viernes, 12 de septiembre de 1997

Juan Gabriel: ¿El sucesor de José Alfredo?

Foto: Colección Auditorio Nacional


Aniversario de la Independencia de México / 12, 13 y 15 de septiembre y 1 de diciembre, 1997 / 

4 funciones / 2:30 hrs. de duración / 34, 528 asistentes 

Arturo García Hernández 
Cuenta la leyenda que una vez le preguntaron a José Alfredo Jiménez –en el ocaso de su vida- quién le sucedería en el gusto y el afecto de la gente. Sin pensarlo mucho, señaló a un joven compositor que entonces empezaba su carrera: Juan Gabriel. Hoy el tiempo parece haberle dado la razón al autor de “El Rey”: los discos de Juanga se venden por millones, sus conciertos baten récords de entrada, y varios de sus temas integran el repertorio de los más populares en México. 

Quizá haya quien objete la mención de Juan Gabriel como sucesor del compositor guanajuatense. Finalmente, en gustos se rompen géneros o para decirlo con palabras de Cuco Sánchez –“nadie es monedita de oro pa’caerles bien a todos”. Lo que no se discute al Divo de Parácuaro es el impacto profundo y perdurable de sus canciones. “Se me olvidó otra vez”, “Amor eterno”, “Querida” ya son parte de la banda sonora de miles de biografías sentimentales. ¿Alguien lo duda? Vaya a Garibaldi, métase a una cantina, atienda los lamentos de la rockola en una fonda. Hasta en las discotecas suenan cuando la noche ya dio de sí… 
Personalidad controvertida del espectáculo mexicano, en Juanga (Alberto Aguilera) es su nombre verdadero) a menudo el mito se impone al creador y el fenómeno social al músico. Sin embargo, son facetas indisociables. 
Una es la del melodista por momentos deslumbrante; la del letrista que ha pergeñado frases memorables, auténticas cápsulas de sabiduría popular como ésta inigualable: No cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor…; también la del músico que –según su arreglista y productor, Eduardo Magallanes- pese a su formación autodidacta, ha logrado desarrollar “un extraordinario sentido de la armonía”; el que-dice el también autor de Querido Alberto, biografía autorizada de Juan Gabriel –“todo lo vuelve música: el ruido de una motosierra, el silbido de un pájaro, los sonidos de la calle”. Otro Juan Gabriel es el que –en su vertiente de intérprete vernáculo- rompió con el estereotipo del género: carece de la galanura del charro tradicional; no posee la característica voz bravía de los cantantes de rancheras; sus desplantes sobre el escenario tienen una gracia singular que rehúye de la gallardía acartonada; y se desenvuelve con una ambigüedad juguetona que enardece –no es exagerado el verbo- por igual a hombres y mujeres. ¡Arriba Juárez! 
Con todo lo anterior, ¿qué puede decirse de su temporada 97 en el Auditorio Nacional que no se haya dicho en otras ocasiones? Siempre el mismo. Siempre diferente. Juan Gabriel, Juanga, Juangabrielísimo. El predecible. El imprevisible. Desde 1992 el hijo adoptivo de Ciudad Juárez no ha faltado a la cita anual con sus miles de incondicionables en el recinto de Reforma: señoras que lo miran con el orgullo de una madre por su hijo (se las ganó para siempre con “Amor eterno”, dedicada a su mamá); mujeres jóvenes, sus cómplices cuando él, en medio de una canción, lanza largas e improvisadas peroratas contra los amores infieles, ingratos, traidores, volubles y todo lo que sirva para ponerlos en su lugar; hombres –adultos jóvenes o maduros que se unen a la euforia de sus novias, compañeras o esposas- se sueltan el chongo, mueven los hombros y menean las caderas como el propio Juanga y, ya encarrerado el gato, no falta uno que le aviente sonoro piropote. “¿Ya vio qué auditorio tan sensual tenemos esta noche, maestro?”, le hizo notar al director musical de la velada, Eduardo Magallanes. 
El detalle distintivo fue esta vez la dedicatoria que hizo Juan Gabriel de sendas canciones a Lola Beltrán y Lucha Villa, dos de sus intérpretes y hadas madrinas que le tendieron la mano cuando más lo necesitaba. A Lola –fallecida recientemente- le dedicó “Cucurrucucú paloma” y “Te sigo amando”. A lucha –quien se encontraba convaleciente del coma en que cayó después de una liposucción- le deseó pronta recuperación y le ofrendó dos canciones escritas para y estrenadas por ella: “No discutamos” y “Ya no me interesa”. 
La fiesta fue larga como correspondía a un festejo múltiple: el mes patrio, el cierre de un año de conciertos en los que celebró sus bodas de plata como cantante, toda una época de madurez que él mismo nombró Juan Gabriel al final del siglo / y que presentó en el Palacio de Bellas Artes). Sin tregua recorrió su amplio repertorio (1971-1997), las baladas, las rancheras y las tropicales, las de antes y las de hoy. Y hasta flamenco bailó. La locura. Pero la cosa no paró ahí. Juanga abrió un paréntesis para recordar los covers rocanroleros que se hicieron populares en las voces de César Costa, Manolo Muñoz, Angélica María, Enrique Guzmán y Alberto Vázquez.

Foto: Colección Auditorio Nacional
La intensidad, la energía derrochada, el esfuerzo realizado por el cantante fueron cobrando su tributo. Al final la voz no le daba para más. No importó. Para ayudarle estaban 10 mil voces solidarias y emocionadas. Y el ídolo fue agradecido al anunciar el último tema de la noche, “Te recordaré”: “Me pongo ronco porque cuando salgo lo doy todo. Quiero dedicar esta canción a ustedes que han hecho posible estos 25 años”. Bajo una cortina de confeti tricolor, entre un popurrí de temas instrumentales El Divo –probablemente el compositor e intérprete vivo más popular en México- se pudo despedir, al fin, de sus fieles. 

Acompañantes 
Orquesta del Teatro de Bellas Artes 
Director: Eduardo Magallanes 
Mariachi Arriba Juárez 
Coro de Bellas Artes 

Retrato parlante 
Nombre verdadero, con el que firma sus canciones: Alberto Aguilera Valadez 
Primera canción que se aprendió en su vida: “Mi gran amor” de Cuco Sánchez 
Estudios: hasta 5º. Año de primaria. 
Debut: con el nombre de Adán Luna, en 1965 (a los 15 años) en el programa Noches rancheras, en el canal 5 de Ciudad Juárez; interpretó “María bandida” de José Alfredo Jiménez. 
Oficios que desempeñó antes de ser Juan Gabriel: hojalatero, vendía mesas, sillas y canastos que él mismo fabricaba, panadero, carpintero, impresor, encuadernador, talabartero, asistente de cocinero 
Cantantes a los que hizo coros antes de ser famoso: Angélica María, Roberto Jordán, Estela Núñez (quienes a su vez, se convirtieron en intérpretes suyos, no mucho tiempo después). 
Primer contrato con una disquera: en 1971 con RCA, cuando ya tenía varias canciones, fue para grabar El Alma joven. 
Primer disco de oro: en 1972, con el primer álbum que llevaba su nombre artístico por primera vez, Juan Gabriel. 
Otras gracias: lleva 15 millones de discos vendidos en los que él fungió como productor. 
Un récord especial: fue el primer cantante popular en presentarse en el Palacio de Bellas Artes, en tres funciones con la Orquesta Sinfónica Nacional. 
Número de canciones escritas: 503 
Ventas de discos: ¡35 millones de copias! 
Idiomas a los que se ha traducido su música: inglés, portugués y japonés. 
El Día de Juan Gabriel: el 5 de octubre; instaurado en Los Angeles, EUA, por un alcalde de esa ciudad. 

Algunas canciones interpretadas 

Querida / Te sigo amando / No vale la pena / Caray / No tengo dinero / Esta noche voy a verla / La vida hay que gozar / El Noa Noa / Me he quedado solo / En la frontera / No se ha dado cuenta / Tres claveles y un rosal / Será mañana / Un, dos tres y me das un beso / A mi guitarra / Siempre en mi mente / Siempre estoy pensando en ti / Te recordaré / Cuando estoy contigo / Adiós amor, te vas / Te quiero mucho / Éxitos del rocanrol: Muñequita / Adán y Eva / Nunca creí / Hola mi amor / La felicidad / Manzana madura / Sección flamenca: La madrileña / Esta rosa roja / Sección patria, con mariachi y homenaje a Lola Beltrán (en las pantallas gigantes): Amor eterno / Cucurrucucú paloma / Paloma negra / Gorrioncillo pecho amarillo. 

3 comentarios:

José Antonio De la Vega Torres dijo...

Hoy, cuando nos enteramos de la muerte de Juan Gabriel, revisando material aquí y allá, leo tu entrada y quiero decirte que no se trata de ninguna leyenda eso que cuentas del dicho de José Alfredo Jiménez. Son un hecho y dicho reales que ocurrieron durante una entrevista, la penúltima entrevista que diera el compositor antes de salir del hospital donde fue internado por un serio problema de cirrosis hepática y antes de su última presentación en TV en Siempre en Domingo.
Esa entrevista se la realizó el periodista Abraham Zabludovsky en sus comienzos profesionales. Yo vi la entrevista junto con mi madre en la televisión y se nos quedó muy grabada en la memoria. Abraham preguntó al viejo compositor si veía algún compositor que pudiera llenar el vacío que él dejaría cuando ya no estuviera entre nosotros. A ello respondió José Alfredo que sí, mencionó a un joven que empezaba y ya sorprendía, Juan Gabriel. Pero fue más allá, afirmó que veía en él tal potencial creativo que podría ser todavía más grandes que muchos más antes, lo comparó con Agustín Lara por su capacidad para abarcar diversos géneros sin tener los más completos estudios. Era, dijo, un compositor nato y auguró no solo éxito sino grandeza en él. Por ahí en la red he visto un fragmento de esa entrevista, en YouTube, pero todavía no encuentro el fragmento preciso donde toca ese tema.

Cacho041159 dijo...

Escuche y vi en la tele que compuso más de 1800 canciones. Lo voy a extrañar, afortunadamente nos dejó sus canciones y videos. Un verdadero hombre con grandes sentimientos, sencillo, respetuoso y amable. Gracias por tu legado!!!! Por siempre vivirad en nuestros corazones.

Cacho041159 dijo...

Escuche y vi en la tele que compuso más de 1800 canciones. Lo voy a extrañar, afortunadamente nos dejó sus canciones y videos. Un verdadero hombre con grandes sentimientos, sencillo, respetuoso y amable. Gracias por tu legado!!!! Por siempre vivirad en nuestros corazones.

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