viernes, 16 de mayo de 1997

Ricky Martin: México, la cuna de sus éxitos


A medio vivir / 16 y 17 de mayo, 1997 / 2 funciones / 
17,256 asistentes / 1:30 hrs. de duración

Arturo García Hernández 

A lo largo de este siglo, México ha tenido el privilegio de ser cuna, trampolín y caja de resonancia de buena parte de la música popular en español. Músicos provenientes de toda Iberoamérica han creado o impulsado desde aquí ritmos y canciones que luego dan la vuelta al mundo. Ejemplos sobran. Uno de los más recientes y espectaculares es Ricky Martin, cantante y compositor puertorriqueño que vino por primera vez a tierras mexicanas como el más pequeño de los miembros del grupo pop juvenil Menudo, al que se integró cuando tenía 12 años y del que salió a los 17. Fueron cinco años (de 1984 a 1989) frenéticos de conciertos y viajes sin parar; una experiencia –ha dicho Ricky- agobiante pero maravillosa “que me dio más de lo que me quitó”. Con Menudo, Ricky aprendió algo decisivo para su futuro artístico: la disciplina. Supo que el éxito es una precisa combinación de fortuna y trabajo. Dicho de otro modo, la fortuna ofrece las oportunidades y el trabajo permite aprovecharlas. 
Al salir de Menudo, Ricky se retiró un año de los escenarios. Encaminó sus pasos hacia Nueva York, “la ciudad ideal –dijo una vez- para no hacer nada y estar al tanto de todo lo que pasa en el mundo”. Necesitaba el tiempo para reflexionar y asimilar lo que en su vida había sido la menudomanía, ese explosivo fenómeno que se extendió y contagió a adolescentes de todo el continente. Después de ese paréntesis regresó a México, donde vivió tres años y medio. Aquí empezó a buscar (y encontró) las oportunidades para reanudar y consolidar su carrera. Al lado de Angélica Vale actuó en la obra teatral Mamá ama el rock y posteriormente se integró al elenco de la telenovela Alcanzar una estrella II
En 1991 –con tan sólo 19 años de edad- lanzó su primer álbum como solista. Vino después la invitación a participar en la teleserie estadounidense Hospital General, una de las de mayor rating y duración en el país vecino. La popularidad alcanzada en dicho programa lo puso en el camino de la consagración: fue llamado a interpretar a Marius, uno de los personajes principales de Los Miserables (adaptación musical de la novela de Víctor Hugo), una de las obras más representadas en Broadway. El siguiente paso fue ganarse la bendición de la temible crítica teatral neoyorkina, ni más ni menos. 
Las presentaciones en el Auditorio Nacional no hicieron sino mostrar porqué Ricky Martin está donde está. En los días previos a los conciertos declaró, sin petulancia ni falsa modestia, que no se siente ídolo, pero que entre los cantantes latinos sí se considera “el número uno”. Y como había prometido, fue ahí, en el escenario, donde el boricua dejó el alma y pasó de las palabras a los hechos: se entregó sin regateos; ofreció un espectáculo que enloqueció a sus miles de admiradoras con su canto pleno y su baile vigoroso. Durante una hora y media, bajo la luz de 350 reflectores, precedido de juegos pirotécnicos, envuelto en los gritos –y multitudinarias declaraciones de amor y deseo- de casi una decena de miles de gargantas, Ricky Martin se prodigó. Venía de una larga gira por Latinoamérica y, como un gesto de amor y gratitud, escogió México para cerrarla: “Estos son los dos últimos conciertos que doy de mi gira A medio vivir, así que voy a dejar el alma en el escenario. Estas noches vamos a enamorarnos; simplemente, vamos a ser”. 
Estas palabras fueron el banderazo de salida para el entusiasmo sin límites. El primero de los temas interpretados por Ricky fue “María”, su “canción amuleto” incluida en el disco que dio nombre a esta gira. La mecha estaba prendida. El público ya no tuvo ni quiso reposo. Las adolescentes que no se integraban al inmenso coro que seguí a Ricky en cada una de sus canciones, hacían lo imposible para ser escuchadas por su ídolo: “¡Ricky, te amoooo!”, “¡Muñecoooo!”, “Me voy contigooooo!”. La comunión era total, imperturbable. 
Cuatro cambios de vestuario interrumpieron brevemente el concierto, pero ni así decaían los ánimos. A “María” siguieron canciones como “Sin control”, “Bombón de azúcar”, “A medio vivir”, “Fuego contra fuego”, “Susana”, “Volverás”, “Te extraño, te olvido, te amo”. Alternado por breves alocuciones, el repertorio ofrecido por Ricky Martin dejó constancia de su versatilidad interpretativa. Aquí cabe mencionar a K.C Porter, Roby Rosa y Luis Gómez Escobar, compositores, por así decirlo, de cabecera de Ricky. Con sus fusiones de rumba, merengue, soul, balada, cumbia y hasta batucada, han contribuido de manera notable a definir el ya inconfundible estilo de Ricky Martin, este hijo consentido de la Fortuna y del trabajo. 

Retrato parlante 
Nombre completo: Enrique Martín Morales 
Otras gracias: actor de teatro y TV 
Filosofía de vida: “vivan completo, nunca se queden a medias” 
Ayuda humanitaria: “en Puerto Rico soy padrino de un hospital de niños infectados de Sida… Es necesario decir: si no usas condón, te vas a morir”. 
Sobre el monstruo de la fama: “es algo a lo que le tengo mucho respeto. Te puede desubicar muy fácilmente. Por eso es importante estar rodeado de gente positiva y tener bien presentes tus orígenes” 
Sobre la posibilidad de desnudarse: “nunca posaría desnudo. No quiero hablar mal de quien lo haya hecho, pero me gusta más enseñar mi música que mi cuerpo”. 
Sobre el matrimonio: “quiero casarme y tener una familia. No sé cuándo, porque si Cupido llega mañana, no sé qué haría. No dejaría mi carrera por una mujer, porque yo tampoco le pediría a ella que dejara sus actividades por mí”.

Canciones interpretadas 
¿Qué día es hoy? / No me pidas más / El amor de mi vida / ¿Dónde estarás? / Bombón de azúcar / Dime que me quieres / A medio vivir / Te extraño, te olvido, te amo / Vuelve / Nada es imposible / Me amarás / Somos la semilla / Revolución/ ¿Cómo decirte adiós? / Fuego contra fuego / Corazón / Popotitos / María / Fuego de noche, nieve de día / Susana. 
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