viernes, 31 de mayo de 2002

Lord of the Dance: Alrededor de una enorme fogata

Foto: Colección Auditorio Nacional

30 y 31 de mayo, 1 y 2 de junio, 2002 / 5 funciones / 25 011 asistentes / 
  1:30 hrs de duración / Promotor: En Vivo S.A. de C.V. 

Pablo Raphael de la Madrid
Cuando el Auditorio Nacional se convierte en la sede de Lord of the Dance, pareciera transformarse en una gran fogata donde los clanes se reúnen a escuchar viejas historias. Los asistentes dejamos de ser público para convertimos en guerreros y princesas, vasallos y doncellas que desde las tierras de Irlanda, Escocia y Bretaña han llegado para sentarse en círculo y mirar el renacimiento de una riquísima mezcla de leyendas y magia. 

El clan de Michael Flatley, fundador y director del espectáculo, ha recorrido el mundo con un discurso donde lo tradicional y lo moderno se entrecruzan para generar una apuesta visual y auditiva sin precedentes. La velocidad de los pasos, el duelo de los violines, la atemporalidad del vestuario hacen de este espectáculo un parteaguas por donde caminará la manera de entretener masivamente en el siglo XXI. 
Abuelos del tap, hijos de la gaita, maestros de la fantasía épica y encarnación de una mitología rica en duendes, hadas, elfos y demás dioses del bosque, Lord of the Dance nos presenta un montaje en dos actos, que a manera de mosaico va desmenuzando la tradición para dotarla de un nuevo espíritu. Un soplo de vitalidad que se soporta en la escenografía de columnas reminiscentes de los menhires bretones, ahora estilizados con glifos y grecas que parecen simular runas, ese antiguo alfabeto con el que se escribían los nombres de los sueños celtas. 
El asistente a esta gran fogata pudo apreciar historias que, traídas desde el siglo V antes de Cristo, se han convertido en un ritual que no sólo busca entretener, sino también hacer un homenaje a la cultura celta que, de una forma u otra, pareciera conectada con otras grandes civilizaciones como la celtibérica, la griega o la hindú. Ni hablar de las connotaciones de la moderna Babel: Nueva York con el tap y Broadway. 
El hilo conductor de la historia es una joven sílfide, duende cuya flauta sustituye a la voz para convertirse en narradora musical entre las historias y avatares de dos clanes: el mal (los Señores de la guerra) y el bien (Siamsa, los Señores de la danza) se alternan en montajes cuyo riesgo de interpretación va creciendo en grado de dificultad, hasta que llega el momento en que las pasiones se oponen. A manera del West Side Story, los grupos se enfrentan en un duelo final. La razón del pleito es Erin, diosa de la belleza. ¿Qué mejor trofeo para quien busca la perfección? Como en todas las historias de hadas, justo en el momento en que el mal está por quedarse con Erin, aparece el duende para rescatar de las manos del mal a la bellísima diosa. La voz élfica se convierte en cómplice del bien y del público. Con su ayuda, el Señor de la danza logra recuperar de manos del Señor de la guerra, Don Dorcha, el cinturón de poder que le había sido arrebatado. Una vez terminadas las batallas, la flauta nos regresa a la paz del bosque donde los buenos acompañados de sus amigos Saorise y Morrighan, descansan y se preparan para celebrar la victoria de Irlanda sobre sus enemigos. 
Entonces el sonido de fiesta estalla y con él los colores y el virtuosismo escénico, con un playback que desmerece la maravilla de la geometría y la precisión del espectáculo. El último número Planet Ireland pone de manifiesto la capacidad del grupo de Michael Flatley para tocar fibras sensibles que humedecen los ojos y ponen la piel de gallina. Los golpes rítmicos y entrecortados de los pies de cuarenta bailarines atrapan al oído en una marejada hipnótica cuyo único símil se presenta ante nuestra mirada: figuras rómbicas, estrellas, círculos, espirales que se forman y transforman en pocos segundos como si fuese un caleidoscopio humano. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Al término del espectáculo el espectador cae en cuenta que el tiempo se ha disuelto y también el espacio: la metamorfosis de ochenta piernas que se desenvuelve ante nuestros ojos, lo mismo puede estar sucediendo en Paris, Québec o San Francisco. No cabe duda, de esta manera la tradición irlandesa hace su aportación al fenómeno de la nueva cultura global. 


Lord of the Dance, la magia del empeño 
1958 Nace Michael Ryan Flatley el 16 de Julio en Chicago, Illinois. Sus padres, inmigrantes irlandeses, viven con sus cuatro hermanos en uno de los suburbios más pobres de la ciudad. 

Los 60 Hereda de su padre, maestro albañil, el amor por el boxeo, y de su madre la pasión por la danza, misma que comienza a practicar a la tierna edad de 4 años. 
1973 A los 15 años decide ir a Dublín a competir en el Campeonato Mundial de Danza Irlandesa, viaje que se paga cavando zanjas. 
1977 Tras varios intentos, a los 17 años se convierte en el primer estadounidense en ganar dicho campeonato y, por si fuera poco, también obtiene los Guantes de Oro en boxeo amateur, satisfaciendo, con creces, las expectativas de sus padres. 
Los 80 Opta por hacer carrera de la danza. Abre una escuela en Chicago y baila como front man de los Chieftains en sus numerosas giras. 
1989 Su marca de tap (28 taconazos por segundo) es inscrita en el Guiness Book Of Records. 
1994 El sueño de “una compañía con 30 bailarines, orquesta y cantantes” se le hace realidad con la creación de Riverdance. De pronto se encuentra ganando 50 mil libras a la semana. 
1995 Renuncia a Riverdance y con sus ahorros financia su propia compañía. Elige a cada bailarín supervisando –de los cortes de pelo al color de las mallas-­­­ el mínimo detalle y los pone a ensayar 12 horas diarias. 
1996 El 2 de julio Lord of the Dance toma a Dublín por asalto, pronto seguirá el mundo. El éxito de la producción se traducirá en ganancias semanales para Flatley hasta de 1 millón 600 mil dólares. 
2002 Se presentan por segunda vez en el Auditorio Nacional.  

Trivia 
Para la puesta en escena de Lord of The Dance son necesarios 4 mega tráileres, 100 kilómetros de cable, 20 toneladas de acero y 3 mil amperes de potencia. Una cuadrilla de 70 hombres levanta el escenario en un tiempo aproximado de 770 horas-hombre. A partir de su debut el espectáculo ha sido disfrutado por más de 5 millones de personas en todo el mundo. Hoy día, cuatro tropas –un aproximado de 200 bailarines cuya edad promedio es de 22 años- de las que Flatley, retirado como bailarín en 1998, es director artístico, propagan la leyenda: la primera en Europa, la segunda en América, la tercera permanentemente en las Vegas y la cuarta en Disney World, Florida. Dichas puestas en escena requieren de 600 pares de zapatillas y un vestuario aproximado de 1200 trajes. El soundtrack de la obra, compuesto por Ronan Hardiman, alcanzó el no.1 en las listas Billboard y tuvo tal éxito que el compositor fue recontratado para trabajar en la música de Feet on Flames, la siguiente producción de Flatley. (P.R.M.)


Programa
Acto I 
El llamado de los Celtas / La diosa Erin / Sueño celta / Los Guerreros / Gitana / Cuerdas de fuego / La fuga / Señores de la guerra / La diosa Erin / El Señor de la danza
Acto II 
Juego peligroso / La cocina del infierno / Noches candentes / El lamento / Siamsa / El día de nuestra boda / El beso robado / Pesadilla / El duelo / Victoria / Planeta Irlanda. 

ELENCO 
El Señor de la danza: Michael Edwars 
Saoirse Catherine: Agnes Collins 
Don Dorcha / Amo de la Oscuridad: Cian Nolan 
Morrighan, la Tentadora: Arleen Boyle 
Además: el pequeño espíritu, la diosa Erin y más de 40 bailarines representando al Clan de los Celtas, los Señores de la guerra, Los guerreros y las jóvenes de Irlanda. 
Cantante: Dierdre Anne Gilsenan 
Violines: Brenda Curtin/ Egan Maire 
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