miércoles, 20 de noviembre de 1996

Primer festival del mariachi: Orgullosamente mexicano


Homenaje a Jesús Rodríguez de Híjar / 20 de noviembre, 1996 / 
Función única / 3:00 hrs. de duración / 2, 184 asistentes 

A México se le identifica en todo el mundo con el trinomio charro-mariachi-tequila. Y para cada nación o región existen equivalentes que hacen referencia a la comida o ala bebida, a los trajes típicos y a los instrumentos musicales: el de Japón sería algo como koto-kimono-sushi; el de la India, sitar-sari-curry; el de Argentina, gaucho-tango-bife; el de Escocia, gaita-hombres de falda a cuadros-whisky, y así por el estilo… Nada más obvio y estereotipado, es cierto, pero quién sabe por qué, ¡nada tan identificable! Y si elementos de esta índole resultan tan poderosos, la música vernácula lo es aún más, pues aparte de describir a fondo el alma de un lugar, traspasa fronteras de razas y costumbres profundamente disímbolas o distantes… 
El mariachi, tal como lo conocemos hoy en día, se ha convertido en imagen, emblema y sonido de nuestra canción en el extranjero. Sobra decir que, como todo emblema, resulta limitado ante la completa riqueza de culturas que conforman la República y que no es más que una expresión de la infinita variedad de estilos musicales (de las bio-regiones, razas y costumbres) con que cuenta nuestro país. De cualquier manera, para poder entender este fenómeno, convendría repasar un poco la historia de esta manifestación musical, historia mal conocida y demasiado discutida… 
Las reyertas entre quienes han tratado de dilucidar el origen del mariachi han sido múltiples y variadas. Hay quienes dicen que nació en Jalisco (en Cocula, en Tecalitlán…) otros, que en Nayarit, Colima, Sonora, Michoacán (también hay historias del mariachi Huichol)… alguien inventó que era el nombre de un árbol que no existe, otro, que el término viene del francés mariage (boda), y en los diccionarios etimológicos y de mexicanismos tiene muy diversas acepciones que van desde el conjunto musical, tipos de piezas musicales, clases de festejos (fandangos, mitotes…), hasta la tarima donde se toca y se zapatea…Seguramente, la palabra ha tenido diversos usos a través de los siglos. De todas las versiones sobre su origen, con pruebas históricas aparentemente serias es la que afirma que el mariachi es coculense (Jalisco), argumentando que allí se inventó el guitarrón (a partir de la guitarrilla española) y la vihuela de concha de armadillo, y que el término viene de antiguas alabanzas a la Virgen de la Pila que datan del siglo XVI llamadas Maria ce son (canción o son a María) y que en la boca de los indígenas fue transformándose en mariachi ce son… Ya sería hora de que historiadores objetivos (que no pertenezcan a ninguno de estos estados) se pongan a revisar estas fuentes de una vez por todas. Y finalmente, ¿qué más de que haya nacido en uno u otro estado?: cuando se originó el mariachi todavía no se dividía al país en arbitrarios segmentos, que además son colindantes y forman una misma región geográfica. 
De lo que sí podemos estar seguros es que se trata de un producto de mestizaje por excelencia y en ese sentido, una fiel representación de la mayoría del pueblo mexicano. El mariachi se gestó entre la música sacra de instrumentos españoles del Renacimiento y la música y rituales prehispánicos; en su primera conformación, además de los dos instrumentos ya citados, había violines, guitarra, trompetas y la llamada chirimía (flautín y caja o tambor), todos reproducciones locales de los instrumentos europeos. Después, se introdujo el arpa. A principios de siglo, la chirimía dejó de formar parte de este conjunto, para servir únicamente a las fiestas religioso-profanas de los pueblos. La trompeta se ausentó del mariachi por un tiempo y volvió en su versión moderna, junto a los violines, arpas y guitarras (incluyendo el bajo acústico). 
El mariachi moderno, como emblema del mexicano, se fue consolidando junto con la idea de nación: el dictador Porfirio Díaz fue el primer político en utilizar al mariachi como símbolo mexicanista en sus fiestas privadas, y fue quien impuso el traje negro de charro al conjunto, para él, más elegante que la anterior y más silvestre vestimenta blanca de algodón. Más tarde, el general Cárdenas haría lo mismo, en la época más fuerte de los nacionalismos (en todo el mundo). De esa época, precisamente, data la creación del mariachi más importante del país, el Vargas de Tecalitlán, cuyo ex director (por 20 años) y hoy director (desde hace 27 años) del también célebre Mariachi América, fue el gran homenajeado e este recinto: Jesús Rodríguez de Híjar. 
Es interesante observar cómo, a partir de los años 20, los mariachis empezaron a convertirse en músicos urbanos, de cantina (como los de la plaza de Garibaldi) y de las clásicas serenatas, tan celebradas por nuestro cine en los 50. Poco a poco han conquistado el terreno de los escenarios, consolidándose más allá de una música con funciones sociales específicas (bodas, santos, cumpleaños, borracheras…) y reivincándose como todo un estilo, una tradición y, por qué no, una visión del mundo. Con esta idea de reivindicación se creó el festival del Mariachi celebrado por primera ocasión en este recinto; y si por la novedad de la propuesta el público no fue tan numeroso, la energía y talento desplegados sí lo fueron, a lo largo de casi tres horas de concierto. ¡Salud y larga vida, Señores Mariachis! 

Grupo participantes y sus directores 
Mariachi Juvenil Oro y Plata: 
Demecio Ramos Hernández 

Mariachi Perla Jalisciense: 
Juan Pinzón Saldaña 

Mariachi Arriba Juárez: 
Osvaldo Vázquez 

Mariachi Juvenil Tecalitlán: 
Marco Antonio Santiago Casanova 

Mariachi de América: 
Jesús Rodríguez de Híjar 

Los conductores José Acosta y Olga González narraron la vida del homenajeado y fragmentos de la historia del Mariachi. 

Programa 
Desfilaron cada uno de los grupos con lo mejor de su repertorio (destacó una vez más el rotundo pegue de Juan Gabriel y un popurrí de los éxitos del enorme Pedro Infante). En su parte final, los 75 músicos juntos en escena, dirigidos por el homenajeado, tocaron diversos arreglos de su autoría de clásicos del repertorio de mariachi como: “Son de la negra” (que data de 1980), “Mi ciudad” de Guadalupe Trigo y Eduardo Salas, Huapango de José Pablo Moncayo…Las utilidades recaudadas se destinaron a la Casa de la Música Mexicana y al Museo de la Revolución.
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