sábado, 6 de diciembre de 1997

Itzhak Perlman: El maestro del gozo

Foto: Colección Auditorio Nacional

Velada sinfónica con Beethoven y Noche de música Klezmer / 6 y 7 de diciembre, 1997 /
 2 funciones / 9, 263 asistentes / 1:30 hrs. de duración 

Sofía González de León 
No son muchos los ejemplos de músicos que reúnen, además de prodigiosa maestría, verdaderas cualidades humanas. Itzhak Perlman es uno de ellos. Si hubiera que definirlo en pocas palabras, otorgarle un apodo, habría que llamarlo El maestro del Gozo. Porque su sonrisa permanente es auténtica, al igual que su desbordante simpatía, sentido del humor y capacidad de disfrutar la música, que no es más que la expresión de su loco amor por la vida. Congruente con la dimensión de su grandeza, antepone a todo su misión humanista. La Medalla de la Libertad otorgada por el presidente norteamericano en 196 no es más que un símbolo de lo que ha representado la titánica labor de uno de los más prolíficos y versátiles violinistas de nuestros tiempos. 

Perlman es un ejemplo contundente –del mismo vuelo que Arthur Rubinstein o Yehudi Mehuhin- de cómo el arte de los sonidos puede adquirir un poder extraordinario y conquistar corazones por encima de guerras y diferencias religiosas, políticas o culturales. Por si fuera poco, este genio –quien a los cuatro años de edad fuera víctima de una epidemia de polio- se ha convertido, además, en un firme activista defensor de los derechos de los discapacitados. También es un gran conferencista, maestro y guía de miles de jóvenes músicos. La prensa lo ha calificado como “invaluable embajador del espíritu humano” y esto no es exagerado. 
Hijo de un peluquero, Itzhak Perlman nació en Tel Aviv (Israel) en 1945 y tomó clases de violín desde muy pequeño. A los 13 años se lo llevaron a Nueva York para presentarlo en el famoso show de TV de Ed Sullivan para niños dotados. Al poco tiempo fue becado por la prestigiosa escuela de música Julliard y por la Fundación Americana Israelí. A los 18 años ganó el primer premio del concurso Levintritt, para acceder de inmediato a la vida profesional con una extensa gira por 50 ciudades de Estados Unidos. En 1965 regresó a su país natal a ofrecer una serie de ocho conciertos, acompañado por la Orquesta Filarmónica de Israel, que causaron verdadera sensación. Al año siguiente repitió la misma serie en la ciudad de Nueva York con un éxito apabullante que terminó por abrirle, de par en par, las puertas hacia la fama internacional. 
Perlman ha grabado casi completo el repertorio para violín desde el Barroco hasta el siglo XX; solos, música de cámara (con otros gigantes como él), y acompañado de las más grandes orquestas del planeta. Su extrema facilidad para hablar a través de ese instrumento y su talento “totalmente ilimitado” (así lo calificó Isaac Stern) lo han llevado a incursionar en toda clase de géneros como el jazz (con André Prévin u Oscar Peterson), el ragtime (de Scott Joplin), la música para cine (solos de violín en La Lista de Schindler de Steven Spielberg, con música de John Williams), entre otros. El álbum Itzhak Perlman Collection (en 20 CD’s) es tan sólo una muestra de la increíble versatilidad de este excepcional ejecutante. 
Con esa incansable actividad y gracias a su enorme carisma, entusiasmo, soltura y espontaneidad, goza hoy en día de una categoría de superestrella que pocos alcanzan en la música de concierto. Ha aparecido en la portada del Newsweek (1980), ha participado en numerosos programas de TV (incluido el infantil Plaza Sésamo) y es ganador de 15 premios Grammy. Sus grabaciones han estado regularmente, a lo largo de 30 años, en las listas de los discos más vendidos del orbe. 
En los conciertos que Perlman ofreció en el Auditorio nacional pudimos apreciar las dos facetas más significativas de este músico, las dos mitades de su alma: la música clásica de concierto y la música tradicional judía, en una de sus ramificaciones: la llamada klezmer
En el primer programa pudimos disfrutar de su dominio absoluto del estilo clásico-romántico con el Concierto para violín y orquesta de Beethoven, que el mismo Perlman califica así: “si no el más grande, sí el mejor”. Su brillantísima interpretación fue excelentemente secundada por la fina batuta de Enrique Arturo Diemecke y una espléndida OSN, en lo que fue el penúltimo concierto de su Temporada de Otoño. No sólo disfrutamos del hermoso sonido de un Guarnieri del Jesu de 1742, sino que pudimos comprobar una vez más que en manos de un maestro, este concierto (tocado hasta el cansancio) resultaba una joya renovada: porque uno ya no se fija en cómo toca el señor, uno se transporta directamente al significado más profundo de este poema hecho música. Perlman tuvo que salir tres veces a recibir los aplausos del público. 
El segundo programa fue una recreación de parte del recital ofrecido en 1995, en Polonia, cuya grabación Live in the Fiddler’s House ha vendido más de 100 mil copias en el mundo. Se trata de una muy rica antología de la música klezmer a cargo de tres de las mejores bandas actuales del género (en el concierto original son cuatro), a las cuales Perlman añade su virtuosismo para disfrutar de esa música que considera parte esencial de su vida, pero también para darle una amplia difusión en las grandes salas de concierto internacionales. 
La música klezmer es una tradición de la cultura judía de Europa del este (desde el Báltico hasta el mar Negro) que ha evolucionado a lo largo de mil años. Es producto de una rica amalgama de influencias (polaca, rusa, húngara, gitana, romana, griega, turca…), y tuvo que sobrevivir dos grandes opresiones en la historia: a Hitler y a Stalin; pero a partir de la década de los 70 se halla en pleno florecimiento y transformación. Hoy en día son muy numerosos los grupos que la interpretan. Basta echar un ojo a las diferentes páginas del internet dedicadas a este revival: hay desde los muy apegados a la tradición (música para fiestas, bodas u otras ceremonias civiles, o servicios del calendario litúrgico de las sinagogas) hasta los más experimentales que llegan a fusionarla con reggae, rock, blues, y otras manifestaciones de las llamadas músicas del mundo. 
De los grupos que se presentaron en el Auditorio, el más innovador y con una historia muy interesante (ha colaborado con poetas tan anticonformistas como Allen Ginsberg) fue The Klezmatics. Pero no se quedaron atrás en musicalidad e inventiva las piezas más tradicionales de la Klezmer Conservatory Band (más en el estilo de las grandes bandas) ni las más jazzísticas de la legendaria orquesta de Andy Statman, considerado el pionero del resurgimiento de la música klezmer y uno de los más grandes clarinetistas (virtuoso de la mandolina y compositor) norteamericano de nuestros tiempos.

Foto: Colección Auditorio Nacional
El concierto fue una deliciosa fiesta del corazón –el público no se guardó las exclamaciones de júbilo- donde el paganismo y el misticismo se fundían de manera excepcional: se recordaron los aspectos más formales de esta música, los más espirituales (nada exentos de melancolía), así como los más cercanos a la teatralidad y al espíritu gitano. Al final, Itzhak Perlman pidió al público expresara con todo el cuerpo su alegría: se formaron largas serpientes y círculos de espontáneos bailarines, algunos visiblemente hábiles y orgullosos de esta hermosa tradición colectiva. 

Retrato parlante 
Nombre: Itzhak Perlman 
Fecha y lugar de nacimiento: 31 de agosto de 1945, en tel Aviv, Israel. 
Primeros estudios: en la Academia de música de Tel Aviv, luego en la escuela Julliard de Nueva York, con Ivan Galamian y Dorothy DeLay. 
Primera aparición en TV: en el Show de Ed Sullivan, a los 13 años. 
Debut: en 1963, Carnegie Hall, Nueva York. 
Otras gracias: maestro, conferencista, conductor de programas de TV (Live from Lincoln Center, A Musical Toast, Mozart by the Masters, Three Tenors, Encore! (transmisión mundial, desde el Estadio Dodgers de Los Angeles). Su documental Perlman en Rusia (viaje a la Ex-Unión Soviética) fue premiado como el Mejor Documental Musical del Año (1990).


Programa 
Beethoven 
Obertura Egmont, opus 84 / Sinfonía No. 5 en do menor opus 67 / Concierto para violín y orquesta en Re Mayor, opus 61. 
Intérpretes: Itzhak Perlman 
Orquesta Sinfónica Nacional 
Director: Enrique Arturo Diemecke 

Música Klezmer 
In the Fiddler’s House 
Intérpretes: 
Itzhak Perlman 
Los Klezmatics (seis integrantes: voces, clarinet, clarinet bajo, tambor, trompeta, piano, teclado, bajo, acordeón, violín). 
La Klezmer Conservatory Band (11 integrantes: coros, clarinete, violín, flauta, corneta, trombón, piano, bajo, mandolina, guitarra, saxofón, acordeón, bajo, tambor, percusiones) 
Orquesta Klezmer de Andy Statman (cuatro integrantes: clarinete, mandolina, contrabajo, tambor, percusiones, piano) 
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