martes, 9 de abril de 2002

Chicago: El encanto atemporal de una banda ejemplar

Foto: Colección Auditorio Nacional

World Tour 2002 / 9 de abril, 2002 / Función única / 7 899 asistentes / 
2:00 hrs. de duración / Promotor: OCESA presenta

Francisco Martínez Negrete
Viejos los cerros, pero reverdecen… podría ser el lema de ese acorazado potemkin del rock que, surcando los siete mares de la música, atraviesa un milenio para llegar de nuevo —por cuarta ocasión— hasta nuestras playas: Chicago. Con treinta y cinco años a cuestas de rocanrolear al mundo entero ¿qué no habrán visto sus ojos? Dinosáuricos como muy pocos (los Stones, Pink Floyd, Moody Blues…) Chicago insiste en la virtud capital de la perseverancia de ese su estilo singular (mezcla de pop, jazz, rhythm & blues, música clásica, hard rock, funk y hasta disco) que su público —de Taiwán a Coyoacán— conoce, admira y disfruta hasta el delirio. México no podía ser la excepción. Para los que crecimos y maduramos el film de nuestras vidas con el frecuente soundtrack de su música, acudir a escucharlos al Auditorio Nacional constituía una suerte de quiromancia personal, de rito obligatorio, de esperado reencuentro con nosotros mismos. Lo pudimos constatar al irse llenando la Casa Grande de México con una peculiar y nutrida legión: la de seguros ex-jipitecas ex-clasemedieros (las greñas, los sueños, la clase media ¿dónde quedaron?…) venidos a abrumados, rollizos, semicalvos cuaren y cincuentones, ataviados, la gran mayoría, en uniforme casual reglamentario: anteojos de prescripción, chamarra negra, jeans o chinos, infaltable celular y respetable señora al brazo. Muchos con sus hijos y hasta con los hijos de sus hijos. Ah, pero eso sí, arrastrando los embates del tiempo con la sonrisa y el espíritu incólumes y como queriendo presumir a los más chavos: “esto que vas a oir sí es música chida”. Al igual que a muchos de nosotros, de sus contestatarios, explosivos inicios a su paulatina moderación hacia un pop más suavecito y digerible hasta la actual y bien ganada respetabilidad de su segundo aire, a la banda le ha pasado, simplemente, la vida. A lo largo de dos generaciones, hoy por hoy Chicago ha venido a convertirse en un acto familiar por excelencia. 

Pasadas las 8:30 el chipi-chipi de la ovación esporádica fue ganando fuerza hasta estallar en aguacero: con un rugido enorme México recibía a Chicago. 
Entre súbitos resplandores apareció la banda. Ahí estaban los dinásticos mamuts imperiales y sus doradas trompas: Walt Parazider al sax, Lee Loughnane en la trompeta, el trombón de Jimmy Pankow, y —el cuarto mosquetero originario— el legendario Robert Lamm al órgano; Bill Champlin, con la banda desde 1981, encargado del piano; Jason Scheff, quien sustituyera a Pete Cetera en el bajo y la voz en 1985; el marmóreo Tris Imboden, que reemplazara a Danny Seraphine en la bataca en 1990 y la megafonquilira —tan reminiscente del estilo de Terry Kath— del más chaval del grupo, Keith Howlander, con Chicago desde 1995. El escuadrón completo recibe la ovación y arranca con “Ballet” como intro para desembocar en “Make Me Smile” y “Colour My World” tras la cual Robert Lamm toma el micrófono: “Muchas gracias. ¿Cómo están, México? Es maravilloso estar aquí esta noche. Vamos a tocar muchos éxitos para ustedes. Damas y caballeros, ustedes son mi inspiración”. Continúan con “You’re the Inspiration” y “Wake Up Sunshine” y los incrédulos pelan los ojos: la primera fidelidad de la banda es con su sonido característico y la voz soulera de Champlin remite a la de Kath, los tonos agudos de Scheff se parecen a los de Cetera y, para desvanecer cualquier duda, Chicago sigue sonando bastante más o menos como Chicago. 
Tras varios éxitos la sección de alientos se retira para dar lugar a un set acústico. Bill Champlin toma la guitarra y entona “Here In My Heart”, y muchos tortolitos se agarran de la mano y mirándose embelesados suspiran recordando tiempos idos. Luego será Jason Scheff quien prolongue el sortilegio al interpretar “Happy Man” acompañado por Walt Parazider en la flauta transversa, para concluir con “Rainy Day In New York City” en voz de Robert Lamm y dedicada a la mismísima ciudad tras la tragedia del 11 de septiembre. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
La banda regresa para lo que sería la tercera —y más prendida— parte del concierto. “Saturday”, “Feeling Stronger”, “Just You And Me” ponen a corear a todos. Con un impresionante solo de batería, Tris Imboden da lugar a “Beginnings”, “Does Anybody Really Know What Time It Is?”, “I’m A Man”… y la ovación cimbra al Coso. El personal comienza a echar chispas cuando Chicago se va. Tres sucesivos encores culminan con la rendición sublime de “25 Or 6 To 4” y el Auditorio estalla en aquelarre. Los maestros finalmente se despiden de México, aseguran regresar pronto y nos regalan como chill out “In The Mood” de Glenn Miller, con la que Chicago se inscribe, con absoluta justeza, en la noble y venerable tradición de las grandes bandas norteamericanas. 
Cronología

1966. El 15 de febrero, reunidos en un departamento en la ciudad de Chicago, Terry Kath, Jimmy Pankow, Lee Loughnane, Danny Seraphine, Robert Lamm y Walt Parazaider deciden dedicar sus vidas y energías a conformar una banda: The Big Thing. 
1967. Ofrecen su primera tocada en el GiGi A Go Go de Lyons, Illinois. En diciembre se les une la pieza faltante: el bajista Peter Cetera. 
1968. Jimmy Guercio se vuelve manager de la banda y bajo el nombre de Chicago Transit Authority se los lleva a vivir a Los Ángeles.
1969. Graban en Nueva York su primer disco: Chicago Transit Authority, un álbum doble que con rolas como “Questions 67 And 68” y “Begginings”, impacta al circuito underground. Reducen su nombre a Chicago. 
1970. Dedicado “a la gente de la revolución y a la revolucion en todas sus formas” Chicago II los lanza a la estratósfera. A lo largo de la década grabarán 14 discos. 
1978. Un accidente con arma de fuego ocasiona la muerte de Terry Kath. Su lugar será ocupado por sucesivos guitarristas —Donny Dacus, Chris Pinnick, Dawayne Bailey—hasta la llegada de Keith Howland. 
Los 80. El torrente de discos y hits continúa: “Hard To Say I’m Sorry”, “Stay The Night”, “Hard Habit To Break”, “You Are The Inspiration” … reafirman su estatus como una de las bandas más carismáticas de la década. Bill Champlin y Jason Scheff ingresan al grupo. Alcanzan su 20ava producción Greatest Hits 1982-89
Los 90. Tris Imboden sustituye a Danny Seraphine. Producen Chicago XXI, Stone Of Sisiphus (que no sale a la venta) y Night And Day (con música swing de las grandes bandas). Keith Howlander entra a la banda. Vienen a México, al Auditorio Nacional. 
2002. Como parte de su World Tour 2002 la banda retorna al Coloso de Reforma. (F.M.N.)

Programa
You´re The Inspiration / Wake Up Sunshine / Hard Habit To Break / Old Days / Look Away / Searching So Long / Here In My Heart / Happy Man / Rainy Day / Saturday In The Park / Feeling Stronger Every Day / Just You And Me / Beginnings / Does Anybody Really Know What Time It Is? / I´m a Man / Hard To Say / Get Away / If You Leave Me Now / Free / 25 Or 6 To 4.
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