viernes, 20 de diciembre de 1996

Manuel Mijares: Ese peculiar llanto musical-amoroso de los mexicanos…


10 años de carrera artística / 20 de diciembre 1996 / Función única / 
2:30 hrs. de duración / 7,413 asistentes 

Dentro de los géneros más predominantes del cuadrante de la radio –bolero, balada, ranchero, música tropical y grupera –existe un común denominador: un muy añejo espíritu romántico, cuasi obsesión cotidiana por las canciones que hablan de amor. La gente las escucha todo el día, en el pesero, en el taxi, en la regadera, mientras talla los trastes o se lava los dientes, en las salas de espera, mientras come, cocina, duerme (sola u acompañada), ¡mientras trabaja!... Otros pueblos que también gustan de ser llorones, se emparentan en ese aspecto con el nuestro: el ruso que, por cierto, gusta mucho del mariachi –aunque es víctima de mucho mayor nostalgia melancólica-, el rioplatense –si bien es más visceral y trágico-, el español –aunque está impregnado del rigor y el vigor del espíritu flamenco… Las comparaciones pueden ser engañosas pero, por alguna razón, nos ayudan a ver los rasgos que nos son propios. El llanto-musical-amoroso de los mexicanos tiene un peculiar equilibrio. Gusta del grito, la pasión, el despecho, el reproche, la súplica, el recuerdo, pero sin exageraciones. El grito es siempre un grito actuado elegantemente, un poco camuflado, hasta algo fingido, sólo evocador, nunca crudo o desgarrante (como sería el del flamenco o el del blues): ese rancherísimo y lánguido ¡Ay, ay, ay, ay, ay! (siempre se dice uno, o cinco seguidos). Como buenos románticos, somos maestros de las cejas caídas, los ademanes de brazos y la simultánea producción de lágrimas y risas (¿recuerdan el folletín que llevaba ese nombre?), del fervor a toda prueba, la pasión ardorosa pero contenida (nunca llega al arrebato del tango, por ejemplo): y nos fascinan los siempre y nunca, nunca más o para siempre, por siempre jamás y similares, tal vez porque también somos un pueblo sumamente espiritual, mágico y religioso. 
Perfectos ejemplos de nuestro espíritu amoroso que raya en lo religioso, son muchas de las canciones que interpreta uno de nuestros mejores baladistas románticos de hoy, Manuel Mijares: “Bella” es ciertamente una mujer, pero casi, casi es la Virgen de Guadalupe, o… ¿tal vez una sirena? 
Con ese estilo tan personal de pasearse por el escenario, de sonreír, mover la cadera y apretar los puños, Mijares provocó los habituales gritos femeninos y explosivos piropos (“papacito”, “muñecote”, etc) y logró una estupenda comunicación con su público. El cantante de fama internacional ofreció un show original, variado y, como siempre, de primera calidad. El excelente desempeño de sus acompañantes –nueve bailarines, orquesta y tres coros- ayudó a colmar el recinto de energía volcánica y de pasión. Una verdadera catarsis popular para el público de México –romántico sin remedio- que cantó y bailó para el sublime protagonista de la noche: el amor, bajo sus innumerables formas. Y Manuel, tras explicar lo difícil que fue la conquista de su Lucero, le devolvió a su amor-cómplice-y-todo el mismo romántico regalote que ella le había ofrecido en el mes de mayo en este mismo escenario: la invitó a cantar a dúo “Cuatro veces amor”, tema que los une y los identifica ante un ya muy numeroso público hispanoamericano. Con la proximidad de su boda, la emoción y la admiración se multiplicaron: dos-por-cuatro-por-casi-8-mil entusiastas, que parecían testigos de los novios. 
No faltaron las sorpresas por parte de un hombre que - como uno entre mil- siempre quiere ir más lejos. Por primera vez, Mijares se sentó frente a un piano para tocar y cantar, a dúo con su corista, la dulce melodía que grabó (al lado de Rocío Banquells) para la película de Walt Disney La Bella y la Bestia. También ofreció un par de clásicas mexicanas uniendo su voz a la de Pedro Infante, gracias a los prodigios de la ingeniería electrónica: el fantasma también apareció en las pantallas. 
¡Vaya manera de despedir el año y festejar sus primeros 10 de exitosa carrera! Estamos seguros de que vienen muchos más de ascenso a la cumbre, en los que seguramente seguirá desarrollando también su ya probado talento como compositor… 

Retrato parlante 
Nombre completo: José Manuel Mijares Morán 
Nacimiento: 7 de febrero 1958 en la Ciudad de México 
Brevísima biografía: A los ocho años formó su primer grupo llamado Los Gatos Negros. Como el mayor de cuatro hermanos y a la muerte de su padre, cuando apenas contaba con 12 años, aprendió a enfrentarse con las dificultades de la vida. De su madre, bailarina, heredó el amor por la música y de su padre, médico, el sentido de la responsabilidad y la lucha para alcanzar sus objetivos. Mijares se hizo cantante subiendo la cuesta desde abajo, con absoluta determinación: estudiaba la licenciatura en Administración de empresas por las mañanas, trabajaba en la tarde y cantaba de noche. Luego hizo estudios formales de canto y se fogueó, durante 14 años, como vocalista en los coros de artistas ya consagrados. Desde su lanzamiento en 1986 por la disquera que lo descubrió, se subió de golpe al tren del éxito y la buena fortuna. Hoy es uno de nuestros mejores baladistas románticos. 
Algunos premios importantes (sin contar los numerosos discos de Oro y Platino): Premio Revelación del Festival OTI (1986), Golden Award en el Festival Yamaha, Japón (1987), Antorcha de Plata del Festival de San Remo, Italia, Figura Masculina del Año otorgado por los Cronistas de Espectáculos de Nueva York, y Mejor Cantante del Año del Heraldo de México (1990), etcétera. 

Canciones interpretadas 
El rey de la noche 
Volverás 
Corazón salvaje 
Tan sólo 
Encadenados 
No quiero perderte 
Baño de mujeres 
Soñador 
Melodía de La Bella y la Bestia (film de Walt Disney) 
Uno entre mil 
No se murió el amor 
Bella 
Soldado del amor 
El breve espacio 
Amor (letra de Mijares) 
Cuatro veces amor (con Lucero) 
No hace falta 
Bonita 
La ventanita 
Palo bonito 
Morena 
El baile del perrito 
Para amarnos más 
A dúo con Pedro Infante 
Querido amigo 
Cien años
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