viernes, 6 de junio de 1997

Alejandro Fernández: Un ídolo por méritos propios

Foto: Colección Auditorio Nacional


Muy dentro de mi corazón / 6 al 8 y 13 al 15 de junio, 1997

Por méritos propios –ya nadie lo duda- Alejandro Fernández se ha hecho de un lugar indiscutible en el panorama de la canción popular mexicana. Es cierto que a su ilustre padre le debe el apellido, el amor por la música ranchera, su ejemplo y muchas enseñanzas definitivas; pero el talento, la voz, el esfuerzo, el sentimiento y la pasión son sólo de Alejandro. 

La serie de seis conciertos que dio en el Auditorio Nacional sirvió para constatar la madurez y la calidad interpretativa alcanzadas por El Potrillo. A estas alturas ya no resulta exagerado afirmar que Alejandro Fernández es digno y legítimo heredero musical de todos los que –como autores o como intérpretes- han construido la tradición vernácula mexicana: Jorge Negrete, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez, Javier Solís, Miguel Aceves Mejía, Cuco Sánchez y, por supuesto, Vicente Fernández. Alejandro recoge ahora la estafeta, y lo hace por vocación y convicción: está comprometido con el género. Al respecto, ha dicho (y los hechos corroboran sus palabras): “Me costó trabajo hacerles ver (a sus críticos y al público) que si yo decidí ser cantante fue porque lo sentí, porque lo traía en la sangre, no porque quisiera hacerme famoso a costa de mi papá”. 
Seguramente ser hijo de Vicente Fernández debe tener sus ventajas (no cualquiera tiene en casa un maestro de esas dimensiones), pero también sus grandes inconveniencias: ¿cómo hacerse de un nombre y ganarse un lugar en los mismos terrenos que el padre, ese monstruo sagrado, hoy por hoy toda una institución? ¿Cómo salir bien librado de las inevitables y a veces crueles comparaciones? ¿Cómo lograr, por sí mismo, el respeto y la admiración de propios y extraños? 
No existen respuestas simples a estas preguntas, pero lo que Alejandro mostró en el Auditorio Nacional es que no sólo ha sabido defenderse, sino que hay logrado ya un estilo propio y lo ha sabido pulir. Atendamos sus propias palabras: “No busco competir con nadie en especial, ni lo hago con mi padre; su estilo es más bravío, mientras mi propuesta se enmarca en el bolero ranchero, el que en su tiempo consagró Javier Solís”. En efecto, en Alejandro Fernández percibimos influencias de otros intérpretes (como la de José José), pues abreva en la tradición y –aquí su principal mérito- la renueva. De otro modo no se explica el multitudinario retorno de las nuevas generaciones a la música ranchera. Además de cantar las clásicas del género (sin faltar las de José Alfredo Jiménez y Juan Gabriel), Alejandro ha enriquecido el repertorio poniéndole voz a temas que pronto se arraigan en el gusto de la gente, sobre todo de los jóvenes. Tal es el caso de “Como quien pierde una estrella”, la canción que marcó los momentos climáticos de sus actuaciones en el Auditorio. Seis noches con boletaje agotado, seis mega-serenatas de dos horas y media, pletóricas de emoción sin artificios, donde hubo de todo para todos. 
Las mujeres, esas miles de mujeres (adolescentes, jóvenes, maduras, solteras, casadas) se le rendían con sólo verlo, le aventaban un sonoro “¡papacito!” cada tres segundos y hasta alguna prenda íntima. En el primer concierto no pararon de gritar “¡suegra!” después que Alejandro hizo notar la presencia de su madre en el recinto; algunas burlaron la valla de seguridad y dejaron en los labios de su ídolo el más apasionado de sus besos. Sin duda, el traje azul con botonadura de plata, la sonrisa franca y la mirada que subyuga, ceñida de espesas cejas negras, no hicieron más que refrendar –con razón y, según dice, a su pesar- el mote de Charro Sexy. Pero su voz conmovió por igual a las parejas de enamorados e incluso a los niños, señal inequívoca de que Alejandro Fernández y la canción ranchera (o viceversa) tienen público para rato. 
El motivo central de las presentaciones fue la promoción de su quinto álbum Muy dentro de mi corazón, que incluye canciones de Armando Manzanero, Manuel Monterrosas, Guadalupe Esparza, de Joan Sebastian y hasta un “Popurrí caribeño”. Pero no faltaron –no podían faltar- varios de sus éxitos anteriroes como “Necesito olvidarla”, “Piel de niña” o “Nube viajera”. El Mariachi Juvenil 2000, además de una tecladista, una guitarrista y una chelista acompañaron a Alejandro en su recorrido musical que se extendió hasta el bolero, la balada y, por si fuera poco, el tanto (“El día que me quieras”). También, y a manera de homenaje, interpretó un popurrí de canciones que alcanzaron el rango de inolvidables en la voz de su padre: “Mujeres divinas”, “De qué manera te olvido”, “Las llaves de mi alma”, “Por tu maldito amor”.

Foto: Colección Auditorio Nacional
Como remate y sorpresa de estas presentaciones, en la última noche (15 de junio, día del padre), hizo su aparición Vicente Fernández sobre el escenario, al lado de su hijo y de su nieto (hijo de Alejandro). Juntos cantaron “Cuando yo quería ser grande”. La imagen no podía ser más emotiva: Alejandro triunfando en grande al lado de su padre, su amigo, su maestro, su crítico más cruel e implacable. Su ejemplo. 

Algunas de las canciones interpretadas 
Como quien pierde una estrella / Voy / Piel de niña / Nube viajera / Dentro de mi corazón / Moño negro / Que seas muy feliz / La mitad que me faltaba / Ojo por ojo / Necesito olvidarla / No / Qué bueno / Te quedas o te vas / Abrázame / El andariego / Ella / Es cosa de hombres / No volveré / Como yo te amé / Para ti / Serenata huasteca / De Juan Gabriel: Se me olvidó otra vez / Adiós amor, te vas / Ya lo sé que tu te vas / Popurrí de canciones de Vicente: Mujeres divinas / De qué manera te olvido / Las llaves de mi alma / Por tu maldito amor / Con su padre Vicente: Cuando yo quería ser grande / Mi viejo / Conozco a los dos. 

Retrato parlante 
Nombre: Alejandro Fernández 
Edad a la que vistió su primer traje de charro: siete años. “Me gusta vestirme de charro porque estoy orgulloso de mis raíces”. 
Sobre su padre: “no puede ser mi rival porque lo amo”. 
Lo que más le atrae de una mujer: “… es su sinceridad. Las mentirosas no las soporto”. 
Música que le gusta, aparte de la ranchera: clásica y new age.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.