que creen en la paz del mundo”, no parecen asiduos del underground de donde surgió la banda –roquera, punk, dark y demás especies con sus estilos de vida– sino gente con ganas de divertirse que educa su gusto musical en otras fuentes: la disco, el antro de moda o la tele. De cualquier manera, el reconocimiento que reciben provoca una de las reacciones más efusivas.
Es notable cómo se identifican las jovencitas con las actitudes irreverentes de la cantante y su implícita o abierta invitación a desinhibirse. Cuando pregunta: “¿Quién viene cachondo?”, son ellas las primeras en alzar la mano. Los chavos no tanto o de plano se abstienen. “Los que no alzaron la mano son los peores porque se esconden.”Desperdigando una broma tras otra canta “Ven”, “Reina de corazones” y la compuesta por Steve Tyler, vocalista de Aerosmith, “Soy tu lluvia”...
El grupo completa el círculo con el público. Teclados, guitarras, batería, bajo y coros aportan un lenguaje musical cambiante. Ora suena a soul o funk. Luego a rock o blues. Una saturada carga de tonos bajos, con frecuentes distorsiones, provoca que las bocinas crujan sin que el ingeniero de sonido ponga remedio, pero no importa, todo forma parte de la excitación colectiva. Una gran sorpresa había sido prometida y su cumplimiento llegó. La comadre de María Félix interrumpe “Labios de fuego” para presentar al angelino Eric Gales. ¿A quién? A Eric Gales. Como lo conocen en su casa lo reciben con indiferencia, pero cuando empieza a tocar hay que abrir una boca bien grande. Inserta un pasaje de “Wild Thing”, la clásica de los Troggs que canta con la Guzmán, pulsando la guitarra con salvajismo magistral. Ahora ya sabemos por qué este músico es uno de los mejores exponentes del blues actual. Por cierto, grabó su primer disco en 1991, cuando tenía 15 años.
“Tocas bien chido guey”, dice Ale. El otro no entiende una palabra del caló y pone cara de “What?” Tras cumplir dignamente con su hueso, abandona el escenario dejándonos un sabor a genuino rock pesado.
El show avanza --“Hacer el amor con otro”, “Caramelo”, “Mírala, míralo”, por citar ejemplos relevantes-- con recursos de producción que se despliegan con exuberancia, como trampa fascinante que sin dar tregua subyuga la atención. Las siete pantallas de video muestran una visión caleidoscópica de lo que pasa en el escenario: grupos de bailarines aparecen de forma intermitente; Alejandra cambia de vestuario en cuatro ocasiones. Y los integrantes de la sección de cuerdas –parte de la Orquesta Filarmónica de México– engalanan momentos clave incluso cuando no tocan, pues les da por moverse espontáneamente con gracioso vaivén durante las canciones más rítmicas.
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Cuando la emoción está en el punto culminante, Alejandra Guzmán se despide con “Diablo”. Su sonrisa es plena y en su rostro se mezclan lágrimas con gotas de sudor. Hace tres lustros era corista del grupo mexicano Kenny y Los Eléctricos. Hoy se rodea de la crema y nata del rock gabacho: Desmond Child produce Soy, su disco más reciente, y Steve Tyler le compone canciones.
El bullicio de la banda la conmina a quedarse, pero Alejandra pone un precio: “Si quieren más... ¡griiiten!” Y cada quien paga, sin escatimar.

Programa 
Ruge el corazón / Toda la mitad / Eternamente / Ten cuidado / Mala hierba / Ven / Todo / Algo natural / Reyna / Güera / Lluvia / Loca / Labios de fuego / Hacer el amor con otro / Ángeles caídos / Enemigos / De verdad / Caramelo / Mírala, míralo / Diablo / Volveré a amar / La plaga / Popotitos / Pólvora.
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