sábado, 8 de junio de 1996

Ramón Vargas: El prodigio de la voz humana

Foto: Colección Auditorio Nacional


La España de Agustín Lara / 8 de junio, 1996 / 

Función única / 1:30 hrs. de duración / 8,779 asistentes 

De todos los instrumentos musicales del mundo, el más entrañable, el más cargado de significados es sin duda el de la voz humana. Para Ramón Vargas se resume en sencillas palabras: “la voz es la expresión más espontánea del alma”. Contiene desde lo más primitivo del ser (la necesidad del grito como expresión vital) hasta lo más refinado de una cultura. Por alguna razón, el papel que juega la música cantada es esencial para todos los pueblos, es como la suma de su espíritu. No hay nada más identificable, por ejemplo, para la cultura india que una raga cantada; no hay nada que describa mejor el alma germana que un lied; de la misma manera, no hay nada que nos cale (y nos muestre) más hondo a los mexicanos que nuestra canción vernácula. Y cuando la poesía se une a la música con refinamiento, se expresan el oído, la manera de sentir y de pensar de todo un pueblo: como si en el oído se encontrara el pensamiento más profundo, o en el pensamiento (y en el lenguaje) reinara el oído y sus imágenes. 

De entre las canciones más hermosas, más imaginativas, poéticas y mejor compuestas de México destacan las de Agustín Lara (1897-1970). Y cuando a la versatilidad de un genio como éste se suma una voz gigante como la de Ramón Vargas, el resultado se vuelve mágico, sensible, poderoso. Con el poder suficiente para colmar de éxtasis a un recinto de la talla del Auditorio Nacional y como para volver a reavivar la flama de la antigua laramanía tras la edición de un álbum. Ramón Vargas, quien hizo su presentación en la ópera nacional hace tan sólo 13 años, hoy está considerado por la crítica europea como “uno de los cinco mejores jóvenes tenores del mundo en la actualidad”, un “digno sucesor de Pavarotti”, incluso “el nuevo di Stefano”. Y ahora, después de La España de Agustín Lara, se convierte también en difusor internacional de lo mejor de nuestra producción musical culto-popular-romántica (cuyo equivalente cubano sería Ernesto Lecuona, 1895-1963) llevándola al mismo nivel al que otras celebridades han encumbrado la canción napolitana o la zarzuela. En esta noble tarea participan músicos mexicanos de la primera calidad como la legendaria Orquesta de Cámara de Bellas Artes hoy renovada, precisa y afinadísima bajo la sabia conducción de Enrique Barrios, con los atinados y graciosos arreglos orquestales a cargo del famoso Chucho Ferrer, por muchos años cercano colaborador del mismísimo Flaco de Oro y su agrupación. 
Pero sin duda, lo más sobresaliente de este apoteósico concierto fue la magnífica interpretación por Ramón Vargas de esta serie de deliciosas canciones que forman parte de la llamada Suite Española. Según el propio cantante, las piezas fueron escritas para tenor operístico, aunque Lara no era especialista en la voz: su ejecución demanda una gran habilidad para manejar los frecuentes cambios de registro (agudos y bajos) y para sostener una docena de ellas de corrido. La voz del tenor lució como nunca, potente, apasionada y con ese sonido único, diáfano, redondo, aterciopelado, contenido y abierto al mismo tiempo, que ha sabido cultivar con gran amor, inteligencia (y sin excesos) en los últimos 10 años de su carrera en el extranjero. Y el público supo valorarlo y darle de nuevo la bienvenida: levantándose a cada rato de sus asientos con las manos enrojecidas de aplaudir, lágrimas de nostalgia (por Agustín) y de reconocimiento (por Ramón) con la garganta “sequita, muy sequita… de tanto gritar”, incesantes “olés”, “bravos”, “¡Dios te bendiga!”. Aquello parecía la fiesta brava, más aún cuando el tenor pidió un aplauso para el mítico torero Silverio Pérez, el Príncipe Milagro, quien se hallaba entre los presentes y a quien Lara dedicara tan célebre canción. 
¡Tenemos un tenor de primera, un nuevo ídolo. Es mexicano, se llama Ramón, se apellida Vargas!
Foto: Colección Auditorio Nacional


Retrato parlante Agustín Lara 
Nombre completo: Agustín Lara Aguirre del Pino 
Él afirmaba que nació: un 14 de octubre de 1900, en Tlacotalpan, Veracruz. Pero parece que en realidad fue un 30 de octubre de 1897 y en la Ciudad de México, aunque su primera infancia transcurrió en el hermoso pueblo de Tlacotalpan 
Murió: el 6 de noviembre de 1970, yace en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Dolores 
Apodos: el Músico-poeta, el Flaco de Oro 
Obra: Además de piezas instrumentales varias, tiene alrededor de 750 canciones que son el meollo de su genio 
La Suite Española: (el término fue tomado de la serie homónima del español Isaac Albéniz) está conformada por unas 40 canciones escritas a lo largo de 50 años, inspiradas por la cultura española 
Vida sentimental: algunos dicen que se casó nueve veces; la primera fue con Carmen Zozaya, otras con: María Félix (para quien escribió “María bonita”), Clarita Martínez, Yolanda Gazca, Vianey Lárraga, Rocío Durán 
Hijos: no tuvo; adoptó el de Vianey Lárraga, bautizándolo como Agustín Lara Lárraga 
Músicos favoritos: Edith Piaf, Fréderic Chopin (si vemos bien, su música se halla entre ambos…) 

Retrato parlante Ramón Vargas 
Nacimiento: en la Ciudad de México, en 1960 
Apodo: Tenor de la Melancolía 
A vuelo de pájaro, su formación: su padre le hacía cantar canciones de… ¡Agustín Lara! y era niño cantor en el Coro de la Basílica de Guadalupe. A pesar de que en su casa no escuchaban música clásica, a los 18 decide dedicarse al canto; estudia con Antonio López. En 1982 ya es finalista del Concurso Nacional de Canto Carlo Morelli. En 1993 debuta en la Ópera de Bellas Artes; en 1986, se gasta el dinero de su luna de miel para presentarse en el concurso Enrico Caruso (Milán, Italia): ¡lo gana! Y recibe el aliento de dos grandes: Giuseppe Di Stefano y Alfredo Kraus. Breve estancia en Viena donde perfecciona su técnica vocal y actoral en el Opern Studio. Al año siguiente, le dan su primer contrato con una compañía europea en Lucerna (Suiza) durante tres temporadas. De allí arranca una brillante carrera en los mejores escenarios del mundo, obteniendo varios de los premios más importantes en el ámbito del bel canto. Su gran triunfo en Bologna lo convierte en discípulo del gran maestro Rodolfo Celletti (a quien sigue recurriendo). 

Programa 
Agustín Lara 
Rapsodia en oro, para orquesta 
Españolerías 
Murcia 
Clavel sevillano 
Peteneras, para piano y orquesta 
Cuerdas de mi guitarra 
Toledo 

Intermedio 

Manuel Penella / Miguel Roa 
Paso doble El gato montés 

Agustín Lara 
Novillero 
Silverio 
Sevilla 

Agustín Lara / Ferrer 

Danzones, para orquesta 

Agustín Lara 
Granada 
Madrid 

Y cinco encores
La Carmen de Chamberí 
Sultana 
Valencia 
Toledo 
Silverio
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