jueves, 7 de septiembre de 1995

Carmina Burana (1937) : Cien años del natalicio de Carl Orff (1895-1982)

7 de septiembre, 1995 / Función única / 1:30 hrs. de duración / Asistentes: 9,835 

Carmina Burana es uno de esos sorprendentes “hits” de la música de concierto, que, como la 5ª. Sinfonía de Beethoven, rebasa las fronteras del público asiduo a este género y pasa a formar parte de la fonoteca del pueblo… 
En nuestro país, quien dio a conocer por primera vez es cantata fue Luis Herrera de la Fuente, en 1955, al abrir su primera temporada como titular de la Orquesta Sinfónica Nacional. El impacto en el público fue enorme (al igual que en otros países) y desde entonces “ha tenido en México un destino brillantísimo”, nos dice Herrera de la Fuente. 
“Si uno se pregunta por qué, veremos que se trata de una obra del siglo XX, apartada de la música experimental o de vanguardia…” Y sabemos lo difícil que resulta para el gran público escuchar la música de vanguardia, porque propone lenguajes nuevos y a veces únicos para cada obra –e incluso herméticos- que requieren de mucha erudición para entenderlos y mucha más, para disfrutarlos. 
Impactante es la palabra que más describe a Carmina Burana: provoca en el espectador una energía misteriosa, inquietante, una emoción casi primaria. Eso explica que muchas compañías de danza la tengan integrada a su repertorio, al igual que La Consagración de la Primavera de Stravinsky y El Bolero de Ravel, también poseedoras de una gran fuerza vital. Y a pesar de que no es una obra innovadora (como la de Stravinsky), tiene un encanto único que traspasa barreras del tiempo y fronteras, o como dice Herrera de la Fuente, es una pieza “sin fecha…con calidad, energía y sustancia”. La gran orquesta acompañada de dos pianos y el original tratamiento de las voces, así como el carácter de las melodías y de los textos medievales –entre sacros y muy profanos- logran algo que ya se podría calificar de “sonido Carmina Burana”, porque es único. Son de esas obras, como la ya mencionada de Beethoven, que nos sacan un “¡ah!”, porque la memoria las identifica como algo ya muy familiar… 
Aprovechando el éxito incondicional de esta pieza y la oportunidad de hacerle homenaje al compositor Carl Off en el centenario de su nacimiento, es concierto fue organizado por la Dirección General de Servicios de Salud del DDF, para reunir fondos en beneficio de la red hospitalaria que depende de dicha institución. Con gran profesionalismo se desempeñaron los más de 200 músicos en escena, el coro monumental y el conmovedor y disciplinado coro de niños que con tanta pasión dirige Alfredo Mendoza, todos bajo la dirección de un gran veterano… Un aplauso especial a los solistas, sobre todo a Héctor Sosa por enfrentar con soltura la parte de tenor que exige virtuosismo en el registro agudo y a la todavía y muy prometedora Gabriela Herrera por su bella calidad vocal y su capacidad de matizar; por ese “Dulcissime, totam tibi subdo me” (¡Dulcísimo, me entrego por completo a ti! Tan logrado. 

TRIVIA 
¿Sabías que el legendario Luis Herrera de la Fuente es, hasta ahora, el director de orquesta más galardonado de México? 
Gabriela Herrera ganó el concurso Carlo Morelli en 1987, cuando tenía 17 años y debutó inmediatamente en Romeo y Julieta en Gounod en Bellas Artes. Luego participó en varias producciones de la Ópera de ese mismo teatro. En 1988 obtuvo una beca para estudiar en la Julliard School de Nueva York. Desde 1989 empezó una carrera internacional, al ser invitada a representar a México en el concurso Cardiff de la BBC de Gales. Ha dado recitales y cantado con orquestas en diferentes partes de la República, en E.U (en Dallas, con Eduardo Mata), en Puerto Rico, Bélgica, Francia y Alemania, donde reside actualmente: canta en la ópera de Stuttgart. Vino especialmente para interpretar Carmina Burana…
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