martes, 17 de junio de 1997

Disney on Ice: Volverse niños otra vez

Foto: Colección Auditorio Nacional


Toy Story / 17 al 31 de julio y 1 al 24 de agosto, 1997 / 72 funciones / 

2:00 hrs. de duración / Récord histórico de asistencia 1997: 320 mil 425 asistentes 

Sofía González de León 
¡Hacia el infinito y más allááááá! ¡Repita esta frase varias veces, en voz alta, creyendo de verdad en lo que dice, grítelo si quiere; es más, súbase a una silla, a una mesa, al techo de su coche (si se atreve) y vuélvalo a exclamar! ¡Siéntase libre, como cuando niño, use toda su capacidad vocal y un gesto grandilocuente que le abra el pecho y los pulmones!... Un consejo: hágalo de preferencia en soledad o avise a sus familiares para que no lo tomen por loco, y no se acerque mucho a las ventanas (sobre todo si vive en pisos altos) pues corre el riesgo de querer salir volando de verdad, el excitante riesgo de llegar a sentir lo que los niños vivieron en el sensacional espectáculo Toy Story de Disney sobre hielo. 

Y es que fue realmente formidable el trabajo del equipo creativo de Disney on Ice en su adaptación de Toy Story, la primera película de la casa Disney realizada enteramente por computadora. Difícilmente imaginamos el enorme reto que tuvieron que enfrentar el célebre multi productor Kenneth Feld, el director Jerry Bilik y el coreógrafo (y patinador multi medallista olímpico) Robin Cousins para lograr una adaptación fidedigna del lenguaje cinemetográfico al mundo del patinaje artístico. No sólo se trataba de reproducir los personajes originales de la pantalla grande –para lo cual contaron con la genial inventiva del vestuarista Franck Krenz- sino de traducir del celuloide a tercera dimensión elementos como: velocidad, suspenso, efectos especiales, planos y proporciones (entre el mundo de los humanos y el de los juguetes). Y si la película ya era muy sorprendente por su factura técnica, el espectáculo escénico sobre hielo- con baile, acrobacia, canciones y seres humanos arriesgando el pellejo en vivo- resultó mucho más entrañable y sumamente catártico. 
El simple hecho de ser testigos de una historia entre juguetes, desde el punto de vista de éstos, transportó al público al infinito mundo de la imaginación, en donde cualquier cosa puede suceder. Había que ver las expresiones atónitas de los niños volcados por completo en la fantasía, frente a la pista cristalina transformada en un gran caleidoscopio de formas y colores; y luego, la espontánea complicidad de los adultos quienes, además de admirar las sorprendentes coreografías ejecutadas con una precisión de relojería, recobraban secretamente algo de sus vivencias infantiles… pues ¿quién no experimentó de niño la estrafalaria (y tan natural) sospecha de que los juguetes cobraban vida cuando nadie estaba en casa, y que tenían toda clase de aventuras, peleas, amistades y amoríos entre sí? 
Esta ingeniosa historia –otro invento más de la inmensa fábrica de sueños que iniciara quien ya hemos bautizado como El Mega-Cuenta-Cuentos de la Modernidad- no es más que una fantástica alegoría de las dificultades del ser humano para encontrar la amistad verdadera, más allá del rechazo, la rivalidad, la envidia y la traición. El vaquero Woody, juguete tradicional, sencillo y sin demasiadas pretensiones, se ve reemplazado por Buzz, un moderno, pedante y egocéntrico robot astronauta que se dedica a presumir de sus habilidades e impresionar a todos los demás juguetes, y que se vuelve el favorito de su dueño, Andy… Pero el destino querrá que Woody, poseedor de un enorme corazón, salve a Buzz de las garras de Sid, el niño malo (vecino de Andy) quien se divierte descuartizando juguetes para transformarlos en horrendos mutantes, como la temible muñeca tuerta y pelona con cuerpo de araña-mecano. Así, quienes eran rivales, descubren la felicidad que proporciona la amistad y la concordia.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Una vez más, Disney on Ice dio pruebas de su profesionalismo de altos vuelos al conjuntar la alta tecnología y el talento de grandes patinadores olímpicos para lograr un auténtico mega-capricho escénico, una extravagancia cuyo único objetivo es el entretenimiento en grande: divertir y hacer soñar a miles y miles de personas alrededor del mundo entero. 

Programa 
Acto I: Preludio: Mickey Mouse, Mimi, Donald, Daisy y Tribilín dan la tradicional bienvenida al público; introducen al público a la historia y cantan “Amo los juguetes” / Preparativos de la fiesta de cumpleaños de Andy (el niño de verdad) / Desfile de juguetes / Buzz (el juevo juguete robot) conoce a los antiguos juguetes de Andy –canción: “Suceden cosas extrañas” / La ventana / En la carretera / Llegando a Planeta Pizza / Al interior de Planeta Pizza / Intermedio / Acto II: En el cuarto de Sid (el niño cruel que descuartiza juguetes, vecino de Andy / El televisor del Sr. Phillip / En el espacio-canción “Es claro que ya no podré zarpar” / fiesta del té / Ventanas-canción “Tema de Bo” (la pastorcilla) / Mutantes al rescate/ El área de lanzamiento-canción “Soy tu amigo” / La persecución-canción “Soy tu amigo” (reprise) / El nuevo cuarto de Andy-canción “Los juguetes regresan a la ciudad”.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.