viernes, 18 de octubre de 1996

Joaquín Sabina: Inigualables, las letras de Sabina

Foto: Colección Auditorio Nacional

Yo, mi, me, contigo / 18 y 19 de octubre, 1996 / Dos funciones /
 2:30 hrs. de duración / 19,633 asistentes 


Hay quien se empeña en decir que como forma parte de la vieja guardia del rock ya no tiene sentido, ya no está de moda. Lo cierto es que sigue teniendo un pegue sensacional en toda Hispanoamérica y su público le sigue siendo igual de fiel, porque sigue tan prolífico y genial como en sus comienzos y está tan al día como siempre. Es cierto que la estética de su música entre blusera y pop, entre acústica y eléctrica, ya nada tiene de vanguardista; sin embargo, Joaquín Sabina posee algo que ninguno de los roqueros hispánicos más jóvenes (de moda) ha podido igualar: sus excepcionales letras, que revelan un amplio conocimiento de la rima, el ritmo y la acentuación del verso en nuestra lengua. Y es que Sabina, además de ser un excelente músico, está más cerca del “contador de historias” y más aún, del poeta-trovador; está entre la música de un Bob Dylan (o un Miguel Ríos) y la forma de decir de un Joan Manuel Serrat (a quien llama “mi primo”). Es aquel que sabe cantarle al amor y a las verdades humanas tal como suceden, en canciones accesibles a todos, llenas de imaginación, personajes, sentimientos y franqueza. 

Su gran talento para desnudar corazones, revelar deseos ocultos y verdades no dichas, le ha valido el título de filósofo español; y como buen filósofo de la calle, escapa a toda clasificación. Se ha forjado una visión de la vida sin concesiones, es el eterno melancólico que pasea entre mujeres, hombres, cosas, bares, hechos y noticias, tratando de tumbar, con su ácido candor, los simulacros de un mundo que le parece tosco, duro, “bastante feo”. Tal vez la clave de su éxito radica en cualidades que los mexicanos apreciamos en grande: su implacable sentido del humor y su alegría musical, su muy peculiar ligereza. Dice verdades siempre con la sonrisa puesta, y sabe burlarse de sí mismo. A propósito de esto, nuestra parrandera y jugadora Chavela Vargas declara: “si dicen que yo soy una yegua sin potrero, Sabina es un caballo sin bozal… es el bohemio de Europa”. 
El rock en español se ha convertido en un artículo de primera necesidad emotiva en nuestro país: así lo demostró el público que abarrotó los dos conciertos que ofreció Sabina en 1996 en el Auditorio Nacional: no dejó de cantar, gritar, celebrar (aventaba rosas al escenario, como se hace con los poetas), en lo que fue un repaso biográfico-musical y el descubrimiento de las nuevas emociones que conforman Yo, mi, me, contigo, impregnadas de ritmos y estilos tan variados como el rock, la balada, el son cubano, la rumba, el rap y el corrido (“Viridiana”, en cuya grabación aparece en los coros Alejandra Guzmán, rindiéndole un homenaje a su madre: “¡Viva la Madre Patria y la madre que me parió!”. El Flaco de Jaén (cada día más flaco), acompañado de Los Rodríguez, retribuyó el éxtasis de sus fans con grandes sonrisas, un entusiasmo desbordado y juguetón (saltó por todo el escenario y se disfrazó de pirata) y lanzó comentarios que revelaron su admiración por nuestro país (“Gracias por dejarnos creer otra vez en los milagros”, “México lindo y querido”, “¡Viva Zapata!”), no sin antes recalcar que su música no es sólo suya, sino producto de la conjunción de grandes y talentoso músicos, tanto compositores y arreglistas, como intérpretes (con mucha razón se quejó: ¿Por qué no leen los créditos?”).


Foto: Colección Auditorio Nacional

Sus incondicionales mexicanos le seguiremos siendo leales, esperando siempre un nuevo álbum de su inagotable invención y coherencia ideológica, y la renovada oportunidad de verlo de cerca. 

Retrato parlante 
Nombre verdadero: Joaquín Ramón Martínez Sabina 
Nombre artístico: Joaquín Sabina 
Apodos y títulos: El Flaco de Jaén, Filósofo Español 
Breve y sorprente biografía: No dudamos que su infancia en un colegio de monjes Carmelitas haya sido la causa de su creatividad rebelde. De hecho, a los 14 años empieza a escribir versos y un poco después forma su primera banda, tocando covers de Elvis Presley, Chuck Berry y Little Richard. 
En 1968 se matricula en la Universidad de Granada e inicia sus estudios en Filología Románica. El empujón (más bien patada) que necesitaba para acabar de definir su vocación de rebelde “cuenta-historias” fue un hecho bastante espeluznante, que refleja la dureza de la época que le tocó vivir: durante el estado de excepción, su propio padre, comisario en Úbeda, recibe la orden de detenerlo. Se exilia en Londres tras colocar una bomba molotov en una sucursal del banco Bilbao de Granada en protesta por el proceso de Burgos, falsificando su pasaporte con el nombre de Mariano Zugasti, “exiliado político”. Vive siete años en Londres con diversos empleos, entre ellos el de maestro de español; conoce la pobreza. En 1975 escribe sus primeras canciones; en un bar toca ante George Harrison, quien celebraba allí su cumpleaños (recibe del ex Beatle una propina de cinco libras). Actúa de telonero de Paco Ibáñez, Lluis Llach, Pi de la Serra y Elisa Serna. A su regreso a España en 1977, arranca su carrera, poco a poco, entre grabaciones de sus álbumes, actuaciones en los bares madrileños (en el famoso café La Mandrágora) se encuentra con almas gemelas y colaboradoras como Javier Krahe y Alberto Pérez), presentaciones en TV, escribiendo música para otros (como Miguel Ríos y Ana Belén) y colaborando con muy diversos músicos. 
Luego la historia es conocida: mucho trabajo, muchas colaboraciones (Victor Manuel, Aute, Javier Gurruchaga, Pablo Milanés, Billy Joel, Lucio Dalla…), mucho compromiso social y político (apoya la Izquierda Unida en su país, se declara abierto admirador del movimiento zapatista en Chiapas y del Subcomandante marcos), pero sobre todo, mucha música y buena vida.
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