miércoles, 6 de septiembre de 1995

Juan Gabriel: El México que se nos fue

Foto: Colección Auditorio Nacional

43 Aniversario del Auditorio y 4° Aniversario de su remodelación 

6 de septiembre, 1995 / Función única / 3:20 hrs. de duración / Asistentes: 9, 854 


La biografía de un gran personaje es siempre integrante y sorpresiva, a veces fascinante. Es como descubrir la trama de una película de misterio, en la que cada suceso y cada detalle se van sumando hasta provocar un gran desenlace. Significa poder desentrañar los hilos que la vida va tejiendo secretamente para convertir a una persona en un ser extraordinario. Y al mismo tiempo, lo extraordinario –que tanto nos intriga- se vuelve humano y así podemos comprenderlo y hacerlo nuestro, de algún modo. 

La publicación de Alberto querido de Eduardo Magallanes (con prólogo de Carlos Monsiváis), Ed. Aguilar, 1995) vino a revelar todos los pormenores de la vida del gran Juan Gabriel (Alberto fue su nombre de nacimiento), al tiempo que puso fin a los mitos y chismes que la prensa amarillista se había dedicado a difundir durante años. Y nos revela una historia fuera de serie y muy conmovedora. Las duras pruebas que la vida impuso a Juanga desde bebé –su padre enloqueció a raíz de un accidente cuando él tenía tres meses de nacido, y a los cinco años de edad prácticamente abandonado, empezó a trabajar en las calles para sobrevivir y luego estuvo en un internado­-, en vez de convertirlo en un ser miserable, lo llevaron a ser una de las mayores glorias de la canción mexicana de nuestros tiempos. Habría que preguntarse, incluso, si el famoso episodio de Lecumberri –¡lo encerraron, por equivocación, durante un año y tres meses!- habrá sido lo que acabó de fortalecerlo, de centrarlo en el propósito más profundo de sus existencia: la creación de sus hermosas canciones. No se agradece a la vida (o a Dios, si se quiere) porque alguien sufra, sino porque, en medio de la peor miseria, posea esa milagrosa fuerza de voluntad y la fe para llegar tan lejos. Y por allí dicen que nada es gratis… Para convertirse en uno de los más consentidos cantautores del público mexicano y uno de los favoritos de lengua hispánica, tuvo que pasar toda clase de empleos y de experiencias. Una de las más conmovedoras fue la de su decisión, a los 15 años, de entrar a trabajar a un templo metodista haciendo la limpieza, para poder formar parte del coro, al tiempo que descubría la Biblia y la religión. 
Gracias a eso, lo invitaron a pasar seis meses en Elsenor, California, donde descubre la música negra… Sus comienzos como cantante en los bares de Ciudad Juárez, en especial el Noa Noa (título de una de sus más famosas canciones) o sus primeros viajes a la Ciudad de México, resultan igualmente conmovedores. Y su gran estrella siempre le proporcionó alguien que lo ayudara (aunque nadie ayuda a quien no tiene empeño): por ejemplo, de niño, don Juan Contreras, su protector, amigo y quien le enseñó a trabajar; o Queta Jiménez, la llamada “Prieta Linda”, quien cantaba a los reos en Lecumberri y quien se movilizó para sacarlo de allí y luego se encargó de ponerlo con lo que sería su primera disquera , la RCA (la segunda es Ariola). Toda su historia está poblada de encuentros mágicos y colaboraciones: Estela Núñez, Roberto Jordán, Angélica María, Lucha Villa, Lola Beltrán, Enrique Guzmán, del francés Paul Mauriat, Gualberto Castro, Rocío Dúrcal, José Alfredo Jiménez, por mencionar sólo a algunso importantes para el impulso de su carrera… El resto es la historia ya conocida de su ascenso a la gloria… 
El concierto que nos ofreció en la conmemoración del 4° aniversario de la remodelación del Auditorio Nacional (y el 43 de su historia) fue una renovada muestra de su gigantesco talento como intérprete-compositor, de su apasionado y enorme corazón, de la amplitud de su arte y, también, de su sentido del humor. Estuvo acompañado de la Orquesta del Amor (unos 30 músicos), el Mariachi Arriba Juárez y un coro de 14 cantantes-bailarines (siete mujeres y siete hombres), integrantes del espectáculo “Querido Alberto”, jóvenes valores mexicanos. Entre las personalidades de la política y la cultura del país que asistieron, se encontraba la gran Lola Beltrán, a quien llamó a cantar con él: ella sólo se acercó al pie del escenario y cantó una estrofa de “Ya es muy tarde”…

Foto: Colección Auditorio Nacional
Es un verdadero héroe popular, que maneja con gran carisma a su público, quien le lanza continuamente toda clase de gritos: desde los cachondos piropos como “papacito”, “te apachurro”, “quiero”, hasta declaraciones de amor, como “te adoro”, “eres lo máximo”… Uno memorable, por ser como los que se oyen en la plaza de todos: “mi esposa y yo te queremos mucho, Juanga”… O bien: “…mi mamá te manda a saludar”… Pero lo mejor es la ternura y gracia de sus respuestas. “gracias, dale un beso de mi parte”, o “para todos tengo”, o “gracias, pero nunca me van a querer tanto como yo a ustedes”. Y para demostrarlo, esta noche, después del concierto, me voy a quedar a firmar libros y el nuevo disco…, para que se vayan contentos… “ Y así fue: ¡firmó el último autógrafo en camerinos, a las 2:45 de la mañana, el número 450, más o menos! ¡Una vez más, gracias, Juan Gabriel! 

CANCIONES INTERPRETADAS 
El Noa Noa 
Ciudad Juárez 
No tengo dinero 
Será mañana 
Mi guitarra 
Ya es muy tarde 
Podría volver 
Dónde estás mi amor 
Luna 
Pero qué necesidad 
Háblame de ti 
Déjame vivir 
Quiero saber (la cantó a capela) 
Querida 
Amor eterno (definitivo éxito de la noche) 
De mí enamórate 
Siempre en mi mente 
Dímelo 
Tu amor no me interesa 
Frente a frente 
Te extraño 
La diferencia 
Cuando estoy en el campo 
El hijo de mi compadre 
Muerto en vida 
No discutamos 
Ya lo sé que tu te vas 
Mi bendita tierra 
El palo 
El México que se nos fue 
Se me olvidó otra vez 
Costumbres 
Tú a mí ya no me interesas 
Volverás a ver la luz 
Hasta que te conocí 
Debo hacerlo


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