jueves, 23 de mayo de 1996

Juan Gabriel: El indescifrable Juan Gabriel

Foto: Colección Auditorio Nacional

25 años de carrera artística / 23 al 26 y 31 de mayo, 1 y 2 de junio, 1996 / 
Siete funciones / 3:00 hrs. de duración / 68,687 asistentes 


¿Por qué hay en México tantas mujeres –y luego por qué tantos hombres- de todas edades y clases sociales que idolatran a Juan Gabriel? Ya Carlos Monsiváis ha intentado descifrar el fenómeno: con atrevimiento y cautela, con seriedad y humor, con una ambivalencia que ciertamente hace eco y metáfora a la ambigüedad del cantante. Sin duda, su punto de vista es muy interesante; sin embargo, como con todos los fenómenos artísticos que funcionan para un público tan amplio, hay una parte que permanece y permanecerá insondable y tal vez sea una de las razones por las cuales esa idolatría sigue ejerciendo su magia. 

Así que más allá de los análisis de tinte psicológico o sociológico, el hecho es en realidad muy simple: Juan Gabriel gusta, y gusta mucho. A hombres y a mujeres. A jóvenes y nada jóvenes. Gusta su música, su voz y sobre todo, su personalidad: la gente realmente lo quiere. Tiene excelentes canciones, otras no lo son tanto. Y él no es nada galán, digamos la verdad, pero posee gran encanto y simpatía. ¿No será entonces que tiene una enorme capacidad de reflejar los deseos de muchos, de llegar a muchos corazones, de despabilar otros tantos de las sombras? Tal vez lo que más nos seduce de él es que se atreve a ser quien es, hasta el fondo y para todos. Hay algo innegable: nos guste o no (porque también hay a quienes no gusta) Juan Gabriel es siempre Juan Gabriel: es auténtico. Y al público le gusta lo auténtico. Por otra parte, sabe entregarse por completo, actúa sin protecciones, sabe desnudarse; tiene el don de hablar de cerca, como al oído, de contonearse sensualmente y dejarse cachondear por su público, como un familiar o un viejo amigo, aún más, como un doble, un espejo. Y eso la gente lo agradece, porque se siente identificada de inmediato, se llena de confianza, lo adopta para siempre: amor eterno (que es el mismo que él ofrece). Es un verdadero catalizador del alma nacional y haga lo que haga, su público lo va a adorar. Además, la gente distingue perfectamente entre un hombre y artista cabal que se ha forjado con la vida, el dolor y la felicidad (“golpe a golpe y verso a verso”, como bien dice Serrat) y aquellos que son productos (o espejismos) del mercado y la TV. 
Para festejar su carrera de plata, el cuarto de siglo de trovar, eligió el escenario del Auditorio Nacional que viene pisando año tras año desde 1992 y del cual es gran consentido habiendo batido récord de asistencias y número de funciones en diversas ocasiones. El único que le hace competencia e incluso lo ha superado, es Luis Miguel; pero en lo que no lo supera es en la duración de sus conciertos: entre 30 y 40 canciones por show. En su fiesta estuvo feliz, como niño y como líder emocional que es, a lo largo de siete noches inolvidables de llenos totales en los que el público no dejó de gritar, echar piropos y mostrar un cariño –y suspiros- como pocos. Y Juanga, intenso de principio a fin, sin soltar un momento la fuerza de comunicación directa, complaciendo con toda su historia musical (de compositor e intérprete) en compañía de 40 músicos en escena (entre su orquesta y el Mariachi Arriba Juárez), dos coristas que entonaron espléndidamente varios versos al estilo godspell y con la proyección de imágenes de su vida en las pantallas gigantes. No dejó soltar su humor y picardía alburera en diversas canciones: “tú me la tocas aquí…la canción…” (al director de orquesta). Tampoco dejó Juan Gabriel de reconocer a otros: ofreció un homenaje, con lágrimas en los ojos, a la grandísima y recién fallecida Lola Beltrán, con varias de las canciones que la hicieron tan famosa mundialmente como “Cucurrucucú paloma” o “Silencio”. En la segunda parte cantó algunos temas acompañado de la guanajuatense Aurelia Zermeño, mostrando que también sabe darle oportunidad a otros con talento. 
Al final recibió de la BMG Ariola (representantes mexicanos, chilenos y norteamericanos) varios discos de platino por sus álbumes Gracias por esperar y El México que se nos fue y una pieza de oro y bronce, símbolo de reconocimiento por sus 25 años de labor musical, que suman más de 25 producciones y más de 50 millones de copias vendidas en México, América Latina, EE.UU. y Europa. 

Foto: Colección Auditorio Nacional

Retraro hablado 
Nombre verdadero: Alberto Aguilera Valadez 
Nacimiento: 7 de enero de 1950 en Parácuaro, Michoacán, aunque pasó la mayor parte de su infancia en Ciudad Juárez 
Nombres artísticos: Adán Luna, en sus inicios, luego Juan Gabriel, Juan (en honor de su protector y maestro de música en el internado de Ciudad Juárez) y Gabriel (su padre) 
Apodos: Juanga, El Divo de Juárez 
Padres: Victoria Valadez y Gabriel Aguilera 
Esposa: Laura Salas 
Hijos: cuatro varones todos homónimos: Iván Gabriel, Joan Gabriel, Hans Gabriel y Jean Gabriel 
Sobre el amor: “respeto mutuo, saber aceptar los espacios, derechos e ideas de la otra persona”. 
Sobre los hijos: “Lo único que necesitan es amor, no necesitan dinero”. 
Sobre la muerte: “Está conmigo, yo creo que cuando yo me duerma, despertará ella, es una cosa tan natural”. 
Sobre su carrera: “El secreto de mantener una carrera durante 25 años es la sencillez y estar dispuesto a cantar en bautizos, en su matrimonio, en un gran salón o en un poblado… Hay que ser servicial con todo el mundo”. 

Algunas de las canciones interpretadas en esta serie de conciertos 
No tengo dinero 
No vale la pena 
No me vuelvo a enamorar 
Pero qué necesidad 
La diferencia 
Juan y María 
Canción 187 
El palo 
Querida 
El Noa Noa 
Ciudad Juárez 
Será mañana 
A mi guitarra 
Ya para qué 
¿Dónde estás, vida mía? 
Luna tras luna 
Háblame de ti 
Déjame vivir 
Quiero saber por qué 
De mí enamórate 
Siempre en mi mente 
Dí, ámame más 
Frente a frente 
Te busco, extraño 
Cuando estoy en el campo 
El hijo de mi compadre 
Muerto en vida 
Ya lo que sé que tu te vas 
Mi bendita tierra 
El México que se nos fue 
Se me olvidó otra vez 
Costumbres 
Volverás a ver la luz 
Hasta que te conocí 
Debo hacerlo 
Amor eterno 
En homenaje a Lola Beltrán: 
Cucurrucucú paloma 
Paloma negra 
Querida Lola 
Silencio, ¿por qué silencio?
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