miércoles, 19 de noviembre de 1997

Nacho Cano: Sólo para hombres muy hombres

Foto: Colección Auditorio Nacional


El lado femenino / 19 de noviembre, 1997 / Función única / 

4,121 asistentes / 2:00 hrs de duración 

Francisco Martínez Negrete 
Imagínese usted, por un momento, que se transforma en su mujer. Sí, su mujer: su esposa, compañera, novia, amiga, amante o adversaria, como prefiera llamarla. Mientras su cuerpo se suaviza y redondea agradablemente, su visión del mundo cambia, se vuelve más receptiva y compasiva, más silenciosa y conectada con la tierra, la luna y los ciclos naturales. En suma, menos agresiva y expansiva pero más intuitiva, delicada y comprometida; más inmediata, más real. Abra los ojos. ¿Valió la pena el ejercicio? Ahora, sin perder un gramo de hombría y amor por el sexo opuesto, incorpore ese espíritu a su vida. De entrada, se sentirá un ser más equilibrado, menos discordante, más atento, armonioso y atractivo. Sin duda, usted se volverá un mejor amante, y ella, o ellas, lo agradecerán. Y si además usted logra traducir todo ello en términos musicales, se encontrará muy cerca de comprender el espíritu que animó a Nacho Cano en su más reciente producción: El lado femenino, y en la subsecuente gira de promoción de éste, su segundo álbum como solista, por varios países de Latinoamérica, para culminar, en México, con dos magnos conciertos en el Auditorio Nacional. 

Primero fue Nacho Cano, en las postrimerías de la España franquista: lo imaginamos avispado mozalbete oyendo de seguro a los Beatles y a Procol Harum mientras lentamente germinaba en él un sueño: llegar a crear y tocar un sonido tan sutil y tan distinto que pudiese enternecer el corazón del cielo. Lo vemos aprendiendo piano, solfeo, avanzando el arduo camino hacia la maestría que le permitirá dominar múltiples instrumentos. Luego fue la marcha, a fines de los 70, en una España posmedieval y ávida de tardía sicodelia y, junto con Eduardo Benavente y Toti Arboles, Nacho Cano formaría su primer grupo, plataforma esencial para ensayar el vuelo. Se acercaba al nacimiento de ese cometa cuya intensísima cauda vendría a singlar la bitácora de toda una generación: Mecano, esa afortunada conjunción de talentos y sensibilidades, los de Nacho, su hermano mayor José María (indistintamente teclados, guitarras y voces, compositores ambos de su propio material) y la inequívoca voz de Ana Torroja, cuya cascada de cristal habría de dar el sello característico y forma más depurada a la expresión del grupo. Reyes absolutos del pop español, venerados en México y en toda Hispanoamérica, después de una decena de discos deciden por un rato distanciarse para perseguir sus propios sueños. 
De nuevo Nacho solo, el enfant terrible del pop español y Un mundo separado por el mismo Dios (1994) –ese ambicioso proyecto en el que da rienda suelta a su creatividad y enorme capacidad orquestativa y en el que hace patente su simpatía por la sensibilidad de la cultura tibetana –malamente apreciado por la tapiada sordera de la crítica subyugada al imperio de lo convencional. Y Nacho, nada convencional, responde ahora con la sutileza de un álbum salido del hemisferio derecho de su cerebro, un álbum donde el yin predomina sobre el yan: paradigma de delicia musical en el que la suavidad se vuelve sutil intensidad en 10 cortes –sobre el amor logrado, el perdido, el divino, la naturaleza de lo femenino, las vicisitudes de la historia y el desastre ecológico, entre otros temas- compuestos, en palabras de su autor, “bajo la percepción de una mujer y con una visión radicalmente distinta a la de los hombres”, e interpretados por el mismo Cano y un ramillete de estupendas voces femeninas. 
“¡Señoras y Señores, Ladies and Gentlemen… Naaaaacho Cano!”: y se hicieron las luces y empezó el pandemónium. Nacho, vestido de negro y con levita plateada, en la guitarra y la programación de los sintes, acompañado de dos despampanantes bailarinas, tres músicos (bajo, teclados, batería) y, a la izquierda, sobre un podio, tres divinas coristas. El público heterodoxo: fresas, darkies, punks, neohippies, tecnos, grunges, yuppies… y uno que otro despistao… toda la fauna congregada para la comunión de la energía que empezó a fluir arrebatadora y electrificante desde la primera canción “50, 60 y 100 palabras”, seguida por los prodigios instrumentales de “El profesor de danza” y otros cortes de Un mundo separado por el mismo Dios, alternados con las nuevas rolas. Nacho sale y regresa –en el paroxismo de la neo sicodelia- con sombrero de plumas amarillo canario y abrigo de peluche verde limón, las chicas super sexy en prendas cortísimas y la banda, de plano, instalada en la catarsis que su música logra cuando libera el espíritu para reflejarlo en miles de rostros –y corazones- radiantes. Con las demás rolas de El lado femenino logra prender al circo a toda marcha: Nacho Cano canta, baila, moja al auditorio, le arroja baldes de confetti plateado. En el puro deleite de la energía liberada se avienta, de un tirón, sus mejores rolas de Mecano, que se suceden, ahogadas por el estruendo delirante del personal al derretirse en una sola voz, en un gigantesco corazón que lo reclama. Las fans aúllan fuera de sí. Nacho siente la vibra y estalla: “Si no fuera por el impedimento de los mexicanos, haría el amor con todas ustedes”. Se despide. Nadie quiere que se vaya y regresa transformado –body short dorado, botas rojas, peluca rubia platino- en “La Nacha”, sexta Spic (e) Girl, para parodiar, junto con sus cinco chicas, “Wanna Be”, el hit mundial de las muñequitas británicas. Y al asombro suceden las carcajadas de su público, cómplice al fin. Ahora sí, Nacho se va no sin antes rematar de nuevo con “Vivimos siempre juntos”, ese himno a la perdurabilidad del amor, en este caso de un artista como Nacho con su público, el mexicano, “el público más cojonudo que me he encontrado”.
Foto: Colección Auditorio Nacional


Retrato parlante 
Nombre: Ignacio Cano 
Nacimiento: el 26 de febrero de 1963 en Madrid, España. 
Música: Procol Harum, Lou Reed y, sobre todo, Peter Gabriel, de quien ha dicho: “si tengo que decir el nombre de alguien que ha estado innovando sería Peter Gabriel, porque pienso que él inició un grupo y al poco tiempo sintió la necesidad de hacer las cosas solo. Fue uno de los primeros en adaptarse a todas las corrientes. Todas esas cosas me hacen admirarlo”. 
Sobre Mecano: “se convirtió en una máquina, en un dios por el gran éxito que logró”. 
Sobre la separación: “después de 13 años (de tocar juntos) había un poco de cansancio y estábamos en una edad en que queríamos hacer cosas distintas”. 
De las ventajas de ser solista: “en la música hay que tomar decisiones constantemente, y es más fácil tomarlas solo”. 
¿Y el lado femenino?: “deriva de una exploración, sobre todo de una actitud, de escuchar lo que dicen las mujeres”. 

Canciones interpretadas 
50, 60, 100 palabras / El patio / El profesor de danza / Un mundo separado por el mismo Dios / Vivimos siempre juntos / La trampa del corazón / La suerte que viene y va / Cuánta historia / De las ruinas el dolor / El lado femenino / Niño no nacido / Al encuentro del alma / Planeta de los hombres / La fuente del amor / Popurrí de Mecano: Ay, qué pesado, Dalai Lama / Hoy no me puedo levantar / Maquillaje / Barco a venus / Perdido en mi habitación / Me colé en una fiesta / La fuerza del destino / Encores: Wanna be (parodia de las Spice Girls) / Vivimos siempre juntos. 
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