martes, 14 de mayo de 2002

Ballet Kirov: La paradoja de lo efímero y lo inmutable

Foto: Colección Auditorio Nacional

Don Quixote, El Lago de los Cisnes, Gala de Ballet / 8 al 14 de mayo, 2002 / 9 funciones / 
46 559 asistentes /  3:30 hrs de duración / Promotor: Ars Tempo Producciones S.A. de C.V. 

Karla Otero y David Miklos
Doscientos años de linaje pueden hacer de lo clásico algo actual e incesante. Tal es el caso del ballet: paradoja de lo efímero y lo inmutable. Y sobre todo, la más erótica de las artes porque se descubre a sí misma cada vez que se ejecuta. Es silencioso y devela su sensualidad en el momento exacto. Es un acto de seducción que se guarda para estallar después: el ballet es como el amor y el Kirov es una de sus historias más largas.
En la oscuridad camina un hombre de unos cuarenta años. Es Makhar Vaziev, director del Ballet Kirov quien, con aparente inexpresividad, ocupa su lugar en las primeras filas. Tras su mirada, cada función está calculada con precisión matemática y pasión contenida. La misma con que este demiurgo de la creación nos visitara hace 12 años como uno de los primeros bailarines de la compañía. En el vestíbulo, otro rito comienza: familias, parejas elegantemente vestidas, solitarios aficionados, periodistas y personas del mundo de la danza se han dado cita puntual para asistir a la temporada del Ballet Kirov en México, en esta oportunidad con las puestas en escena de Don Quixiote y el El lago de los cisnes, culminando con una extraordinaria función de gala. Tras bambalinas todo es correr, ajustar vestuarios, transformar los rostros con el maquillaje de una tradición que ya se ha convertido en parte de la cultura universal. 
Una vez que todas las localidades han sido ocupadas, algunas piezas de Bach, interpretadas por el Órgano Monumental recientemente restaurado preparan al público. Suenan las tres llamadas como cronómetro regresivo. Entonces se apagan las luces y el corazón late con la misma tensión que el preludio de la Camerata de las Américas dirigida por Boris Gruzin. 
Ser testigo de la locura del Quijote o voyeur de los amoríos del cisne es para el espectador un ejercicio de libertad. La música de León Minkus y la coreografía del inmortal Petipa nos regalan una de las escenas más amorosas de la obra de Cervantes. Quiteria es la damisela protegida por el caballero de la triste figura que busca rescatarla del infortunio y de la presión que su padre, don Lorenzo, ejerce para que su hija se case con el horrible y poderoso Camacho. Quiteria llora el amor de Basilio y el Quijote, siempre protector de las causas perdidas, busca salvar a la heroína de un matrimonio que no será feliz. Así pues, las interpretaciones de los bailarines rusos nos hacen creer en el desvarío con que el arte se apodera del alma. Ese desvarío cuyo sinónimo es la belleza. 
De igual manera, en El lago de los cisnes el agua nos envuelve en una historia que a fuerza de repetición ya es de todos. Pero así como mirar el agua es algo que nunca cansa, esta obra nos presenta de nuevo una historia hecha de trazos corporales que se convierten en el espejo de la pasión, la mentira, la muerte y la nostalgia con que navega la condición humana. Escuchar a Tchaikovski siempre es una explosión de intensidades múltiples; admirar la onírica escenografía de Simón Virsaladze e Igor Ivanov significa la posibilidad de apreciar en vivo a un ave inmortal vigilada por sus guardianes legítimos. 
Por último, en la noche de gala del 14 de mayo las puertas se abren para que el Kirov nos obsequie una muestra de lo mejor de sus coreografías. El movimiento empieza con una obra breve (quizá por que quisiéramos que no acabara nunca) y de gran intensidad: Las Sílfides, con música de Federico Chopin y coreografía de Mikhail Fokine. Ante nuestros ojos aparece un diorama que se desdobla para simular flores, encadenar brazos, hacer arcos con los pies y lanzar a los cuerpos que cortan el aire, regresándonos a la memoria a sus intérpretes originales: Anna Pavlova y Vaslav Nijinsky. Después del intermedio, la emoción dancística continúa como un gran banquete en el que se nos ofrecen los mejores momentos de Arlequinada, así como del Adagio de Frigia y Espartaco; las soberbias interpretaciones de Yulia Makhalina y Alexander Kurkov nos dejan pasmados. El Pas de Deux de La Bella Durmiente con Natalia Sologub y Andrey Merkuriev da lugar nuevamente a la impactante presencia de Yulia Makhalina en La muerte del cisne. El final del banquete llega con el Grand Pas de Don Quixiote en el que Andrian Fadeyev nos sorprende girando con aparente sencillez sobre su eje. Esa con la que se apodera del escenario y que únicamente se logra con todas las horas del tiempo dedicadas al ballet. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
El torbellino que termina nos deja atónitos. Se cierra el telón y, aún con el vértigo en la cabeza, el público se acerca hipnotizado al escenario para aplaudir por más de diez minutos. La compañía rusa recibe flores y bravos. Las luces se encienden y volvemos a la realidad. El demiurgo Makhar Vaziev nos ha hecho parte de su sueño y ahora desparece de su butaca dejando en nuestra memoria el hermoso recuerdo de la belleza de la que fuimos afortunados testigos.  


Cronología de un Monumento vivo
1738 La zarina Anna Ivanova inaugura una escuela coreográfica en San Petesburgo y la llama Escuela Imperial. 
1744 Con los egresados de dicha escuela se funda, con el nombre de Ballet Imperial, la primera compañía de Ballet. 
1801 Charles Louis Diderot, coreógrafo francés, permanece en la compañía por más de 15 años reformándola e impulsándola a la perfección técnica y a una mayor calidad artística. 
1860 Se construye el teatro Mariinsky y el Ballet Imperial toma el nombre de éste. 
1862 Llega a Rusia Marius Petipa como Maestro Imperial y crea más de 50 ballets para la compañía. 
1917 El Teatro cambia su nombre por el de Teatro Académico y Estatal de Ópera y Ballet, después de la Revolución de octubre. 
1935 El Teatro Académico Estatal de Ópera y Ballet toma el nombre de Ballet Kirov en honor del general soviético Sergei M. Kirov. 
1958-1959 Rudolf Nureyev y Natalia Makarova se gradúan en la Academia Coreográfica Vaganova e ingresan a la compañía 
1961 El Ballet realiza su primera gira en occidente visitando Paris, Londres y Nueva York. Nureyev deserta pidiendo asilo político en París. 
1992 El Teatro Kirov retoma su nombre original: Teatro Mariinsky. 
1995 Makhar Vaziev es nombrado director trayendo nueva energía e ideas frescas a una compañía que necesitaba urgentemente un cambio después de la caída del sistema soviético. 
2001-2002 El Ballet se presenta con gran éxito en el Auditorio Nacional. (K.O. y D.M.)

Programa I 
Don Quixote 
Ballet en cuatro actos con un prólogo 
Música: León Minkus 
Libreto: Maruis Petipa basado en la novela de Miguel de Cervantes. 
Coreografía: Marius Petipa, Alexander Gorsky (1902). 
Diseño de escenografía: Alexander Golovin, Konstantin Korovin. 
Premier: 20 de enero 1902, Teatro Mariinsky, San Petesburgo. 

ELENCO: 
Don Quixote: Vladimir Ponomarev 
Sancho Panza: Sergey Konstantinov 
Gamash: Vladimir Lepeev 
Lorenzo: Igor Petrov 
Kitri: Natalya Sologub, Yulia Makhalina 
Basilio: Leonid Sarafanov, Danila Korsuntev 
Espada: Andrey Merkuriev, Alekander Kurkov 
Bailarina callejera: Tatyana Serova, Natalya Tsyplakova 
Floristas: Yana Serebyakova, Tatyana Tkachenko 
Reina de las Driadas: Irina Zhelonkina, Elena Chmil 
Mercedes: Galina Rakhmanova 
Cupido: Elena Chmil 
Danza gitana: Natalya Tsyplakova, Islom Baimuradow 
Variación del 4to acto: Ekaterina Osmolkina 
Danza oriental: Natalya Tsypalkova 
Fandango: Alexandra Gronskaya, Andrej Yakovlev 


Programa II 
El lago de los cisnes 
Ballet fantástico en tres actos 

Música: Piotr Illych Tchaikovsky 
Libreto: Valdimir Begichev 
Coreografía: Marius Petipa Lev Ivanov 
Diseño de escenografía: Simón Virsaladze (primera versión), Igor Ivanov (segunda versión) 
Diseño de vestuario: Galina Solovieva 
Premier: 15 de enero de 1895, Teatro Mariinsky, San Petesburgo 
Premier de la versión de Konstantin Sergueyev: 25 de marzo de 1952, Teatro Kirov, Leningrado 

ELENCO: 
Odette-Odile: Yulia Makhalina, Sofía Gumerova 
Príncipe Sigfrido: Igor Kolb, Danila Korsuntev 
Madre de Sigfrido: Alexandra Gronskaya 
Tutor: Igor Petrov 
Bufón: Andrey Ivanov 
Rothbart: Alexandre Kurkov 
Pas de Trois: Natalya Sologub, Irina Golob, Leonid Sarafanov 
Cisnes pequeños: Elena Sheshina, Yana Selina, Elena Chmil, Elena Yushkovskaya 
Cisnes adultos: Tatyana Serova, Alexandra Iosifidi, Viktoria Kutepova, Yana Serebryakova 
Dos cisnes: Ksenia Ostreikovskaya, Ekaterina Osmolkina 
Danza española: Natalya Tsyplakova, Galina Rakhmanova, Islom Baimuradow, Vasily Scherbakov 
Danza napolitana: Polina Rassadina, Maksim Khrebtov 
Danza húngara: Lira Khuslamova, Andrei Iakovlev 
Mazurka: Alexandra Iosifidi, Viktoria Kutepova, Ekaterina Kovaleva, Soslan Kulaev, Igor Nikitin, Nikolai Naumov, Alexander Kliriov. 

Programa III 
FUNCIÓN DE GALA 

Las Sílfides (Chopiniana) 
Composición Coreográfica en un acto 
Música: Federico Chopin 
Coreografía: Mikhail Fokine 
Solistas: Irina Zhelonkina, Danila Korsuntsev 
Vals: Ekaterina Osmolkina 
Preludio: Sofya Gumerova 

INTERMEDIO 

Arlequinada, Pas de Deux 
Música: Ricardo Drigo 
Coreografía: Marius Petipa 
Solistas: Elena Sheshina y Andrey Ivanov 
Espartaco, Adagio de Frigia y Espartaco 
Música: Aram Khachaturian 
Coreografía: L. Yakobson 
Solistas: Yulia Makhalina y Alekander Kurkov 

La bella durmiente, Pas de Deux 
Música: Piotr I. Tchaikovsky 
Coreografía: Marius Petipa 
Solistas: Natalia Sologub y Andrey Merkuriev 

La muerte del cisne 
Música: Ch. Camille Saint-Saënz 
Coreografía: Mikhail Fokine 
Solista: Yulia Makhalina 

Don Quixote, Grand Pas 
Música: León Minkus 
Coreografía: Alexander Gorski 
Solistas: Irina Golub y Andrian Fadeyev 
Variación: Ekaterina Osmolkina 

CRÉDITOS 
Director artístico / Director del Teatro Mariinsky 
Valery Gergiev 

Director del Ballet Kirov 
Makhar Vaziev 

Orquesta 
Camerata de las Américas 

Director invitado 
Boris Gruzin 
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