sábado, 1 de febrero de 1997

José Luis Perales: Grata sorpresa, su primer recital en el Auditorio

Foto: Colección Auditorio Nacional


En clave de amor / 1 de febrero, 1997 / Función única / 
7,142 asistentes / 2:00 hrs de duración 

Blanca Gómez 
Ya quisieran muchos al público de José Luis Perales para una noche. Quienes lo siguen no sólo buscan su música, también lo idolatran como persona. Admiran su congruencia para vivir las cosas que canta; antes que al compositor, respetan al hombre, al padre ejemplar, al amante eterno, al magnífico ser humano que no miente cuando interpreta. 

En esta su primera presentación en el Auditorio Nacional, si bien Perales no llenó el recinto como lo hace un Joan Manuel Serrat (por citar al más célebre de sus paisanos y con quien tiene un gran parentesco musical), sí se sorprendió por la calidad de respuesta de “los amigos” que tiene en este país; la misma lealtad que él pregona en su vida y en sus canciones es la que tienen por él sus seguidores mexicanos, quizá por eso las primeras palabras que pronunció esa noche fueron una disculpa por haber tardado tanto en regresar aquí, donde lo quieren tanto. El concierto fue parte de la gira que realizaba por el continente para promocionar su disco En clave de amor, el número 20 de su carrera y el más “intencionalmente diferente” de todos los que ha producido. Su estilo se enmarca dentro de la balada romántica, a veces contagiada por ciertas cadencias latinas, pero siempre con el tono suave del trovador que describe la existencia cotidiana acompañándose de música serena. En esta ocasión se trata de cantarle a todas las formas del amor y de todas las formas posibles, una especie de capricho “joven y simplista” –ahora con más osadía rítmica- que se permite el cantautor y dedica a sus hijos adolescentes. Un homenaje más a la vida y espléndido regalo musical para quienes se congregan a escuchar los versos de este juglar hispano. 
El concierto inició con “América”, como un reconocimiento amistoso al continente que lo ha adoptado desde hace muchos años. Siguieron algunos temas del nuevo material, para dar lugar a un recorrido por sus más de 20 años de romance con la música, con canciones como “Él y ella”, “Morir de amor”, “Y cómo es él”. El cuadro era sobrio: un pentagrama como telón, un piano y un banco para cantar sentado de vez en cuando, un grupo de seis músicos y el artista vestido sencillamente con pantalón negro y camisa blanca. No había artificios y, sin embargo, la entrega de la gente fue inmediata: El gran eco no callaba, conocía cada estrofa de las canciones del ibérico enamorado quien, conmovido, agradecía el apoyo: “con un coro tan numeroso ha sido fácil cantar estas melodías”. 
Y es que cuando se trata de José Luis Perales, el asunto toma un giro familiar. No se trata de la exhibición de una estrella, es más bien una charla entre viejos conocidos, un tiempo para compartir melodías y anécdotas, lo íntimo de su historia. Así, puede contar que sus hijos han crecido y merecen una nueva canción. Ya no se conforman con “Hoy te voy a contar un cuento” o “Mi pequeña María” que les compuso cuando tenían cuatro y tres años de edad: hoy “Cómo ha pasado el tiempo” les ajusta mejor. Entre canción y canción se sucede la plática: las melodías de niños, la nueva inspiración…Perales pasa de un tema a otro y permite que la nostalgia ocupe un buen rato su corazón.

Foto: Colección Auditorio Nacional

De los temas más ovacionados por el público fueron “Y se marchó”, “Desde que te quiero”, “Buscando amor”, “Me llamas” y un popurrí a manera de pequeño homenaje que rindió a sus intérpretes por haberlo hecho crecer como compositor. El final estaba cerca y ya los asistentes comenzaban la ovación de pie. Una mano de mujer que le ofreció un ramo de flores recibió a cambio un beso de agradecimiento. Intentó decir adiós: “nunca me han gustado las despedidas, pero si a ésta le ponemos música puede salir una canción como ésta…” (“Que seas feliz”). Fue inútil. Los gritos de “Oootra, oootra” obligaron al hispano a salir tres veces más al escenario. Tras la última intervención de Perales en la que señaló la injusticia que viven los niños de la calle, vino “Que canten los niños” y una pequeña admiradora como de 10 años logró llegar hasta su ídolo, quien la hizo subir al escenario para envolverla en un abrazo prolongado. 

Retrato parlante 

Apodo: El Hombre Tranquilo. 
Lugar y fecha de nacimiento: el 18 de enero de 1945 en un pueblo llamado Castejón, al este de España. 
Su fuente de inspiración: “el ser humano, con sus historias y frustraciones”. 
Sobre el amor: “el amor que empieza muy fuerte y que no se confunde con otra cosa que no sea amor, a poco que lo cuides, se va a mantener igual”. 
Premios: más de 100 discos de oro y platino.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Se ha producido un error en este gadget.