viernes, 10 de noviembre de 1995

Yanni: En vivo desde la Acrópolis

Foto: Colección Auditorio Nacional

10 al 13 de noviembre, 1995 / Cinco funciones / 3 hrs. de duración / Asistentes: 39,230 


Al público mexicano se le alaba en todas partes del mundo por su especial receptividad, por su espontaneidad y simpatía, porque se deja conmover de corazón; y con gran frecuencia, México acaba siendo un lugar al que los artistas y grupos de otras partes del mundo quieren regresar una y otra vez. 

Yanni calificó sus conciertos de 1994 en el Auditorio Nacional como “las dos noches más cálidas y emotivas de mi vida”, por la comunicación que logró con el público. 
Después de aquel gran éxito y de recibir este año un Disco de Oro por haber rebasado en nuestro país las 150 mil copias vendidas de su álbum En vivo desde El Acrópolis, se convierte en el primer músico extranjero que agota las localidades en cuatro conciertos consecutivos. Y esta segunda vez, el público lo recibió a brito abierto como a un ídolo ya veterano. 
Tratemos de desentrañar un poco el misterio del fenómeno Yanni, primero con sus propias palabras: “…Casi toda la música actual expresa rabia, y hasta cierto punto esto es necesario. Pero yo escojo no hacer eso. En cambio, trato de inspirar a la gente, de llevarla a estados de ánimo en donde puedan apreciar e incluso disfrutar el mundo donde viven…con todo y sus problemas…”. De niño era fan de Mozart, Bach, Beethoven y Chopin: “…Esta gente tenía la habilidad de comunicar sin una palabra. Eso tuvo una resonancia en mí…”. El músico griego trata de recrear el mismo efecto que aquella música le provocó e intenta “llegar al corazón de la gente”, sin embargo, como diríamos en México, se trata de un “lírico”. Nunca aprendió las reglas de composición y afirma nunca querer hacerlo. 
Posee lo que se llama “oído perfecto” y el don de imaginar todos los sonidos en su mente y luego reproducirlos en los teclados (a veces con la ayuda de una notación que él mismo inventó de niño con números y letras del alfabeto griego). El mérito de su música está más en su función que en sí misma. Se le podría definir como un terapeuta musical a gran escala (de hecho estudió la licenciatura en psicología) que, sin más pretensión, crea sonidos con el deseo de hacer el bien, de proporcionar momentos de armonía benéfica, “en un mundo demasiado agitado”, con una forma de vida que no nos permite “escuchar nuestro verdadero ser”. De hecho, la música de Yanni no exige nada más que sentarse, relajarse, respirar y suspirar cuando toca alguna fibra emotiva, o bailar, como lo hace su público y… ¡su orquesta!: sí, el frac no les impide dejar salir sus impulsos románticos, moverse nada ortodoxamente (para músico de orquesta) o de plano pararse a bailar en parejas… 
Si algo logra Yanni es sentirse bien (su sonrisa lo confirma) y hacer sentir bien a su audiencia. Y los millones de dólares que recauda en todo el planeta, los sabe compartir: este año donó las entradas de sus presentaciones en México a los damnificados del huracán Roxana (en Quintana Roo) y a dos organizaciones de asistencia social, una para madres solteras y otra para personas con problemas de alcoholismo y drogadicción.

Foto: Colección Auditorio Nacional

Declaró a la prensa que como México se hallaba en una fuerte recesión económica, no le parecía justo llevarse las ganancias de sus conciertos. 

Sobre el concierto 
Inició el concierto echándole porras a los mexicanos: “La magia inicia cuando el hombre comienza a crearla… Sabemos que México tiene problemas; estoy aquí para darles mi voto de confianza; crean en ustedes y en México, porque tienen un gran país”. 
Tocó con su grupo (cinco músicos), dos sopranos y su orquesta sinfónica (más de 50 músicos en escena) entre los cuales destacaron: Karen Briggs (violín), Charly Adams (quien ofreció un solo de batería de 10 minutos y sacó una pancarta que hizo reir a todos, que decía “Estoy cansado”), Daniel Reyes (percusiones), Ric Fierabracci (bajo), Pedro González (flauta). 
En la octava fila estuvieron apoyándolo su esposa, Linda Evans (protagonista del show televisivo “Dinastía”), su mamá, su hermana y su cuñado. 
Los encores duraron alrededor de 40 minutos y los aplausos lo obligaron a Yanni a regresar al escenario unas cinco veces.


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