viernes, 28 de noviembre de 1997

Vicente Fernández: El último gran ídolo

Foto: Colección Auditorio Nacional

Estatua de marfil / 28 y 29 de noviembre, 1997 / 3 funciones / 

24, 789 asistentes / 3 hrs. de duración 

Arturo García Hernández

Vicente Fernández es el último gran ídolo de la canción popular mexicana en este siglo. Con excepción de Juan Gabriel, nadie más se le acerca en este terreno. Porque decir ídolo, es hablar de la categoría máxima a que puede aspirar alguien que trabaja de cara al público (actor, cantante, deportista, bailarín, etc). A un ídolo lo avala una trayectoria; es la suma de experiencia, talento y carisma; no sólo se le admira, se le venera; un ídolo no nace solo ni se inventa, se hace día a día en y con el pueblo; un ídolo ya no necesita probar nada, siempre es mejor a sí mismo, está más allá del bien y del mal. 

A diferencia de otros, que por desgracia no vivieron lo suficiente para gozar a plenitud su calidad de ídolos, Chente –como cariñosamente le llaman sus seguidores- sí ha tenido ese privilegio. Lo dijo antes de celebrar sus 30 años de carrera en el Auditorio Nacional: “Yo he disfrutado durante más años en vida del cariño de la gente que Pedro Infante, Jorge Negrete o Javier Solís. Ellos tuvieron poco tiempo para acariciar estos momentos. Fallecieron antes de saborear sus mayores conquistas. Yo llevo ya 30 años y eso sólo se lo debo a Dios y a mi público”. 
No es que el Charro de Huentitán esté reclamando la gloria de nadie. Cada uno tiene su propio y merecido lugar en los afectos colectivos. Y Chente, por su parte, ha manifestado sin tapujos su admiración por sus antecesores musicales. Pero una cosa es cierta: “Yo no he necesitado morirme para vivir lo que a lo mejor ellos no conocieron y por eso es mi agradecimiento, pues aún puedo platicarlo y disfrutarlo y no estoy detrás de un cristal rodeado de gente derramando lágrimas”. 
La celebración de Vicente Fernández en el Auditorio fue la constatación plena de sus palabras. Desde que apareció sobre el escenario se repitió lo que ya es costumbre en sus conciertos: una inmediata y estrecha relación entre ídolo y audiencia. Si usted estuvo ahí, no nos dejará mentir. Y si no, créalo: el coso se venía abajo con cada palabra o canción que salía de la boca de nuestro máximo intérprete vernáculo vivo. 
No era para menos. Tres décadas de carrera se dicen rápido, pero antes de alcanzar la cúspide, tuvo momentos difíciles, de rechazo, o ninguneo, de precariedad y lágrimas. Sin embargo, lejos de vencerlo o amargarlo, la contrariedad lo fortaleció: “Si no fuera porque sufrí tanto, no disfrutaría lo que tengo. Me hice como las herraduras de los caballos, con los golpes de la vida”. 
En ocasión tan especial, Vicente Fernández no quiso desmerecer la admiración del sector femenino de su público y bajó 20 kilos de peso: “ya estaba panzón, era talla 36 de pantalón y tengo que respetar a mi público. Además de que para portar el traje de charro no cualquiera puede y no quería parecer costal de botones”, había dicho días antes. 
Así, esbelto y enfundado en un elegante traje gris con botonaduras de oro, el autor de “Las llaves de mi alma” se reencontró con el público del Distrito Federal, después de tres años de ausencia. Cantó durante casi tres horas alrededor de 50 temas de compositores emblemáticos de la canción vernácula: José Alfredo Jiménez, Martín Urieta, Juan Gabriel, Fernando Z. Maldonado, Federico Méndez, y por ahí se coló una del brasileño Nelson Ned. Fue una antología inolvidable de lo más representativo de su repertorio (reunido en 46 álbumes de los que en total ha vendido 40 millones de copias). De todo hubo: rancheras, bravías, boleros, corridos; canciones para recordar, para llorar, para cortarse las venas, para gritar a todo pulmón, de amor y despecho; las clásicas y las nuevas. ¿Quién podía permanecer inmutable ante “Volver, volver”, “Por tu maldito amor”, “De qué manera te olvido”, “La ley del monte”, “No me sé rajar”? 
Respaldado por el Mariachi Chapala (seis violines, dos trompetas, una guitarra, un guitarrón) y el tecladista Javier Ramírez, el Suegro de México (como le dicen las fans de su hijo Alejandro) inauguró la fiesta con “El jalisciense”, y de ahí pa´l real.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Según lo requiriera el momento, la voz de Vicente podía ser cálida o festiva, susurrante, melancólica o vehemente, llevando a sus seguidores a un paseo por todo tipo de emociones y estados de ánimo. La entrega entre la audiencia y el ídolo fue total. Ninguna de las partes se reservó nada. Por eso al final el Charro de Huentitán tradujo en palabras las sensaciones recogidas en la celebración: “Para mi no hay como el cariño que ustedes me dan, esa es la mejor medicina que he encontrado para aliviar mis males, así que gracias a esos aplausos, y porque quiero seguir escuchando más, es que siempre, siempre, los complaceré y les daré lo mejor de mi”. 

Acompañantes 
El Mariachi Chapala de León, Guanajuato y el tecladista Javier Ramírez. 

Retrato parlante 
Nombre completo: Vicente Fernández Gómez. 
Lugar y fecha de nacimiento: Huentitán el Alto, Jalisco, México, 17 de febrero de 1940. 
Estudios: no pasó de 5º de primaria, pero a los ocho años ya se acompañaba de una guitarra. 
Número de álbumes grabados: cerca de 50 
Número de películas en que actuó: 32. La primera fue Tacos al carbón. Destacan: Jalisco nunca pierde, El hijo del pueblo, La ley del monte, El Tahur, Juan Charrasqueado, Por tu maldito amor, Querido viejo… 
Programas de televisión que ha conducido: Noches tapatías y Homenaje. 
Como padre se considera: “soy un poco fuerte cuando tengo que llamar la atención. Pero desde que me acuerdo, nunca les he pegado a mis hijos. Quizá soy posesivo con ellos pero es por el mismo amor que les tengo. Soy como una gallina que sobreprotege a su familia”. 
Sobre la retirada: “el día en que empiece a fallar la garganta, ese día me tengo que retirar… igual que lo hice con el cine: yo quería que la gente me recordara de una cierta edad”. 
Sobre las edades del hombre: “el hombre tiene la edad de la mujer que acaricia. Por eso hay viejos jóvenes y jóvenes viejos”. 
Ventas: ha vendido más de 40 millones de copias de sus discos.



Algunas de las canciones interpretadas 
Aunque me duela el alma / Acá entre nos / Por tu maldito amor / De qué manera te olvido / Ella / Volver, volver / Hermoso cariño / Motivos / Qué de raro tiene / Amor eterno / Las llaves de mi alma / Cruz de olvido / Guadalajara / El jalisciense / No me sé rajar / Voy a navegar / Aquí el que manda soy yo / Mi viejo / Ya lo sé que tu te vas / Lástima que seas ajena / El rey / Guadalajara / Nos estorbó la ropa / Estatua de marfil / La ley del monte / Serrana / El tiempo / A pesar de todo / De un rancho a otro / Nosotros / Nuestro juramento / Mujeres divinas / Mi vejez.
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