jueves, 24 de octubre de 1996

Orquesta Filarmónica Nacional: Beethoven, poeta innovador

Foto: Colección Auditorio Nacional


Novena sinfonía de Ludwig van Beethoven / 24 de octubre, 1996 / 

Función única. 1:30 hrs. de duración / 4,320 asistentes 

Dicen que donde hay una enorme oscuridad, puede revelarse una gran luz. Nada más cierto para uno de los más geniales compositores que hayan existido: Ludwig van Beethoven. Un hombre que supo hacer del enorme sufrimiento de su vida, una de las obras más completas y originales de la historia de la música universal. Se ha dicho que es el Shakespeare de la música, por su capacidad para penetrar en lo más profundo y en lo más elevado del alma humana. Él mismo quería que lo llegaran a llamar el “Poeta del sonido”, con ese anhelo apasionado del último clásico y el primer romántico. Y en verdad es un gran poeta, porque logra plasmar su espíritu de forma vívida y directa como pocos, gracias a su absoluta maestría de la gramática musical, su sentido nato de la forma (que llegó a romper con todas las convenciones de su época) y su original tratamiento de los instrumentos –ese color tan único.
De entre sus obras más impactantes y revolucionarias están La Misa Solemnis y sus nueve sinfonías, sobre todo la Tercera (Heroica), la Quinta y la Novena, pero en realidad no hay género que Beethoven no haya dominado y no haya renovado con pasión y frescura, con ese don para abordar desde lo más simple (como una melodía folclórica) hasta la más exquisita complejidad: entre otras cosas, son notables su música de cámara y las 32 Sonatas para piano. 

La Novena Sinfonía es como la síntesis del lenguaje de Beethoven y también la cumbre del género. Podría comparársele a una gran montaña que crece y quiere alcanzar el cielo: su intensidad y elaboración melódica van aumentando paulatinamente (también el volumen). Esto es muy claro en su último movimiento, construido sobre variaciones de un mismo tema, presentado primero por dos instrumentos (violonchelos y bajos), hasta la inclusión de toda la orquesta y, como apoteósica coronación, la voz humana. Fue la primera vez en la historia que se utilizó la voz de esta manera, en una sinfonía (y fue una de las grandes inspiraciones de Wagner). La gran Oda a la alegría del poeta alemán Schiller es también como la síntesis del pensamiento, de la idiosincrasia del gran músico, a quien el sufrimiento reveló el lado luminoso de la humanidad y su única esperanza: la posibilidad de la hermandad y la alegría. ¡Nada más actual para nuestro tan bélico siglo XX! 
Quienes todavía viven en la idílica (o infernal, todo depende) ignorancia de a qué sabe en vivo la Novena de Beethoven, con el orquestón completo, el gran coro y cuatro solistas entonando el Himno a la alegría, se han perdido ciertamente mucho, pero también tienen la ventaja de la virginidad (de sus oídos) y de las máximas posbilidades de salir electrizados de emoción. Es una de las obras que se han tocado hasta el cansancio y que la vorágine comercial ha convertido en golosina, en cajitas de música, jingles y toda clase de espeluzanantes arreglos…(no hay escolar que no la desentone con su flauta dulce). Antes de que nos quedemos sin poder oírla del todo por empalagamiento, ¡devolvámosle su fuerza original!, escuchémosla de nuevo, desde adentro, desde donde Beethoven nos la regaló. 
Y precisamente, la intención del programa ofrecido en el Coloso de Reforma, fue llevar la gran música de Beethoven a la escucha masiva, a públicos que no asisten normalmente a los recintos de la música clásica, aquellos que todavía no han tenido la oportunidad de gozarla en vivo y con su plenitud original. Al frente de una orquesta formada para la ocasión, del Coro Pro Música, y de cuatro de nuestros más espléndidos cantantes solistas (Andrade, Ramírez, Becerra y Suaste), Luis Herrera de la Fuente, gran y legendario personaje de la vida musical de México ofreció, como siempre, calidad de primera. ¿Podría haber habido una mejor forma de festejar sus 50 años de manejar la batuta al frente de un centenar de orquestas mexicanas y extranjeras? 

Foto: Colección Auditorio Nacional


Retrato parlante 
Nombre: Ludwig van Beethoven 
Obra: 138 opus, más un centenar de otras no registradas. Destacan las 32 sonatas para piano, los 17 cuartetos para cuerdas, las nueve sinfonías, las oberturas, la Misa Solemnis, los conciertos: para piano (5), para violín y el triple concierto (piano, violín y cello); su única ópera, Fidelio, es hoy parte del repertorio de toda casa operística. 
Brevísima biografía (que contiene la habitual desgracia de los más grandes genios): nació en una familia pobre, pero musical. Su padre fue un buen músico de la corte en Bonn y su primer maestro. A los 13 años era organista y clavecinista en la orquesta de la corte. A los 17, lo enviaron a estudiar a Viena con Mozart, quien reconoció plenamente su talento. Tuvo que regresar a Alemania después de tres meses porque su madre estaba moribunda. A los 22 se asentó en Viena, de donde nunca volvió a salir (sólo hizo cinco viajes para tocar en Praga, Dresden, Berlín, Bratislava y [Buda] Pest): su vida se limitó a componer, cambiarse de domicilio en muy numerosas ocasiones, enfermarse continuamente, hacer y deshacer amistades y mal vivir de apoyos de mecenas y amigos aristócratas. 
Decepcionado en diversas ocasiones en el amor, nunca llegó a casarse (de entre sus hermosas y sublimes cartas de amor, destaca “A la amada inmortal”). A los 30, empieza a padecer los primeros indicios de la sordera, que fue progresiva hasta volverse total, proporcionándole un dolor profundo que acabó por alejarlo por completo del contacto con los demás (de allí el desgarrante y hoy tan célebre “Testimonio de Heiligenstadt”, pueblo en el que se refugió). Después de ese momento en que contempló la posibilidad de quitarse la vida, nacen sus grandes obras maestras. De las mejores experiencias de su vida fueron sin duda los encuentros con Haydn y el genio paralelo de las letras: Goethe (en 1812). Su producción jamás disminuyó, aun en los peores momentos de su dolor. 

Programa 
Ludwig Van Beethoven (1770-1827) 
Obertura Leonara No. 3 en do mayor, opus 7 2b 
Novena sinfonía en re menor, opus 125 (1822-1824) 
1. Allegro ma non troppo un poco maestoso 
2. Molto vivace: Presto 
3. Adagio con molto e cantábile-Andante moderato 
4. Finale: Presto 

Intérpretes 
Orquesta Filarmónica Nacional, reunida especialmente para este evento 
Director: Luis Herrera de la Fuente 
Soprano: Rosario Andrade 
Mezzosoprano: Estrella Ramírez 
Tenor: Flavio Becerra 
Barítono: Jesús Suaste 
Coro Pro Música 
Director Coro: Alfredo Domínguez 
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