jueves, 5 de diciembre de 1996

Ricardo Arjona: La línea de los cantautores cronistas

Foto: Colección Auditorio Nacional


Si el norte fuera el sur / 5 al 7 de diciembre, 1996 / Tres funciones / 

2:00 hrs. de duración / 27,345 asistentes 

Cada pueblo tiene sus contadores de historias musicales, sus cantautores-cronistas; aquellos que, en breves canciones, saben trazar pinturas verídicas de la vida cotidiana y la sociedad de una época. Entre ellos, existen quienes acaban rebasando toda frontera idiomática y cultural: uno de los ejemplos más extraordinarios a nivel planetario es el de los Beatles; luego están aquellos que se convierten en banderas de un país o una lengua, como varios de los monstruos que pisaron el Auditorio Nacional en 1996: los españoles Serrat, Ríos y Sabina, el cubano Milanés, o nuestro Juan Gabriel. Pero se necesitan muchos años de pruebas y confirmación para que alguien obtenga un lugar de ese tamaño; la veracidad y la efectividad de un artista están dictadas por el público y por el paso del tiempo. Existen muchas llamaradas de petate, muchos nobles intentos, y también muchos intentos de la mercadotecnia: a veces es difícil distinguir entre unos y otros. Pero, como dice una famosa ronda infantil, “si fueran falsos los juramentos (en este caso del público), en otros tiempos se olvidarán”… 

Dentro de la línea de los cronistas urbanos, se encuentra Ricardo Arjona, quien lleva algunos años de abrirse camino en el mercado musical y radiofónico hispanoamericano. Originario de Guatemala –país cuya historia ha sido particularmente turbulenta y dolorosa (pero desde la Conquista española) y donde el medio artístico ofrece pocas posibilidades de salir adelante-, se vio obligado a cruzar sus fronteras en busca de mejores oportunidades. 
Antes de dedicarse a cantar, Arjona realizó estudios en la Escuela de Ciencias de la Comunicación de San Carlos (Guatemala) y formó parte de la selección nacional de baloncesto en su país natal (su enorme estatura lo explica), pero su inclinación por la música y la lectura de poesía –manifiesta desde la infancia- fue ganando terreno. Un espíritu aventurero y bohemio, de la mano con una profunda insatisfacción, lo impulsaron a probar suerte en el extranjero, armado de escasos elementos –su voz y una guitarra-, muchos sueños y mucho que decir. Después de la creación de diversas canciones, se animó a venir a nuestro país y entrar plenamente en el terreno profesional de la música. Fue en México donde comenzó a brillar su estrella: con su álbum Animal nocturno se hizo famoso, de la noche a la mañana, y empezó a proyectarse a nivel internacional. Y México, que siempre fue el lugar de sus sueños (por ser tierra de grandes ídolos como su “primo” El Cronista del Asfalto Chava Flores, de Manzanero, la Beltrán y Pedro Vargas…), hoy se ha convertido en su país de residencia, el que le supo dar la bienvenida, el que sin un centavo, lo hacía sentir un hombre de éxito; en donde el destino le pintó el camino. 
Con el álbum Historias, se consolidó su muy personal estilo y creció enormemente el número de sus admiradores. Para su tercera producción de calidad (Si el norte fuera el sur), Arjona ya estaba listo para llenar un Auditorio Nacional, a pesar de que varios de sus temas fueron vetados por algunos medios de comunicación, por su corte de crítica social y política (“Si el norte fuera el sur”), o su sinceridad, que parecía atentar contra prejuicios morales (“Tu reputación”). Los cuasi llenos totales en las tres funciones que ofreció en este escenario demostraron que el guatemalteco ha llegado a los corazones de miles de mexicanos y que las mujeres –señoras de las cuatro décadas- se sienten sumamente agradecidas por las alabanzas y la continua valoración que de ellas hace el apuesto y piropeable (inventemos el término) cantante. 
Su voz cálida y sensual, puso en evidencia una gran capacidad de comunicar historias en canciones que son como charlas y reflexiones sobre gente muy diversa, la vida cotidiana, el amor, el desamor…y ahora, sobre realidades políticas, sociales y ecológicas de nuestros países latinoamericanos y del mundo. El espíritu de su espectáculo destacó por su sencillez: la escenografía simulaba un parque citadino –con dos bancas, bar, hotel de paso, tienda de abarrotes, puesto de periódicos, boleador…- en donde actuaba lentamente, cual animal nocturno, al lado de sus músicos y coristas (a quienes, por cierto, dejó ampliamente cantar como solistas). Fueron dos horas de auténtica comunión con el público, intercambiando bromas, comentarios, algo de rebeldía y muchos, muchos sentimientos.

Foto: Colección Auditorio Nacional
¿Hasta dónde llegará Ricardo Arjona? Al público y sobre todo al tiempo –el juez más certero- la respuesta. 

Canciones interpretadas 
Si el norte fuera el sur 
Tu reputación 
Mujeres 
Me enseñaste 
Noticiero 
Si yo fuera diputado 
Animal nocturno 
Historia de taxi 
Quién diría 
También es mi primera vez 
Ella y él 
Historia del portero 
Realmente no estoy tan solo 
Del otro lado del sol 
Se nos muere el amor 
Si yo fuera 
Casa de locos 
La noche te trae sorpresas 
Amor de tele 
Te conozco 
Me están jodiendo la vida 
Señora de las cuatro décadas 
Ayúdame Freud 
Libre 
Chicos de plástico 
Te conozco 
México
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