sábado, 9 de febrero de 2002

Gustavo Cerati: Un pequeño príncipe porteño

Foto: Colección Auditorio Nacional


11 Episodios sinfónicos / 9 febrero, 2002 / Función única / 9 563 asistentes / 

1:30 hrs. de duración / Promotor: OCESA Promotora, S.A. de C.V.
David Miklos
Poco a poco, los músicos ocupan sus sitios en el escenario y se suman a la orquesta. El público parece ignorarlos; algunos incluso se muestran asombrados ante la ausencia de los instrumentos típicos de un concierto de rock: las guitarras, el bajo y la batería. En su lugar, las cuerdas, los alientos, los metales y un conjunto variopinto de percusiones le dan al Auditorio un aspecto de solemne elegancia. 

Nadie repara en el primer violín de la Camerata de las Américas –sus colegas más cercanos, como es habitual, le dan la mano; el resto, inclina sus instrumentos a manera de saludo– y sólo hasta que el director aparece, encarnado en un saltamontes vestido de frac sin pajarita, la audiencia ruge. Entonces hace entrada la estrella de la noche: Gustavo Cerati, disfrazado de conde transilvano-porteño y sin su habitual guitarra colgada del hombro; es a él a quien el aplauso corresponde. 
El director –más adelante sabremos que se trata de Alejandro Terán, también arreglista de los temas que serán interpretados– agita la batuta y el sonido prístino de los timbales y los platillos, seguidos de un arpa y las cuerdas en pleno, acalla aplausos y alaridos; se nota de inmediato que en el Coso se estrena un muy buen equipo de sonido. El juego de luces es sencillo: una pantalla blanca detrás de la orquesta que cambia de color según el ánimo camaleónico de las melodías, sobre la que se proyecta la sombra unitaria de los músicos, cual bestia sinfónica y etérea, a ratos pintada de un color que contrasta con aquél del fondo. 
A la breve obertura sigue la voz de Cerati y la primera estrofa de “Canción animal”, pronto convertida en un escalofrío colectivo: son millares de recuerdos, apilados desde inicios de los ochenta, los que afloran en una de las signaturas vocales más famosas del rock en nuestro idioma. Inmutable y gélido, el príncipe de rulos dorados canta enfundado en su casaca negra de forro rojo, solitario en su pequeño planeta sin Soda Stereo; apenas se distingue su cara, oculta por claroscuros y magnificada en el par de pantallas que cuelgan frente a las pipas del órgano monumental. 
Una breve pausa sirve para que Cerati, aún distante en su nube albiceleste, salude a México, provoque un alarido en masa y de pie a la seductora “Bocanada”. Los arreglos sinfónicos de Terán son notables y, a falta del latido del bombo y el redoble de la tarola, los timbales retumban a la menor provocación, acompañados de un enigmático theremin y un coqueto xilófono, este último a manos de Alfredo Bringas, miembro del ensamble mexicano Tambuco. 
“Corazón delator” y “El rito” –una de las primeras canciones del extinto Soda Stereo y su ya clásico álbum Nada personal– sirven de viaje a través del túnel del tiempo; los casi diez mil asistentes al concierto las cantan a coro y sin tacha. “Fue”, interpretada entre ambos éxitos, es la primera sorpresa de la noche: un grato estreno que no se incluye en la grabación de los 11 episodios sinfónicos. Un instrumental, “A merced”, sirve de descanso al príncipe del amplio abrigo, quien desaparece brevemente del trono y camina hacia el backstage como a través de su personalísima niebla centroeuropea, mientras Terán muta en canguro y lleva a la orquesta a un breve y solitario éxtasis. 
Cerati reaparece para cantar “Raíz”, dedicada con melancólico afecto a su Argentina en crisis: “¿Qué otra cosa es un árbol más que libertad?... A nuestro amor, nunca podrán sacarlo de raíz.” Su cabellera se enciende como el pabilo de una vela y la estrella cede a su calidez. A ratos, su mano izquierda parece extrañar a su guitarra y cuelga casi independiente de su brazo, como un pequeño títere de cinco extremidades; la derecha, siempre ocupada –acaso distraída– por el micrófono. 
Los primeros acordes de “Sweet sahumerio” son de una psicodelia indiscutiblemente Beatle, acaso un homenaje tras bambalinas al póstumo George Harrison y a las epifanías sinfónicas de Ravi Shankar. Luego viene “Lisa”, segundo estreno de la velada –lleva el nombre de la hija de Cerati, fruto del matrimonio con su ex esposa Cecilia– y que, en algún momento, le arranca un reflexivo “Ah, caray” a nuestro héroe, quien recorre el escenario de un lado a otro y de regreso, como una pantera negra tras los barrotes de su recuerdo. 
 
Foto: Colección Auditorio Nacional
Cerati se deschonga con sus siguientes entregas: “Verbo carne” y “Persiana americana”, antiguo éxito de los Soda, ahora revestida de una cachondería sublime. La rola, a modo de cuarteto de cuerdas y eco schubertiano, invita a un striptis y se escucha el eco de quien, al inicio del concierto, le gritara al príncipe porteño que se quitara el abrigo, con ánimo de ¡Mucha ropa! “Un millón de años luz” sirve de emocional cierre, luego de un cómico tropiezo con la aparatosa casaca: Cerati abandona el micrófono, empuña la batuta que Terán le ofrece y da un épico salto final. El aplauso es masivo. La orquesta permanece en su sitio, atiende a que el director y el cantante regresen al escenario para satisfacer a la audiencia con “Signos” y un tercer estreno: la eufórica “Hombre al agua”, cuyo arreglo es lo más cercano al rock que interpretarán esta noche. Como en todo buen y ortodoxo concierto sinfónico, el último encore hace honor a su nombre: “El rito”, favorita de músicos y director, es interpretado de nueva y climática vuelta. El aplauso sólo cede hasta que las luces se encienden, el escenario se vacía y la audiencia deja de ser una.


Cronología
1959 Nace Gustavo Adrián Cerati en Buenos Aires, Argentina, el 11 de agosto. Primogénito de una familia de tres hermanos, el único varón del clan Cerati muestra una fuerte inclinación musical desde pequeño: sus estudios de guitarra comienzan a los nueve años; a los 12, forma un trío con el que se presenta en fiestas particulares. Precoz, se convierte en director del coro de la iglesia. 
1979 Conoce a Héctor Zeta Bosio, futuro bajista de Soda Stereo, en la Universidad de El Salvador, en donde estudiaba la carrera de Publicidad. Conocen a Charly Alberti, baterista. 
1982 Nace Soda Stereo, nombre inventado durante sus arduas jornadas en la facultad. 
1983 Primeras presentaciones del grupo en discotecas y cafés, junto con bandas como la mítica Sumo y Los Twist. Firman contrato con CBS. 
1984 Graban su disco debut, Soda Stereo, y lo presentan en el Teatro Argos de Buenos Aires. 
1985 Nada personal los consagra. 
1986 Con Signos y Ruido blanco (en vivo) nace, en definitivo, la sodamanía. 
1988 Graban Doble vida, en Nueva York bajo la producción de Carlos Alomar. 
1992 Comienza la carrera solista de Gustavo con Colores Santos (en colaboración con Daniel Melero), y aparece Dynamo, quinto cd de Soda Stereo. Cerati se casa con la chilena Cecilia Amenábar. 
1993 Nace su primer hijo y Amor amarillo, segundo disco solista. 
1995 Luego de una temporada de reposo, son lanzados Sueño Stereo, opus magnum de la banda y Comfort y música para volar (1996), en vivo con los bonaerenses. 
1997 Soda Stereo anuncia su separación; se graba El último concierto, en el Estadio River Plate ante 70,000 personas. 
1999 Bocanada da inicio a la carrera definitivamente solista; recibe críticas elogiosas. 
2000 Se asoma medio tiempo (junto con Café Tacuba) y por primera vez solo en México, en el Auditorio Nacional (Bocanada al Revés, 13 de junio). 
2001 El 6 de agosto, en el Teatro Colón de Buenos Aires, se presenta 11 episodios sinfónicos, editado en 2002. (D.M.)

Programa
Canción Animal / Bocanada / Corazón delator / Fue / El rito / A merced / Raíz / Sweet sahumerio / Lisa / Verbo carne / Persiana americana / Un millón de años luz / Signos / Hombre al agua.

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