miércoles, 15 de mayo de 2002

G3 (SATRIANI, VAI, PETRUCCI): El legado de Zappa

Foto: Colección Auditorio Nacional

15 de mayo, 2002 / Función única / 9 268 asistentes / 
3:30 hrs de duración / Promotor: OCESA presenta 

Francisco Martínez Negrete
Dentro de la amplia esfera ocupada por los guitarristas norteamericanos, es Frank Zappa, de la mano del fugaz Jimi Hendrix, quien yace al indiscutible centro: es a él a quien debemos, además de una variopinta colección de lúdicas y lúcidas grabaciones, la educación, directa e indirecta, sentimental y técnica, de un puñado de guitarristas, hoy estrellas, que brillan fuerte en la constelación de la lira: Joe Satriani, Steve Vai y John Petrucci.
Satriani comenzó a darle a su requinto a los 14 años, si bien su interés inicial fue empuñar un par de baquetas. Pronto, descubrió que, en efecto, lo suyo era la guitarra y no los tambores: su virtuosismo se hizo patente --basta escuchar su álbum debut: Surfing With The Alien (1987); ya lo tuvimos en el escenario del Coso en una ocasión-- y no tardó en convertirse en maestro. Uno de sus alumnos más notables fue Vai, cuatro años menor que él, quien no sólo se dedicó a desentrañar la técnica para darle vida a las seis cuerdas de su instrumento, sino que promovió fielmente, y con bastante eficacia, a su maestro. 
Por otro lado, cuando Vai estudiaba en la afamada escuela de música de Berklee, Boston, transcribió varias de las composiciones más enrevesadas de Zappa y, luego de enviarle una de ellas, fue invitado a formar parte de su banda, un gran y merecido despegue. Más adelante, fue guitarrista del recién separado cantante de Van Halen David Lee Roth, mas no abandonó la composición de su propia obra -iniciada con Flex-Able (1984)- y, en 1990, dio a luz su más deslumbrante creación: Passion And Warfare
Finalmente, Petrucci, iniciado en la música a los 12 años, se hizo visible con la creación de Dream Theater, uno de los grupos alternativos más importantes de la actualidad y visitante del Auditorio en un par de ocasiones. 
En 2001, Satriani, Vai y Petrucci decidieron unir fuerzas y reanimar un viejo proyecto mejor conocido como G3, cuya gira fue todo un éxito. Dentro de sus escalas, se encontraba la ciudad de México, pero los atentados del 11 de septiembre los retuvieron en su país. Hoy, la espera ha terminado. 
Se eclipsan las últimas estrellas y un rugido similar al de un tren ligero pasa por encima de nuestras cabezas. Pantalón y camiseta negra sobre el escenario, candado alrededor de la boca, mirada sosegada, reservado carisma. Es el guitarrista de Dream Theater quien abre el concierto y su estilo raspa las arias del material progresivo, con brotes rítmicos en el territorio del metal: es un indiscutible maestro del requinto y sus escalas suben y bajan a doscientos kilómetros por hora en canciones como “Jaws of Life” y “Glasgow Kiss”. En esta ocasión, John Petrucci viene acompañado de Mike Portnoy, fiel baterista de su conocida banda, y Dave LaRue, escalofriante bajista de Dixie Dregs. 
Con un antifaz negro alrededor de la cara y un ventilador a la altura de los botines, simulando la caída de un paracaidista por el espacio, se presenta Steve Vai, el megavirtuoso Altazor de la lira de no más de treinta y cuatro años. Es alto y delgado, facciones afiladas, cobrizo pelo largo; en pantalones acampanados y camisa holgada se mece como arlequín por el escenario. Su estilo se zambulle en la atmósfera de lo progresivo con tendencias de jazz e instrumental. Rolas como “Erotic Nightmare”, “Shy Boy” y “For the Love Of God” ponen a todo el personal a girar en un viaje intergaláctico con destino al infinito. Al maestro lo acompañan Billy Sheehan al bajo, Tony MacAlpine y Dave Weiner en las guitarras de apoyo y Virgil Donati al mando de las baquetas. 
Rapado, con lentes alargados, shorts grises, camiseta negra y tennis Nike, este aparente basquetbolista de Los Ángeles es Joe Satriani. Su sello musical es la maestría, el conocimiento de su instrumento, la habilidad depurada hasta su ínfima esencia con esquizofrénica tendencia metalera y pausadas pisadas que suben por la atmósfera del jazz. Su música, reguero de pólvora encendida, nos ilumina con canciones como “Cool # 9”, “Flying in a Blue Dream” y “Surfing with the Alien”, en compañía de Jeff Campitelli en la batería y Matt Bissonette en el bajo. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
En el clímax de la euforia, el primero en salir, requerido por la voz de Satriani y a petición del público, es el espantapájaros de camisa verde, Steve Vai. John Petrucci vuelve salpicado de aplausos; los tres virtuosos, entonces, se extienden con “La Grange” un clásico de ZZ Top. Los solos se propagan, cada uno pelea con elegancia por demostrar ser el mejor: en la esgrima aérea derrapan los requintos y aceleran para quedar, por un momento, suspendidos en el oleaje de aplausos. Zombificado, el público se mece en círculos sobre sus asientos ante la hipnótica voz de Sheehan al micrófono, entonando “Voodoo Child” del inmortal Hendrix. Los tres partidarios del heavy-rock progresivo arrojan plumillas a la marea de fans y se despiden dando las gracias y diciendo, como buenos terminators de la lira: “hasta la vista, baby”. 

Programa 
John Petrucci: Jaws of life / Damage Control / Glasgow Kiss / Paradigm / Erotomania 
Steve Vai: Shy Boy / Giant Balls / Erotic Nightmare / Whispering / Bangkok / Jiboom / For The Love of Go 
Joe Satriani: Cool #9 / Satch Boggie / Flying In A Blue Dream / Extremist / Summer song / Raspberry Jam / Always / Surfing With The Alien 
Jam (los tres): La Grange / Voodoo Child / Little Wing.
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