viernes, 19 de septiembre de 1997

Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México: Se trata de la buena

Foto: Colección Auditorio Nacional

Tres espectáculos multimedia / 19 al 21 de septiembre, 1997 / 
15, 830 asistentes / 3 funciones / 1:30 hrs. de duración 

Sofía González de León y Arturo García Hernández 

Cuánta razón tenía el primero que dijo: sólo hay dos clases de música, la buena y la mala. Porque no importa el género, ni el estilo; ni la nacionalidad o la raza de su autor, la antigüedad o el tipo de instrumentos con que se interprete; si es popular o de concierto, folclórica o electrónica, vocal o instrumental. Lo que cuenta es que sea disfrutable, que nos conmueva y nos entusiasme profundamente; que tenga todas las cualidades de la buena música, de aquella que habla de libertad y la contiene, y por ello perdura a través de los tiempos y las generaciones. 

Con similar espíritu universalista, la Filarmónica de la Ciudad de México ofreció un atrevido ciclo de espectáculos masivos multimedia dentro del marco del 45 aniversario del recinto de Paseo de la Reforma. Tres programas que en apariencia nada tienen que ver entre sí, pero que en realidad surgen de una misma intención de romper las barreras de los géneros: sacar la ópera de su habitual y elitista contexto, y acercar la música popular a la gran orquesta sinfónica, para que suene en grande. En el primer caso, se obtuvo una alentadora asistencia de 5 mil personas a un recital de ópera, en un país que no es particularmente afecto al género. En el segundo, se lograron dos interesantes experimentos con dos de los momentos cumbre de la música popular universal: el danzón y los Beatles. En ambos casos, nos encontramos con una orquesta auténticamente virtuosa (toca con igual soltura un aria de Bizet que “Eleanor Rigby”) y solistas de primera calidad realizando verdaderos festines musicales para todos los gustos, acompañados de vistosos juegos de iluminación, rayos láser, proyecciones de imágenes y videos en las pantallas gigantes y un despliegue escénico de cientos de músicos, actores y bailarines. 
El primer programa reunió varios de los hits del repertorio operístico del siglo XIX, perfectos ejemplos para dar a conocer a monstruos sagrados como Rossini, Tchaikovsky, Bizet, Donizetti y Verdi. Se utilizaron escenografías movibles (con la orquesta al frente, en un nivel más bajo) para presentar cada uno de los cuadros en su contexto visual y con todas las referencias de época y vestuario. Fue espléndida la participación de ocho de nuestros mejores cantantes solistas y un coro de 140 elementos, que impactaron a la audiencia cuando unieron todas sus fuerzas (y gargantas) en la escenificación del “coro de esclavos” de la ópera Nabucco
La segunda función llevó por título Danzones y constituyó una pequeña pero representativa antología de esa música de tan apasionantes e intrincados orígenes, mezcla de culturas distantes: los comienzos se remontan a la Inglaterra del siglo XVII con la llamada country dance, que en Francia se convirtió en contre danse, la cual pasó a Haití (colonia francesa) y luego a Cuba (donde se definió el género en el siglo pasado), hasta llegar a vía Yucatán a su destino actual, donde sigue vivo y en desarrollo: Veracruz y Ciudad de México. 
Al hablar de sus razones para presentar tres programas tan eclécticos, Fernando Lozano recordó que las danzas húngaras de Brahms son interpretadas en las salas de conciertos: “si esto es así, ¿por qué los danzones no habían de ser tocados por una orquesta?” Y el asunto resultó muy disfrutable, porque el escenario se convirtió en un enorme salón de baile donde actores y músicos se dejaron mecer por la Filarmónica transformada en gigantesca y hábil danzonera, y por la presencia en el piano (y los arreglos) de uno de los miembros de la célebre dinastía de los Romeu, una de las familias fundadoras del danzón cubano. El repertorio fue muy atinado: algunos danzones que datan de fines del siglo pasado y principios del presente (como “Mojito criollo”, “Perla Marina” y “Linda cubana”, de Antonio María Romeu), hasta el más célebre, el llamado danzón de danzones, el “Nereidas” de Amador Pérez Dimas. No faltó una versión en danzón de Siboney, ese himno popular que Ernesto Lecuona le hizo a Cuba. Pero no todo fue nostalgia. Y para mostrar que el danzón es una música viva y en constante evolución, también se presentó el Danzón número 2 del compositor mexicano Arturo Márquez. En esta ocasión sumaron 7 mil los amantes de este género que tuvieron el privilegio de escuchar esas obras como pocas veces es posible hacerlo: con la espectacularidad sonora que puede surgir de una orquesta sinfónica. 
Sobre la decisión de dedicar un tercer programa a Los Beatles, Lozano defendió: “En los 60 hubo controversias sociales, políticas, culturales. Pero además hubo un grupo que se dedicó a cantarle al amor y nadie puede negarle el valor musical que desde esa época impuso”. En efecto, después de tres décadas, los Beatles siguen provocando pasión y ensoñación. Y desde que obtuvieron un reconocimiento universal (como pocos en la historia), han sido interpretados por millares de músicos en todo el mundo y traducidos a todo tipo de géneros y estilos musicales. No es que lo necesiten, es sólo que su música es una fuente inagotable de inspiración. 
Este concierto ratificó una vez más lo que se sabe desde hace tiempo: cuando la música es buena, cualquier clasificación jerárquica es inútil, es música. Recordemos que los Beatles mismos trabajaron sin prejuicios cuando en varias de sus obras incorporaron instrumentos y sonidos que se consideraban exclusivos de la música de concierto. Ejemplos extraordinarios de ellos son “Eleanor Rigby”, “Un día en la vida” y “El club de los corazones rotos del Sargento Pimienta”. Congruentes con el espíritu ecléctico que la ocasión requería, se hermanaron musicalmente en este tercer espectáculo multimedia, la OFCM y el grupo Morsa, que lleva muchos años dedicado a intepretar con plausible fidelidad el repertorio del Cuarteto Liverpool.

Foto: Colección Auditorio Nacional
No cabe duda: incluir al danzón y al rock junto a la ópeta contribuye a romper las falsas barreras que limitan el disfrute pleno y libre de la música. Surgidas en momentos históricos y contextos socio-culturales por completo diferentes, la OFCM ofreció la posibilidad de disfrutar de cada una de esas expresiones musicales y de festejar el fenómeno de la buena música… en grande. 

Intérpretes 
Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México 
Director artístico: Fernando Lozano 
Cantantes solistas (ópera) 
Sopranos: 
Violeta Dávalos 

Lourdes Ambriz 
Mezzo Soprano: 
Eugenia Sutti 
Tenores. 
Leonardo Villeda 
Rolando Villazón 
Alfonso Navarrete 
Barítono: 
Genaro Surbarán 
Bajo: 
Rogelio Vargas 
Cantante invitada (Danzones) 
Tania Libertad 
Orquestación y piano 
Gonzalo Romeu 
Grupo invitado (Beatles) 
Cuarteto Morsa 

Programa 1 
Ópera 
Gioachino Rossini Obertura de El barbero de Sevilla / Piotr I. Tchaikovsky Coro de Eugenio Oneguin / Georges Bizet Preludio y coro del acto IV de Carmen / Gaetano Donizetti 2º. Cuadro de Lucía de Lammermoor / Intermedio / Giuseppe Verdi / Obertura de La fuerza del destino / Coro de Otelo / Coro de esclavos de Nabucco / 2º. Cuadro de Aída 

Programa 2 
Danzones 
Antonio María Romeu / Mojito criollo / Armando Romeu / Palmeras cubanas / Antonio María Romeu / Perla marina, Linda cubana / Armando Romeu / Cuba mía / Juan Quevedo / El clarín de la selva / Intermedio / Arturo Márquez / Danzón número 2 / Abelardo Valdéz / Almendra / Aniceto Díaz / Teléfono de larga distancia / Antonio María Romeu / La flauta mágica / C. Valente / Rigolettito / Juan Quevedo / La Gioconda / Amador Pérez Dimas / Nereidas / Eusebio Delfín / La guinda / Ernesto Lecuona / Siboney 

Programa 3 
The Beatles 
The fool on the Hill / With a Little Help from my Friends / Let it be / Love me do / She loves you / Help / Yesterday / Eleanor Rigby / Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band / Strawberry Fields Forever / Penny Lane / She’s Leaving Home / Magical Mistery Tour / All You Need is Love / Yellow Submarine / Don’t Let Me Down / Norwegian Woods / Come Together / I’m The Walrus / Lady Madonna / Something / The Long and Winding Road / Martha My Dear / Golden Slumber 

Datos biográficos de los intérpretes 
La Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México dio su primer concierto un día de la Independencia (15 de septiembre) de 1978. Fue creada por decreto presidencial (José López Portillo) y bajo los auspicios del DDF. En sus nueve años de actividades, se ha convertido en una de las principales orquestas del país y de América Latina. Desde sus inicios se concibió como una institución plurinacional y de intercambio, en donde la mitad del personal es mexicano y la otra mitad extranjero; muchos de los integrantes originarios de Alemania, Argentina, Armenia, Bulgaria, EUA, Francia, Perú, Polonia, Rumania, Rusia, Ucrania, son también profesores que contribuyen a la formación de jóvenes músicos en nuestro país. 
La labor cultural de la llamada Filarmónica descuella en varios rubros: ha grabado una colección de 30 discos de música mexicana (casi la totalidad de la obra de Rodolfo Halffter), y también 25 discos de música clásica internacional y algunos de música popular y de cine; ha ofrecido numerosos conciertos didácticos para niños y adultos; ha visitado todas las capitales de la República Mexicana y también lugares en donde habitualmente es difícil hospedar una agrupación tan numerosa. 
Sus directores titulares han sido de los más destacados de México: Fernando Lozano, Enrique Bátiz, Luis Herrera de la Fuente y Jorge Mester. Entre los solistas y directores que han colaborado con la OFCM destacan: Leonard Bernstein, Eduardo Mata, Narciso Yepes, John Vickers, Renata Scotto, Sherill Milnes, Isaac Stern, Pierre Fournier, Stanislaw Skrowaczewski, Janos Starker, Claudio Arrau, Plácido Domingo, Jorge Federico Osorio… 
Fernando Lozano es uno de los directores más talentosos y ya veteranos de nuestro país: inició su trayectoria hace 35 años (1962) al frente de la Orquesta del Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México. Su carrera se ha desarrollado en tres ámbitos principales: 
1.- La difusión y formación de la música de concierto para los jóvenes. Al inicio de su carrera, creó dos importantes agrupaciones juveniles: la Orquesta de Cámara Opus y la Orquesta de la Sociedad de Conciertos del Conservatorio. Actualmente es director del programa nacional Orquestas y Coros Juveniles de México. 
2.- En el mundo de la ópera. De 1971 a 1972 ocupó el puesto de Director Titular de la Orquesta de la Ópera de México, mismo que dejó para abrirse paso en el extranjero: en 1974 debutó con la orquesta de la Ópera Estatal de Viena, luego dirigió compañías de ópera en Puerto Rico, EUA, España y Francia. 
3.- En el ámbito de la música sinfónica. Ha dirigido orquestas en Polonia, España, Austria, Alemania, Hungría, Puerto Rico, Francia, Checoslovaquia, Rusia, Venezuela y Argentina. Ha sido director artístico de las principales orquestas de México. De la OFCM lo fue en dos ocasiones: en el nacimiento de la orquesta (durante cinco años) y desde 1996. Esos cinco primeros años fueron definitivos para el impulso de la orquesta, que adquirió gran reconocimiento en México, el resto del continente, Asia y Europa. 
Además, Lozano ha ocupado importantes y diversos puestos directivos y organizativos (Ollin Yoliztli, ISSSTE, etc) y ha fundado varias orquestas y festivales como la Orquesta Sinfónica Carlos Chávez y el Festival Internacional de Música de Morelia.
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